De ruta por una Barcelona que ya no existe

La capital catalana está construida sobre múltiples capas, y cada vez hay más personas interesadas en descubrirlas. Por suerte, diversas propuestas de itinerarios culturales permiten conocer mejor una ciudad que esconde infinidad de historias y secretos. 

Eduard Palomares
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Foto: D. R.

Lo primero que viene a la cabeza cuando se ve en Barcelona a un grupo numeroso de personas en la calle atendiendo las explicaciones de un guía es que se trata de unos turistas visitando los highlights de la ciudad. Pero mejor dar un segundo vistazo, porque estos grupos están cada vez formados por más barceloneses que buscan descubrir aquellos secretos de la ciudad que permanecen escondidos a los ojos no iniciados.

Tras la pandemia, han renacido las rutas guiadas de temática cultural o histórica que revelan que donde ahora hay un párking antes hubo un famoso cabaret; que calles que ahora parecen anodinas fueron durante un tiempo un lugar vibrante; o que la Barceloneta fue una solitaria isla hasta el siglo XVIII. Porque la ciudad, con más de 2.000 años de historia, está construida sobre múltiples capas, y descubrirlas es todo un hallazgo que hace sentir a uno como un Indiana Jones urbano.

Estas son diferentes rutas temáticas, que se pueden reseguir actualmente en Barcelona y que guardan al más de una sorpresa para el participante:

Secretos y leyendas 

Catedral de Santa María del Mar. | D. R.

Desde el 2009, CultRuta (www.cultruta.com) ofrece rutas guiadas que están basadas en algo que genera una gran expectación: lo que ya no se ve, lo que ha quedado soterrado por el progreso imparable. La prueba de su éxito es que, a pesar del parón por el confinamiento, no han parado de añadir nuevos itinerarios, de unas dos horas de duración.

Sus propuestas más reconocibles son las que llevan el apellido de secretos y leyendas. Bajo este epígrafe, recorren barrios como el Gòtic, el Raval y el Eixample explicando historias las que han servido para nutrir durante siglos el alma de una ciudad en transformación constante. Una forma de caminar por Barcelona de manera distinta, fijándose en detalles que suelen pasar desapercibidos cuando no somos más que peatones con prisas. 

Vestigios romanos agazapados, herencias medievales que perviven gracias al extraño nombre de las calles, monasterios convertidos en plazas, lugares con historias sórdidas que quizás ahora son una cafetería para turistas, palacios que se esconden tras unas sólidas puertas de madera, bares que tienen más historia de lo que parece, hoteles en los que se escribió una parte de la historia...

También tienen rutas de inspiración literaria, como aquellas que resiguen los pasos de personajes como el Arnau Estanyol de La catedral del mar, de Ildefonso Falcones. O el Daniel Sempere de La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Propuestas que no solo sirven para transformar las letras en imagen, sino para golpearse la frente más de una vez y exclamar: “¡Cómo no me había fijado antes!”. Por ejemplo, con el eterno homenaje a los bastaixos (los descargadores del puerto) que luce Santa María del Mar como agradecimiento a su imprescindible labor que fue clave para su rápida construcción en el siglo XIV.

Una dosis de historia

Barcelona ha ido creciendo de forma concéntrica desde la creación romana de Barcino, derribando y construyendo nuevas murallas, hasta que el plan Cerdà las eliminó para siempre con el fin de dar algo de respiro a los barceloneses. Igualmente, por el camino se han demolido barrios enteros para construir otros nuevos, por lo que se puede llegar a la conclusión de que nada permanece por mucho tiempo en una ciudad como esta. Al menos, nada material.

El caso más significativo es el del barrio de la Ribera, que se denomina así porque antes limitaba con el mismo mar, de tal manera que la plaza de Pla de Palau actuaba como puerta de entrada marítima. Después de la Guerra de Sucesión en 1714, los vencedores tomaron dos decisiones que cambiarían por completo la fisonomía de la ciudad: derribar entera buena parte de la Ribera para construir la fortificación de la Ciutadella (curiosamente no para proteger a los ciudadanos, sino para tenerlos controlados) y alojar a todos los expulsados en un nuevo barrio, la Barceloneta.

Playa urbana de La Barceloneta (Barcelona). | D. R.

