La ruta de senderismo definitiva recorre las tres jorobas de Guipúzcoa a través de enclaves históricos

Irumugarrieta, Txurrumurru y Erroilbide nos esperan.

Tres jorobas que aguardan una infinita belleza.
Tres jorobas que aguardan una infinita belleza. / Istock / Unaihuiziphotography

La provincia más pequeña de España, Guipúzcoa, se abraza a Navarra a través de un macizo montañoso imponente cuya silueta ha dado lugar a uno de los perfiles más característicos del País Vasco, el de las Peñas de Aya. Las tres cumbres que lo forman marcan el hito de un parque natural imprescindible para el senderismo y de uno de los enclaves mineros históricos más importantes de la península ibérica.

En lo alto de una montaña de Guipuzcoa.

En lo alto de una montaña de Guipuzcoa.

/ Istock / Mimadeo

Granito a granito

Las Peñas de Aya es un enclave geológico del territorio vasco situado en el extremo oriental de Guipúzcoa que se funde con las merindades navarras. A un paso de Francia, este conjunto rocoso cuya génesis se produjo hace 300 millones de años es hoy en día el único macizo granítico de Euskadi. 

Con tan solo cuatro kilómetros de longitud y algo menos de 7000 hectáreas de superficie es, sin embargo, toda una referencia paisajística del interior de Guipúzcoa. Un telón de fondo insuperable del también inconfundible y emblemático, aunque costero, monte Jaizkibel.

Del perfil montañoso de las Peñas de Aya despuntan tres características prominencias, Irumugarrieta (806 m), Txurrumurru (821 m) y Erroilbide (843 m), apodadas popularmente “las tres jorobas”. Forman parte, junto con otros picos, del imprescindible Aiako Harria, el parque natural por excelencia al que acuden los habitantes de la ciudad de San Sebastián debido a su cercanía.

En lo alto de la montaña de Irumugarrieta.

En lo alto de la montaña de Irumugarrieta.

/ Mauri | Wikicommons

La Vía Verde creada aprovechando la antigua línea férrea de uso minero que unía la costa con el interior es en la actualidad un sendero recurrente que ofrece a los amantes de la naturaleza una opción ideal para caminar o andar en bicicleta.

La gran cantidad de rutas que ofrece el parque permiten también recorrer la parte alta del macizo, pasando de cresta en cresta y coronando todas ellas para obtener unas vistas formidables. Otras veces nos toparemos con vestigios prehistóricos de gran importancia como el crómlech de Oianleku; y otras llegaremos a lugares excepcionales que forman parte indisoluble del acervo cultural de Guipúzcoa, como las minas de Arditurri.

Viejo túnel en la provincia de Guizpuzcoa, ahora convertido en sendero.

Viejo túnel en la provincia de Guizpuzcoa, ahora convertido en sendero.

/ Istock / photooiasson

Un tesoro subterráneo

A los pies de las Peñas de Aya, en tierras de Oiartzun, se localizan las minas más antiguas del País Vasco, una de las explotaciones de este tipo que más tiempo funcionaron, ininterrumpidamente, de toda la península ibérica, las minas de Arditurri.

Su valor es incalculable y representan mucho más que un simple vestigio de la actividad económica de Guipúzcoa. Se trata de un lugar histórico que remonta su existencia como tal a la Edad del Hierro, pasando por la Época Romana y llegando hasta el último tercio del siglo XX, cuando se cerraron definitivamente.

Arditurri forma parte de toda una red formada además por molinos hidráulicos, ferrerías y otras explotaciones mineras de este sector, con ejemplos tan sobresalientes como la batería de hornos del Coto Minero de Irugurutzeta. Responden, tal y como muestra el museo arqueológico de Oiasso, a todo un complejo creado en tiempos pretéritos que cohesionaba la desembocadura del río Bidasoa con las Peñas de Aya en el interior. Un gran foco minero del que Arditurri es hoy en día la cabeza de lanza por su gran significado y valor patrimonial.

Gracias a su puesta en valor hace casi dos décadas podemos disfrutar de una visita por parte de sus galerías mineras a través de 800 metros de recorrido bajo tierra, en una experiencia que nos hará sentir las entrañas del macizo rocoso que, en el exterior, comenzó maravillándonos con su belleza paisajística.

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