Una ruta romántica por Soria en pleno Año Machadiano: joyas románicas, ermitas de leyenda y paseos poéticos

Soria celebra su Año Machadiano, y si ya era la ciudad de la literatura, es ahora más que nunca la bendita y sagrada ciudad donde Antonio Machado aprendió a sentir Castilla. Se celebra el 150 aniversario del nacimiento del poeta y humanista porque su legado se forjó entre sus calles y porque, como él mismo dijo: “Mi corazón está donde ha nacido al amor”.

Ruta por Soria siguiendo las huellas de Antonio Machado en el 150 aniversario de su nacimiento.
Ruta por Soria siguiendo las huellas de Antonio Machado en el 150 aniversario de su nacimiento. / Istock / siete_vidas

Es Soria provincia oculta que reivindica lo que nunca debió perder. Primero románica, romántica después, fuente de inspiración y cargada de pasión. Numancia, fuerte y heroica, se rindió a los romanos, pero inculcó en el soriano carácter, bravura y honradez. Quizá porque primero fue románica, le precedió el romanticismo. Aprovechando este aniversario, recorremos la ciudad siguiendo los pasos de tres grandes que mantuvieron las letras de España en lo más alto durante tres generaciones, marcando el comienzo de la literatura moderna de nuestro país y convirtiendo a Soria en la ciudad de las letras.

Fue primero Gustavo Adolfo Bécquer quien descubrió un lugar por amor y, por desamor, dejó un legado de cuentos y leyendas sorprendentes. Llegó después Machado, con su cátedra bajo el brazo. Tal vez atraído por El rayo de luna becqueriano, sin saber que encontraría en Soria la luz de su vida, y allí pasaría los mejores años de su existencia. Gerardo Diego completó el trío de ases. Catedrático en el mismo instituto que Machado, se integró entre el importante núcleo intelectual de la ciudad y también en Soria dejó su huella.

Río Duero en Soria.

Río Duero en Soria.

/ Istock / 5

Abordamos la ruta romántica por orden cronológico y nos transportamos hasta la Soria de mediados del siglo XIX, cuando Gustavo y su hermano Valeriano llegan a la ciudad. En Madrid había conocido a Casta, la hija de su doctor, una joven y guapa soriana, de la que decían: “Es más guapa que casta…”.

Lo cierto es que los apenas 10 años que estuvieron juntos fueron tiempos de amor, celos, broncas y tres hijos, hasta culminar en muerte. Pero gracias a su esposa, Bécquer descubrió Noviercas, y allí unos perturbadores ojos verdes le tentaron hasta la muerte en la fuente de los Álamos, en las cuencas del Moncayo. Es en la capital soriana, recién casado con Casta, donde en 1861, maravillado por los Arcos del Duero y preocupado por su conservación, escribe la leyenda de El monte de las ánimas. La muerte, que parece obsesionar a Bécquer, es parte primordial del Romanticismo español; la adorna de cuentos y leyendas, pero le acosa como una premonición.

Fuente de los Leones en la plaza Mayor de Soria.

Fuente de los Leones en la plaza Mayor de Soria.

/ Istock / Agustin Orduna

Así es el claustro que fascinó a Bécquer

Los Arcos del Duero, situados junto al puente sobre el río, son los restos del monasterio de San Juan de Duero, construido por los Caballeros Hospitalarios llegados desde Tierra Santa en el siglo XII. Desde su pequeña capilla, redobla una única campanada la noche de los Difuntos. Fue el fabuloso claustro lo que fascinó a Bécquer. El recinto conserva los cuatro pasillos laterales del claustro (crujías), pero el tejado, que al parecer era de madera, se perdió por completo. Tan solo la capilla, de construcción anterior, lo conserva.

La peculiaridad que convierte este claustro en uno de los más bellos de Europa y el único en su estilo es, precisamente, que no tiene un estilo arquitectónico, sino varios. Esto se debe a que los Hospitalarios llegaron desde Jerusalén, y entre los caballeros los había de varios rincones de Europa e incluso de Asia. Cada uno aportó sus conocimientos y el resultado fue tan original como sorprendente.

Claustro de San Juan de Duero.

Claustro de San Juan de Duero.