La historia del barrio marinero –que anteriormente no era más que una isla, la de Maians– se explica en la ruta La Barceloneta menys turística de Explica’m Barcelona (www.explicambarcelona.com). Comentan sus orígenes y su transformación hasta configurar su elemento más famoso, los quarts de casa, pisos minúsculos para alojar a familias con pocos recursos, sobre todo pescadores y estibadores. 

Otra propuesta curiosa es la denominada La Via Laietana y el barrio perdido. A pesar de que había sido diseñada por Ildefons Cerdà, la Via Laietana no empezó a tomar forma cincuenta años más tarde, en 1908. Para su construcción, unas 2.000 viviendas fueron derribadas y se borraron para siempre del mapa hasta 80 calles. De nuevo, un paseo por una Barcelona que ya no existe más allá de los archivos históricos.

Lugares con mucho pasado

Desde AdaptamBcn (www.adaptambcn.com) proponen detenerse unos instantes y mirar los espacios más emblemáticos de la ciudad con otro filtro, el de la historia. Por ejemplo, cuentan con una ruta a través de los 650 años de existencia del monasterio de Pedralbes, que fue fundado en 1327 por la reina Elisenda de Montcada con la intención de retirarse una vez se quedara viuda. Una visita que permite no solo hablar de la vida monástica, sino de todo los hechos históricos que han marcado durante este tiempo el pulso de la ciudad.

Laberinto de Horta. | D. R.

Otro de los espacios que visitan y que esconde mucho más de lo que se ve a primera vista es el Laberint d’Horta, diseñado en el año 1791. Su creador se inspiró en el mito de Teseo, que consiguió llegar al centro del laberinto, vencer al Minotauro y encontrar el amor. En base a ello, el jardín neoclásico –estilo bajo el que se comenzó a crear– habla de los varios niveles del amor. Luego se terminó en forma de jardín romántico, donde se dio paso a temas como la muerte, los sentimientos y las emociones por encima de la razón.

Y hablando de pasiones, nada mejor que recorrer el Paral·lel, pero con la imaginación puesta en el periodo de entreguerras, cuando fue barrio obrero de día y hogar del pecado por la noche. Gracias a la I Guerra Mundial, se convirtió en la avenida europea más importante en materia de espectáculos: teatros, cafés y cabarets… Son años en los que ‘vedettes’, prostitutas, espías, pistoleros y obreros conviven en una Barcelona convulsa y efervescente. Solamente será necesaria un poco de imaginación para revivirla.

Interiores únicos

Hasta ahora todas las rutas nos han llevado por exteriores, y quizás ha llegado la hora de que alguna escena se ruede en el interior. Gracias a Sternalia (www.sternalia.com) se puede acceder a edificios históricos de Barcelona que normalmente tienen las puertas cerradas. Y, además, con sorpresa. En verano sobresalen las cenas en el Observatori Fabra, con doble panorámica a la ciudad y al cielo nocturno. A partir de otoño, organizan visitas guiadas, con una observación por el viejo telescopio incluida.

Panorámica de Barcelona con el Observatori Fabra en primer plano. | D. R.

Uno de los eventos que llama más atención es la Cena Medieval que organizan en el Palau Requesens, cerca de la Catedral, una construcción gótica del siglo XIII que fue propiedad de Isabel de Requesens, virreina de Nápoles. Los visitantes llevarán a cabo una visita guiada por el edificio, pero se tendrán que fregar los ojos un par de veces cuando vean aparecer a caballeros luchando, bailarinas ejecutando danzas árabes y malabaristas jugando con fuego. Todo ello culmina con una cena de inspiración medieval, acompañada de una suave música palaciega, como si no hubieran pasado ya ocho siglos.

Otra cena que parece ciencia ficción es la que ofrecen en la Real Academia de Medicina de Cataluña, en el Raval, inaugurada en 1770 y elemento clave para el desarrollo de la medicina moderna en tierras catalanas. En sus estancias se lleva a cabo la Cena de los Sentidos, que pretende acercar la historia de la medicina en Barcelona a todos sus visitantes, así como introducir a los asistentes en las bases de la neurociencia sensorial a través de un juego gastronómico donde participarán todos los sentidos. Gracias a él, se demostrará que, a veces, el cerebro construye la realidad con la información que le llega de los sentidos, aunque no sea cierta. Toda una enseñanza para los tiempos presentes.