Roque Bermejo, el caserío de Tenerife al que solo se llega a pie o en barco

Respira paz y tranquilidad entre barrancos con la única presencia del faro de Anaga.

Este lugar aislado donde aún es posible sentir la autenticidad de otros tiempos está en Tenerife y es un destino único
Este lugar aislado donde aún es posible sentir la autenticidad de otros tiempos está en Tenerife y es un destino único / Istock / Marek Stefunko

En la parte más oriental de la isla de Tenerife, donde los roques dan paso a la inmensidad del océano Atlántico, aparece un lugar aislado donde aún es posible sentir la autenticidad de otros tiempos en los que el gran reto era sobrevivir en una tierra cargada de belleza pero hostil para el ser humano.

Vista en faro de Anaga con colinas verdes mar azul océano atlántico paisaje en la montaña de anaga, tenerife isla canaria españa

Vista en faro de Anaga con colinas verdes mar azul océano atlántico paisaje en la montaña de anaga, tenerife isla canaria españa

/ Istock / Kristyna Sindelkova

En busca de lo inhóspito

La punta este de Tenerife, esa gran avanzadilla rocosa hacia aguas abiertas que se bate entre la fuerza de las olas y los vientos alisios, cuyos abruptos relieves nos parecerían imponentes si no fuera por la omnipresencia en la isla del pico del Teide, corresponde al antiguo menceyato de Anaga, uno de los nueve ancestrales territorios guanches en los que se dividía la más grande de las Islas Afortunadas.

Un camino con curvas a través de verdes montañas en el Parque Rural de Anaga, Tenerife, Islas Canarias

Un camino con curvas a través de verdes montañas en el Parque Rural de Anaga, Tenerife, Islas Canarias

/ Istock / 9parusnikov

Anaga, un macizo de fuertes contrastes entre lo agreste de la roca volcánica desnuda y la exuberancia de las vertientes y barrancos bañados por la humedad, en los que el monteverde se viste de una laurisilva que hace muchas veces impenetrables los rayos del sol. La célebre lluvia horizontal creada a partir de la niebla inunda estos espacios encajados entre formas escarpadas del terreno haciendo posible un verdadero paraíso vegetal.

Vista aérea del parque rural de Anaga. Tenerife, Islas Canarias

Vista aérea del parque rural de Anaga. Tenerife, Islas Canarias

/ Istock / Wirestock

No es de extrañar que este rincón macaronésico haya alcanzado la declaración de Reserva de la Biosfera por parte de la Unesco, como tampoco sorprende que reúna la mayor cantidad de endemismos de toda Europa. Una diversidad biológica favorecida por la existencia de una morfología del relieve intrincada, que ha determinado un acusado aislamiento de todo este sector de Tenerife. Esta dificultad para el acceso, unido a la escasez de suelo agrícola, han sido las causas fundamentales de un débil poblamiento de la zona que, no obstante, es uno de sus grandes encantos.

Vista aérea del parque rural de Anaga. Tenerife, Islas Canarias

Vista aérea del parque rural de Anaga. Tenerife, Islas Canarias

/ Istock / Wirestock

Una vez que abandonamos los sectores más transitados del Parque Rural de Anaga, más allá de puntos emblemáticos para el turismo como El Bailadero – receptáculo de leyendas en las que se mezclan historias de brujas con rituales guanches – o La Ensillada, llegamos a la pequeña población de Chamorga, último caserío en el que es posible el acceso por carretera, a partir del cual el verdor de la vegetación se va difuminando a medida que se avanza por el barranco hacia el mar.

Montañas de Anaga y costa oceánica atlántica, Tenerife

Montañas de Anaga y costa oceánica atlántica, Tenerife

/ Istock / leskas

Poco a poco va apareciendo un paisaje inhóspito, donde la roca volcánica toma todo el protagonismo y los parajes se vuelven rudos y desolados pero llenos de hermosura. Las veredas aparecen como vías de salvación en un vasto horizonte de barrancos que se abren en dirección al océano, en busca de pequeños caseríos y muestras de civilización en el camino hacia la accidentada costa donde se erigen monumentales los roques de Anaga.

Hacia Roque Bermejo

Lo más habitual a la hora de afrontar el descenso hasta Roque Bermejo desde Chamorga es hacerlo siguiendo un sendero que baja en dirección a Casas de Tafada y vuelve desde el mar remontando la punta de Anaga. Chamorga nos sigue recordando, a través de la toponimia, que estamos en territorio de fuertes reminiscencias guanches, si bien por el camino lo que iremos descubriendo serán distintas manifestaciones del acervo rural canario de los últimos siglos, tras la conquista castellana de estas tierras. El monteverde y los dragos dan paso a un escenario completamente diferente, especialmente tras sobrepasar y dejar a un lado el roque del Pilón.

Subida escarposa por el Valle y las montañas de Anaga

Subida escarposa por el Valle y las montañas de Anaga

/ Iratxe Arregui Montoya

Más adelante, la sensación de encontrarse en un lugar imperturbado se acentúa. La carretera que llega a Chamorga cuenta tan solo con medio siglo a sus espaldas y la mayor parte de los intercambios que se hacían en la época con este sector de la isla llegaban a través de pequeños embarcaderos, limitando el acceso terrestre a un escaso trasiego mediante el sistema de veredas entre barrancos. Hoy en día nada parece haber cambiado y es fácil recorrer parte del camino sin ninguna presencia humana. Parece mentira, al llegar en el trayecto a un mirador natural desde el que divisamos los Roques de Anaga, que un lugar tan extraordinario haya quedado indemne de grandes afluencias de turistas, pero lo cierto es que el relieve y la ausencia de cualquier tipo de asfalto que facilite el acceso ha logrado lo que parecía imposible en una isla como Tenerife.

Montañas de Anaga y vista al valle desde mirador El Bailadero

Montañas de Anaga y vista al valle desde mirador El Bailadero

/ Istock / DaLiu

Y más allá la presencia icónica del faro de Anaga asentado a una altitud que sobrepasa los doscientos metros sobre el nivel del mar. El faro más antiguo del archipiélago canario – aún en funcionamiento desde 1864 - y el único de primer orden es la gran insignia de Roque Bermejo, el punto que nos advierte de la cercanía del océano y del pequeño caserío del mismo nombre que se antoja nuestro destino. Los pocos cientos de metros de bajada que separan a ambos son la antesala de unas pocas casas que dan la impresión de ejercer de vigías del roque que les da nombre.

Faro en la cima del acantilado en el borde de las montañas de Anaga hacia el océano Atlántico, isla de Tenerife, España

Faro en la cima del acantilado en el borde de las montañas de Anaga hacia el océano Atlántico, isla de Tenerife, España

/ Istock / Ingmar Beust

Una venta, una capilla, una playa y un embarcadero, todo es simple, sin florituras, pero con la grandeza de aquello que es lo que es sin necesidad de parecer algo diferente. Una oda a lo sencillo y verdadero en un entorno hasta dramático por lo recóndito, donde el aislamiento y lo abrupto del terreno son lo único que nos hace imaginar que nos encontramos en el extremo más oriental de la isla de Tenerife.

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