/ Istock / alvarobueno

Otra peculiaridad es que las cuatro esquinas del claustro están achaflanadas y terminadas con arcos califales. Las arquerías son también diferentes, así como cada capitel. Una auténtica joya del románico, declarado Monumento Nacional. En este lugar enig-mágico fue donde Bécquer escuchó la campanada la noche de Difuntos e imaginó, bajando del monte, las ánimas de caballeros y nobles sorianos. Ánimas enfrascadas en su lucha: unos por mantener su monasterio, otros por adueñarse del estratégico lugar. Alonso y Beatriz, buscando la cinta azul, encontrando finalmente la muerte. Cada año, en Soria, se recrea la leyenda en el Festival de las Ánimas, que durante la noche de Difuntos recorre parte de la ciudad.

Es aquí donde arranca otra de sus leyendas, El rayo de luna, donde Manrique, loco para todos, recupera la cordura. Desde estas, quizá inquietantes, arcadas persigue Manrique el sueño de su mujer amada. Desde los Arcos del Duero cruza el puente hacia la ermita de San Polo, avanza en la noche iluminada por la luna, tropieza con álamos, ortigas, rebeldes plantas y maleza encaramada. Persigue a la mujer de pliegues blancos y alas en los pies hasta llegar a lo alto de San Saturio. Bécquer, tan romántico y soñador como sus personajes, sabía bien de la belleza de este recorrido, que nos propone persiguiendo un rayo de luna.

Iglesia del Espino junto al famoso olmo seco.

Iglesia del Espino junto al famoso olmo seco.

/ Conrado Angel

Gustavo Adolfo Bécquer es recordado en otros puntos de Soria. Tiene su rincón junto a las ruinas del convento de San Francisco y un paseo en el literario parque Alameda de Cervantes. En la onírica Casa de los Poetas, situada en la tercera planta del Casino de Numancia, tiene también su propio espacio. Es la Soria romántica becqueriana: verso, prosa, amor, desamor y muerte. Tras descubrir la infidelidad de Casta Nicolasa, Gustavo regresa a Madrid y muere poco después, como siguiendo el guion de sus propias leyendas.

Los paseos de amor de Leonor y Machado

Por la ermita de San Polo, en la margen derecha del Duero, con luna o sin ella, pasearon su amor Leonor y Machado, grabando como adolescentes sus iniciales en los álamos de la ribera.

Instituto Antonio Machado, Soria.

Instituto Antonio Machado, Soria.

/ Getty Images / JMN

Comenzaba el curso de 1907 cuando los estudiantes del instituto conocieron a su nuevo catedrático de francés. Antonio Machado había escogido aquella plaza sin saber que allí le aguardaba el amor de su vida. La Soria becqueriana seguía siendo romántica.

Durante sus primeros meses en Soria, el nuevo profesor de 32 años se hospedó en la calle Collado, 54, en lo que fue una casa de huéspedes; hoy nada recuerda su breve estancia. Al poco, se instaló en la pensión de doña Isabel Cuevas, en la calle Estudios, 7, una sencilla vivienda en contraste con el vecino Palacio de los Condes de Gómara.

Construido por Francisco López Ríos, un ganadero del siglo XVI, quien dejó clara con su imponente palacio la evidencia del poder de la Mesta y la importancia de la ganadería y agricultura de aquella época. El Palacio de los Río y Salcedo, construido unos años antes y que hoy acoge el Archivo Histórico Provincial, también era de su familia, pero don Francisco quería más y dejó a Soria boquiabierta con esta construcción. Cuenta la leyenda que Felipe II impidió que tuviera el tamaño inicial para que no fuera más grande que su Escorial, pero esa es otra historia.

Palacio de los Condes de Gómara.

Palacio de los Condes de Gómara.

