Ronda en invierno: otro romanticismo es posible

Bonitos paseos que miran al río, deliciosos homenajes gastronómicos y LA Almazara, el nuevo (y espectacular) templo del aceite, aguardan en la más bella ciudad malagueña.

Nos damos un paseo por los encantos de Ronda en invierno.
Nos damos un paseo por los encantos de Ronda en invierno. / Istock / Sean Pavone

“Ha habido tormenta esta noche, viento y lluvia. Miro por la ventana: es hermoso el efecto de la luz de la luna quebrando la niebla en el puente”. Así retrató Washington Irving las tinieblas del invierno en la ciudad que fue para él, como para tantos otros literatos, artistas y bohemios, un manantial de inspiración.

Ronda ha sido fuente de inspiración para artistas de todo el mundo por su belleza.

Ronda ha sido fuente de inspiración para artistas de todo el mundo por su belleza.

/ Istock / Colin Rieser

Ronda, la que para Joaquín Peinado estaba pintada “tan fina y seriamente”, la que tenía, según Luis Cernuda, “un cielo de color inexpresable, una sospecha de levísimo celeste”, la que a Borges se le aparecía como “un cóncavo silencio de patios y un ocio del jazmín”, es un refugio romántico también en los días fríos.

Ahora que la madrugada deja una capa de escarcha y que el viento de la sierra sopla ráfagas heladas, otro encanto se cierne por el que está considerado el más bonito enclave malagueño. La ciudad tajada por un desfiladero de más de cien metros de profundidad, por el que los siglos han visto discurrir, lento y silencioso, al río Guadalevín.

Grandes clásicos

Hay que abrigarse bien para emprender un largo paseo, como los que hacía a diario Rainer María Rilke, y tarde o temprano desembocar en el hito por excelencia: el robusto e impactante Puente Nuevo, una mole construida entre 1751 y 1793 para unir a las dos Rondas que se miran por encima del abismo. 

Puente Nuevo de Ronda, Málaga.

Puente Nuevo de Ronda, Málaga.

/ Istock / arcady_31

Antes, claro, hay que cruzar la calle de La Bola, peatonal y flanqueada de comercios, detenerse un buen rato en La Maestranza, que es la cuna de la tauromaquia moderna, y visitar algunos monumentos tan imprescindibles como los Baños Árabes, el Palacio de Mondragón (que alberga el Museo Municipal) y la iglesia Santa María La Mayor, con sus elementos góticos y renacentistas.

Canal de agua en el Palacio del Mondragón, Ronda.

Canal de agua en el Palacio del Mondragón, Ronda.

/ Istock / CaronB

Después, ya en las inmediaciones de la brecha, perderse por el parque de la alameda en lo que llaman el Paseo de Orson Welles, que tanto se enamoró de Ronda que es aquí donde descansan sus cenizas. Y no cansarse de mirar el puente desde todas sus perspectivas: desde el famoso balcón, desde los jardines que contornean el precipicio, desde las murallas del Carmen y de la Cijara.

Delicias rondeñas

Pero también el invierno da para comer algo calentito con lo que reponer fuerzas. Y en Ronda cuesta elegir, puesto que la gastronomía es una de sus grandes bazas, como tuvieron ocasión de descubrir aquellos poetas románticos.

Hoy a buen seguro que se deleitarían con las delicias de Tragatá, que es la versión informal de Bardal, también en esta ciudad, poseedor de dos estrellas Michelin y dos soles Repsol. Ambos restaurantes, comandados por Benito Gómez, exponen una cocina creativa y personal, basada en unos sabores reconocibles transformados en sabrosos contrastes y texturas.

Deliciosa es también la carta de Casa Ortega, en la Plaza del Socorro, con una gastronomía puramente andaluza en la que destaca el tomate de su propia huerta y el cabrito asado, entre otras propuestas. Y otro clásico que no falla es el restaurante Pedro Romero, frente a La Maestranza, especializado en rabo de toro. 

La locura de Philippe Starck

Más allá de exprimir el casco urbano, no hay que perderse una visita tan novedosa como sorprendente, a unos dos kilómetros de la ciudad, ya en plena serranía. Se trata de LA Almazara, un proyecto vanguardista que emerge en medio de la naturaleza. Una experiencia inclasificable que lleva el sello de Philippe Starck y que aúna arte, diseño y gastronomía en un derroche de creatividad. 

Vista de LA Organic, Ronda.

Vista de LA Organic, Ronda.

/ D.R.

¿Pero qué es realmente esta locura? Se trata de la primera almazara de autor del mundo, en la que no sólo se produce el aceite de oliva ecológico de LA Organic, sino que, además, se celebra la herencia cultural de Andalucía. Porque lo que aquí encontramos es un edificio rompedor que, más allá de un molino, es un museo y un centro cultural. Un delirante cubo rojo, con un cuerno de acero, media aceituna incrustada y un gigantesco ojo fundido en hormigón que desprende columnas de humo. En definitiva, la síntesis cubista de una cabeza de toro, con guiños al surrealismo y elementos que, de una u otra manera, remiten al producto que mejor representa a nuestra gastronomía.

Sólo por contemplar esta joya del prestigioso diseñador francés, famoso por su minimalismo funcional, merece la pena acercarse a La Almazara, donde, además de aprender sobre los usos históricos del AOVE, se puede comer de lujo en su restaurante y comprar productos de la tierra en la Green House, donde también se organizan catas, y actividades de mindfullness.

Después, para dormir está el Cortijo, restaurado también por Starck. Una maravillosa casa que se alquila al completo, en la que empaparse de la cultura del aceite en un entorno natural único, con vistas a la Sierra de Grazalema y, por supuesto, en medio de un océano de olivos.   

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