Una ruta inolvidable, aquí al lado: recorremos el románico portugués

Castillos, torres, iglesias, puentes y monasterios son el conjunto arquitectónico que engloba los 58 monumentos que van desde Oporto hasta Guimaraes y el valle del Duero y que son Patrimonio de la Humanidad.

Atala Martín
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Foto: Shutterstock

En el corazón de nuestro país hermano, concretamente esta región y su patrimonio arquitectónico se encuentra vinculado a los orígenes de la nación portuguesa, ya que aquí residían familias nobles que ayudaron a los primeros reyes en la Reconquista cristiana del territorio que actualmente es Portugal.  

Nuestra historia y la de Portugal en la Edad Media están ligadas al reino astur leonés. La zona más al norte perteneció a Oviedo y León durante los oscuros siglos de la Alta Edad Media, pero a partir del siglo XI, Portugal comienza a tomar forma como país independiente. Por este motivo, las relaciones estilísticas entre el románico gallego y el portugués son obvias, aunque también trataron de crear un estilo propio ligado a la corriente internacional que Portugal siempre promovió como oposición a la amenaza castellanoloenesa. El románico portugués nace, como el gallego, de una mezcla del arte que traen las corrientes internacionales del Camino de Santiago con el arte autóctono. Algunos de los ejemplos más claros del arraigo de la tradición asturiana en el primitivo románico portugués son las iglesias de Santa María de Arnoso, San Claudio de Nogueira o Santo André de Telöes.

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Catedral o Sé Velha de Coímbra. | Shutterstock

De esa época son también la Catedral o "Sé Velha" de Coimbra, uno de los grandes edificios del románico de Portugal. Fue finalizada en 1180 tras décadas de construcción, la catedral de Lisboa, iniciada al mismo tiempo que la reconquista de la ciudad en 1147 y finalizada en los siglos XIII y XIV. O también la "Charola" de Tomar, construida por los Templarios en la segunda mitad del siglo XII. Por cierto, en Tomar, también podemos admirar el Convento, más gótico que románico y que fue fundado en 1162 por el Gran Maestre del Temple en Portugal, Gualdim Pais. El Convento de Cristo aún conserva recuerdos de esos monjes caballeros y de sus herederos en su cargo, la Orden de Cristo, que hicieron de este edificio su sede. 

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Convento templario de Cristo en Tomar (Portugal). | Shutterstock

Por lo demás, la gastronomía tradicional, los vinos, las fiestas, los mercados en los que se puede encontrar artesanía local o el propio contacto con la gente. Siempre en comunión con la naturaleza, también encontramos senderos y caminos para paseos a pie o en bicicleta y contemplar el magnífico románico portugués.