/ Istock / Fernando Valero Lopez

La vida de Machado en la pequeña ciudad de Soria transcurría entre paseos, clases y colaboraciones en la prensa local, hasta que la tranquilidad de su rutina se vio alterada por la pasión de su corazón, cautivado para siempre por Leonor, una niña de 13 años. Era hija de su patrona y, al cumplir los 15 años, una ceremonia íntima en la iglesia de La Mayor la convierte en su esposa. La pensión ya no existe, pero para este aniversario se han renombrado calles y una plaza para recordar que Soria es Machado gracias a Leonor. Sus rutinarios paseos por la ribera del Duero se convirtieron en asiduos momentos de amor, y, contagiado por la juventud de su esposa, le retornan a su adolescencia. Como dos jóvenes enamorados caminaban abrazados entre los álamos del río hasta San Polo y San Saturio, que tanto inspiró a Bécquer. Pasearon su pasión ante las sorprendidas miradas del paisanaje soriano y, durante aquellos años de felicidad, con el Duero como inspiración y Leonor como chispa de felicidad, escribe Machado Campos de Castilla.

Cada mañana paseaba feliz por la travesía Teatinos hacia el instituto donde daba clases, ahora Instituto IES Antonio Machado, que mantiene un Aula Machadiana con pupitres de la época, fotografías y otros documentos del poeta. Justo enfrente, el palacio de los San Clemente, del siglo XII y único palacio de los Doce Linajes de Soria que se mantiene en pie.

Iglesia de Santo Domingo, Soria.

Iglesia de Santo Domingo, Soria.

/ Istock / Pedro Salaverria

Los domingos era el día en que Machado y Leonor iban a la iglesia de Santo Domingo para asistir con devoción a la misa mayor. El origen de esta bellísima iglesia es el siglo XII, y su fabulosa portada es una de las más bellas del románico. Fue ampliada en varias ocasiones y en el XVI se convirtió en convento dominico. Tras la desamortización de Mendizábal y años de abandono, fue recuperado por las Clarisas. A esta iglesia Machado dedicó: “En Santo Domingo la misa mayor, aunque me digan hereje y masón, rezando contigo cuánta devoción”.

Recuerdos de Leonor

En la plaza Mayor de Soria, y frente al palacio renacentista de la Audiencia, se encuentra la otra gran iglesia vinculada íntimamente a la vida de nuestro poeta. Fue en Nuestra Señora Santa María la Mayor (siglo XVI), donde Antonio y Leonor contrajeron matrimonio el 30 de julio de 1909. Su amor sería eterno, pero la vida les dejaría pocos años de abrazos, besos y paseos por el Duero.

Tumba de Leonor Izquierdo, esposa de Antonio Machado, en el cementerio junto a la iglesia de Nuestra Señora del Espino.

Tumba de Leonor Izquierdo, esposa de Antonio Machado, en el cementerio junto a la iglesia de Nuestra Señora del Espino.

/ Getty Images / Carlos Muina

En 1912, tras un viaje a París, Leonor se contagia de tuberculosis y fallece el 1 de agosto de 1912. Fue también en esta iglesia donde Machado celebró su funeral antes de abandonar Soria para siempre. En Páginas escogidas y en Poesías completas, Machado recuerda a Leonor. Lo hizo hasta su muerte en el exilio francés, el 22 de febrero de 1939. En 1932 volvería para recibir el homenaje de la ciudad como Hijo Predilecto.

En el cementerio de Soria, junto a la iglesia del Espino, se encuentra la tumba de Leonor, y el olmo seco al que dedicó uno de sus más hermosos poemas. Muy cerca del campo santo está el Espacio Santa Clara, donde los días 23 y 24 de julio tendrá lugar uno de los eventos más importantes de este aniversario machadiano. Hablamos del Congreso Internacional Sesquicentenario sobre Antonio Machado: Pensamiento, Historia, Poesía, un encuentro académico con ponencias y mesas redondas para preservar el legado humanista del poeta.

Iglesia de San Juan de Rabanera, Soria.

Iglesia de San Juan de Rabanera, Soria.

/ Istock / cribea

La ruta literaria por Soria termina con Gerardo Diego, quien llegó a la ciudad atraído por el romanticismo que cubrió la vida de sus maestros, Bécquer y Machado. También él fue capturado por la magia y la inspiración de los paseos del Duero, y a sus poetas sevillanos dedicó varios poemas que se resumen así: “Poetas andaluces que soñasteis en Soria un sueño dilatado”. Soria es literatura, románica y romántica, especial e inspiradora. Historia de una España próspera, culta y fértil en todos los sentidos.

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