Este rincón del interior de Alicante es perfecto para verano: esconde una cascada espectacular, tiene 700 habitantes y siglos de historia
El destino alicantino con el salto que roba corazones; está poco masificado y te va a encantar.

¿Estás cansado de intentar dar con un destino ideal para este verano? Es normal, hoy en día cada vez cuesta más encontrar un rincón con mucho que ofrecer pero donde el turismo todavía no haya ganado la partida. Sin embargo, hoy te hablo de un lugar muy especial.
En el corazón de la comarca del Comtat, lejos de las playas abarrotadas de la Costa Blanca, Benilloba guarda un secreto que sorprende a quien lo descubre. Este pequeño pueblo alicantino, con poco más de 700 habitantes, combina la calma de la montaña mediterránea con un patrimonio histórico notable y un tesoro natural que conquista a los turistas y propios; una cascada que parece salida de un documental de naturaleza.
El salto de agua que enamora a quien lo ve
Conocida como El Molí del Salt, esta cascada de unos 20 metros de altura es el gran emblema natural de Benilloba. El agua del río Frainós cae entre paredes rocosas y se abre paso entre la vegetación, creando un escenario perfecto para quienes buscan naturaleza sin artificios. El nombre viene del antiguo molino que aprovechaba la fuerza del agua para moler grano, y cuyas ruinas todavía se pueden visitar.
Llegar no tiene misterio. Desde el propio pueblo sale un sendero señalizado que, en apenas media hora, conduce hasta este rincón. El camino es sencillo y apto para familias, aunque en temporada de lluvias conviene llevar calzado antideslizante. En verano, el frescor del lugar y el sonido del agua invitan a quedarse un buen rato.
Un casco histórico que conserva su esencia
El núcleo urbano de Benilloba es compacto, con calles estrechas y casas que aún conservan su arquitectura tradicional. Pasear por ellas es encontrarse con fachadas de piedra, balcones de hierro forjado y portones de madera que han visto pasar generaciones. Pasear por sus calles es una experiencia en sí misma, en la que no es muy complicada imaginarse una vida pasada.

La Iglesia Parroquial de San Joaquín, construida en el siglo XVIII, es el edificio más destacado. Su fachada sencilla y su interior neoclásico reflejan el gusto sobrio de la época. La Plaza Mayor, presidida por el ayuntamiento, es el corazón social del pueblo, donde vecinos y visitantes se dan cita para charlar, tomar algo o disfrutar de las fiestas locales.
Senderos que cruzan huertas y montañas
El entorno de Benilloba es un paraíso para senderistas y amantes de la naturaleza. Las rutas que parten desde el pueblo permiten adentrarse en un paisaje agrícola salpicado de almendros, olivos y nogales, con vistas a las sierras cercanas.

Una de las rutas más populares conecta con localidades vecinas como Penàguila o Alcoleja, ofreciendo miradores naturales hacia el Parque Natural de la Serra de Mariola. El otoño tiñe el campo de tonos ocres y dorados, mientras que en primavera el espectáculo de los almendros en flor añade un encanto extra.
Fiestas y tradiciones
A pesar de su tamaño, Benilloba mantiene vivas sus tradiciones. Las fiestas patronales en honor a San Joaquín, en agosto, llenan sus calles de música, desfiles y actividades que reúnen a vecinos y visitantes. También destaca la celebración de San Vicente Ferrer, una festividad primaveral con actos religiosos y comidas populares.
Un destino para desconectar
Uno de los mayores encantos de Benilloba es que, a pesar de su belleza, todavía no ha sido invadido por el turismo masivo. Esto permite disfrutar de su cascada, sus calles y su gastronomía con calma, sin prisas ni colas. Además, su ubicación (a menos de una hora de Alicante capital y muy cerca de Alcoy) lo convierte en una escapada perfecta de un día o en una parada dentro de una ruta por el interior alicantino.

El valor de lo pequeño
Benilloba demuestra que no hace falta irse muy lejos para encontrar lugares con alma. Su cascada es la excusa perfecta para acercarse, pero lo que hace que uno quiera volver son sus calles tranquilas, el trato cercano de sus vecinos y el paisaje que lo envuelve. Un rincón que, sin hacer ruido, se gana un hueco en la memoria de quienes lo visitan. Así que, ya sabes, Alicante tiene mucho más que ofrecer; no todo son sus clásicos destinos.
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