Este recorrido de 7 kilómetros es uno de los más bonitos del norte de España: pasa por un bosque impresionante y termina en un mirador con un faro del siglo XIX
La ruta hasta el Faro del Caballo atraviesa el monte Buciero y desciende por más de 700 escalones hasta el nivel del mar.

Faro del Caballo / Istock
La primera parte del camino hacia el Faro del Caballo, en Santoña, no tiene nada particularmente especial. Un sendero ancho, algo de sombra y tramos en los que apenas ves el mar. Si no sabes lo que hay al final, puede parecer una ruta más del norte.

Faro del Caballo / Istock
Pero llega un momento en el que el terreno empieza a cambiar en esta ruta del cantábrico. El camino se estrecha, aparecen los primeros cortes hacia el acantilado y la sensación ya no es la misma. A partir de ahí, todo va hacia abajo.

Adriana Fernández
Cómo llegar y por dónde empezar la Ruta del Caballo
La forma más habitual de hacer la ruta es desde Santoña, dejando el coche en las zonas cercanas al puerto o en el entorno del Fuerte de San Martín. Desde ahí, el acceso se hace caminando hacia el monte Buciero.
El recorrido hasta el faro no tiene una única cifra cerrada porque depende del punto exacto de inicio, pero lo normal es moverse entre 6 y 8 kilómetros en total (ida y vuelta). La ruta completa, con bajada y subida al faro, puede irse fácilmente a las 2,5 o 3 horas, dependiendo del ritmo. El sendero está señalizado en buena parte del trazado y coincide con rutas del parque natural.
Del bosque (cómodo, pero engañoso) a los acantilados
Los primeros kilómetros discurren dentro del monte Buciero, un entorno de vegetación cerrada donde predominan senderos de tierra y piedra. Es una parte relativamente cómoda, con pendientes suaves y sombra en gran parte del recorrido.

Senda que lleva al Faro del Caballo / Istock / 5
Aquí es fácil coger ritmo y pensar que la ruta no tiene mucha dificultad. De hecho, mucha gente llega hasta este punto sin notar esfuerzo. Pero el problema es que esta primera parte no te avisa de lo que viene después.
A medida que se avanza, el paisaje empieza a abrirse y el camino se acerca al borde del acantilado. De pronto, el paisaje (y la ruta) cambia por completo y aparecen las vistas al mar Cantábrico. A partir de aquí, la ruta deja de ser un paseo tranquilo por el bosque. No significa que sea peligrosa, pero hay que hacerla siempre con cuidado.
El descenso final: más de 700 escalones hasta el faro
El acceso al Faro del Caballo es lo que marca la diferencia y es el punto en el que la mayoría se queda pensando... ¿Me merece la pena la bajada? La respuesta es sí, pero hay que echarle ganas y energía.
El descenso se hace a través de una escalera de más de 700 peldaños excavados y adaptados en la roca. Es un tramo continuo, sin apenas descansos, que termina prácticamente a nivel del mar.
Aquí conviene parar antes de empezar. La bajada es exigente, pero la subida lo es más. Seguro que te encuentras a más de uno que llega a duras penas a este punto por haber subestimado la ruta. Pero, tras el esfuerzo, te ves al lado del faro, que hace nada te parecía tan lejano y prácticamente inalcanzable.

Faro del Caballo / Istock / 5
Fue construido por presidiarios en el siglo XIX y queda encajado entre la roca y el mar. Y está allí él solo: es decir, no es un mirador al uso, por lo que no esperes encontrar ningún tipo de servicio. Como dato, que sepas que tampoco está en funcionamiento, aunque sí lo estuvo entre 1863 y 1993.
Qué tener en cuenta antes de bajar (y por qué no todo el mundo lo hace)
Como decíamos, no todo el mundo que llega hasta este punto baja al faro. Y tiene sentido.
El estado del mar es clave. Con oleaje fuerte, el acceso pierde parte de su atractivo e incluso puede resultar incómodo. Además, la subida posterior no es para débiles y exige un esfuerzo considerable, especialmente en días de calor. Por supuesto, no se te ocurra hacer esa bajada a mediodía en pleno agosto.
El recorrido hasta el Faro del Caballo cambia bastante según el día. No es lo mismo hacerlo con el terreno seco y el mar en calma que con humedad o viento. Después de lluvia, algunos tramos del bosque pueden estar resbaladizos, y la bajada de los escalones te exige de mucho más cuidado.
Por eso, mucha gente opta por quedarse arriba, en la zona alta del acantilado, donde ya hay vistas suficientes sin necesidad de afrontar los escalones. Como no es la típica ruta panorámica constante, al llegar al punto en el que divisas el faro puedes sentirte satisfecho y no es necesario que te acerques al mismo.
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