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La ruta de senderismo más mágica está en Cuenca: atraviesa bosques de antiguos tejos, paisajes moldeados por corrientes subterráneas y una ciudad de piedra esculpida por el agua

Más allá de la Ciudad Encantada, la serranía esconde rutas tranquilas, hoces profundas y bosques poco habituales en el centro peninsular.

Ciudad Encantada, Cuenca

Ciudad Encantada, Cuenca / Istock / Roberto Nencini

Si te gusta el senderismo, seguramente hayas pateado casi toda España en busca de las rutas más conocidas de nuestro país y es posible que conozcas esta zona de nuestra geografía muy bien.

Cerca de la localidad de Valdecabras, la Ciudad Encantada es un enclave natural conocido mundialmente

Cerca de la localidad de Valdecabras, la Ciudad Encantada es un enclave natural conocido mundialmente / Istock / Jose Miguel Sanchez

La Serranía de Cuenca forma parte de uno de los sistemas kársticos más conocidos de España y gran parte de su relieve se ha ido formando lentamente por la acción del agua sobre la roca caliza, un proceso que continúa transformando el entorno incluso a día de hoy. Gracias a esto, se pueden encontrar hoces profundas, cuevas y bloques de piedra con formas poco habituales que han logrado hacer de este rincón de Cuenca un espectáculo visual con un toque místico.

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Redacción Viajar

La Ciudad Encantada y sus enormes y reconocibes formaciones de piedra

La Ciudad Encantada es el enclave más famoso de toda la serranía y uno de los espacios naturales más visitados de la provincia, siendo declarado Sitio de Interés Nacional hace casi un siglo.

Solo es necesario haber ido una vez para reconocer fácilmente estas formaciones rocosas que se han ido moldeando durante miles de años (su origen se remonta al periodo Cretácico, hace aproximadamente 90 millones de años) por erosión, lluvia, viento y cambios bruscos de temperatura.

El resultado es un conjunto de bloques calizos que, por la peculiaridad de sus formas, han terminado recibiendo nombres populares de animales, objetos o figuras humanas, como 'La Foca, 'El Tobogán', o 'El Convento', aunque el más famoso es es 'El tormo alto' (símbolo de la Ciudad Encantada), que se encuentra justo a la entrada del lugar. 

Hay un recorrido señalizado de unos 3 kilómetros apto para todos los niveles que se realiza en aproximadamente una hora y media y permite ver todas estas formaciones.

Ciudad Encantada, Cuenca

Ciudad Encantada, Cuenca / Istock / TONO BALAGUER

Y aunque estas rocas sean la joya de la corona del enclave, el entorno que rodea la Ciudad Encantada es mucho más amplio y muy cerca aparecen barrancos, pinares y caminos forestales donde la erosión kárstica sigue siendo visible constantemente y también merecen la pena recorrerlos.

Más allá de este paraje concreto, toda la Serranía de Cuenca tiene muchos más puntos que te resultarán interesantes si lo que más te gusta hacer en tu tiempo libre es caminar recorriendo la naturaleza alejado de las aglomeraciones de turistas (que a veces son inevitables en temporada alta). Muy cerca encontrarás las hoces del río Júcar y del río Huécar, con miradores naturales y pequeñas rutas forestales.

También hay zonas donde el agua desaparece parcialmente bajo tierra debido al sistema kárstico, algo que explica muchas de las formas geológicas que verás a tu paso y la presencia de cuevas y cavidades naturales.

Excursión perfecta en primavera

Aunque siempre merece la pena la visita, no nos equivocamos al afirmar que la primavera es el momento ideal para recorrer esta parte de la serranía.

Como el paisaje gana humedad, aparecen más contrastes de color y la vegetación se vuelve más densa. Prueba a ir cuando hay algo de niebla, como en las primeras horas de la mañana. ¡Ahí sí que parece una verdadera ciudad encantada!

Aunque predominan los pinares, en algunas zonas húmedas y protegidas sobreviven tejos muy antiguos asociados a pequeños microclimas que han permitido conservar especies poco habituales en otras áreas de Castilla-La Mancha.

Si eliges primavera, ten en cuenta que, aunque buena parte de los recorridos son accesibles, el estado del terreno cambia bastante según la lluvia y en esta época del año es habitual encontrar zonas húmedas, con barro o piedra resbaladiza en algunos senderos. Hay que ir con algo de cuidado.