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Rilke la buscó por todo el mundo y la encontró en Andalucía: "He buscado por todas partes la ciudad soñada, y al fin la he encontrado"

Un poeta que llevaba media vida persiguiendo un lugar donde asentar su escritura encontró la respuesta en un pueblo partido en dos por un tajo de vértigo. Esta es la historia de aquel invierno.

La hermosa ciudad de Málaga que inspiró al famoso poeta Rainer Maria Rilke

La hermosa ciudad de Málaga que inspiró al famoso poeta Rainer Maria Rilke / Istock

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Diciembre de 1912. Rainer Maria Rilke llega a Ronda sin apenas planearlo, después de un periplo por Córdoba y Sevilla que no había logrado calmar la inquietud de un escritor bloqueado desde hacía meses. Lo que encuentra al asomarse por primera vez al Tajo —esa garganta que el río Guadalevín ha ido tallando durante milenios hasta partir la ciudad en dos mitades unidas por un puente— es, según cuentan quienes han estudiado su paso por la Serranía, algo parecido a una revelación. Allí, en unas palabras que la tradición literaria le atribuye desde hace más de un siglo, el poeta habría escrito: "he buscado por todas partes la ciudad soñada, y al fin la he encontrado en Ronda".

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Esa cita, grabada hoy en una placa del hotel donde se alojó, es una de las frases más repetidas sobre esta ciudad malagueña, aunque su rastro exacto en la correspondencia y la obra publicada de Rilke no esté documentado con la precisión filológica que exigiría un académico estricto. Poco importa: Ronda lleva más de cien años presumiendo de haber sido, para un poeta austrohúngaro en busca de sí mismo, la ciudad de sus sueños. Y entre el Tajo, los baños árabes y la plaza de toros más antigua de España, es fácil entender por qué.

Casco Histórico de Ronda, España

Casco Histórico de Ronda, España / Istock / alxpin

La estancia de un poeta en busca de un refugio

Rilke llegó a Ronda invitado por el príncipe Alexander von Thurn und Taxis y se instaló en el Hotel Reina Victoria, un edificio de estilo victoriano levantado en 1906 por la burguesía inglesa afincada en Gibraltar como retiro de verano. Permaneció allí del 9 de diciembre de 1912 al 19 de febrero de 1913, un invierno completo en el que retomó la escritura después de una etapa de bloqueo creativo severo: en esas semanas avanzó en Los cuadernos de Malte Laurids Brigge y trabajó en la sexta de sus Elegías de Duino, el ciclo que terminaría de definir su lugar en la poesía en lengua alemana del siglo XX.

Parque de mirador de Ronda

Parque de mirador de Ronda / Istock / MEDITERRANEAN

El hotel, hoy integrado en la cadena Catalonia, atravesó una reforma profunda en 2013 que hizo desaparecer la antigua habitación 208 tal como se conservaba desde el homenaje que Ronda le tributó al poeta en 1966. Lo que el visitante encuentra ahora es una pequeña vitrina con objetos personales de Rilke —fotografías, un ejemplar de sus escritos, una página manuscrita en alemán y, curiosamente, la factura de su propia estancia— además de la escultura que preside los jardines desde aquel homenaje de mediados de los sesenta, mirando hacia la sierra que tanto fascinó al poeta.

Calle estrecha de adoquines con fachadas históricas en Ronda, España

Calle estrecha de adoquines con fachadas históricas en Ronda, España / Istock / herraez

Rilke no fue el único que sucumbió al hechizo de Ronda. Ernest Hemingway convirtió su plaza de toros en escenario literario y describió sus paisajes en Por quién doblan las campanas; las cenizas de Orson Welles descansan en una finca próxima a la ciudad, propiedad del torero Antonio Ordóñez; y el imaginario romántico del bandolerismo andaluz, que atrajo durante todo el siglo XIX a viajeros europeos fascinados por una España de leyenda, dejó su huella en autores como Prosper Mérimée, cuya Carmen bebe en parte de ese mito serrano.

Ronda España desde arriba

Ronda España desde arriba / Istock / Colin Thompson

Una ciudad más antigua que su leyenda literaria - y cómo visitarla

Ronda no necesitó a Rilke para justificar su lugar en la historia. Fundada como Arunda en época romana, fue durante el siglo XI capital del pequeño reino taifa de los Banu Ifran bajo el nombre de Medina Runda, y conservó su condición de plaza andalusí hasta que los Reyes Católicos la conquistaron en 1485, siete años antes de la caída de Granada. De ese pasado quedan los Baños Árabes de los siglos XIII y XIV, entre los mejor conservados de todo Al-Ándalus, y el Palacio de Mondragón, antigua residencia nazarí reconvertida en museo. El Tajo, con más de cien metros de profundidad excavados por el Guadalevín, se salva hoy por el Puente Nuevo, terminado en 1793 tras cuarenta y dos años de obras y con 98 metros de altura sobre el cauce, obra del arquitecto José Martín de Aldehuela. El mismo Aldehuela firmó, unos años antes, la Real Maestranza de Ronda, inaugurada en 1785 y considerada la plaza de toros más antigua de España, cuna de la escuela rondeña del toreo a pie.

Puente Nuevo  in Ronda

Puente Nuevo in Ronda / Istock / alxpin

Llegar hasta aquí es sencillo: Ronda está a poco más de 100 kilómetros de Málaga capital, bien conectada por carretera y por tren desde Algeciras y Antequera, en pleno corazón de la Serranía. Una vez en la ciudad, el itinerario obligado pasa por el mirador del Tajo y el propio Puente Nuevo, la Real Maestranza, los Baños Árabes y un paseo por la Alameda, con vistas que se abren hacia la sierra de Grazalema. Y ningún recorrido por Ronda estaría completo sin sentarse a la mesa: el rabo de toro es el plato que define la cocina serrana, seguido de la sopa rondeña y regado con los vinos de la DOP Sierras de Málaga. El Restaurante Pedro Romero, frente a la propia plaza de toros y con más de medio siglo de ambiente taurino, sigue siendo una referencia segura para probarlo; Toro Tapas, en plena Carrera Espinel, ofrece una versión más informal del mismo guiso para quien prefiera tapear.

"La ciudad más salvaje y sorprendente del mundo"

En una carta escrita durante aquel invierno de 1912, Rilke describió Ronda como una de las ciudades más antiguas y curiosas de España, asentada sobre dos mesetas de roca separadas por un abismo tallado por el río. Más de un siglo después, esa sorpresa sigue intacta para quien se asoma por primera vez al Tajo: la misma ciudad que le devolvió a un poeta bloqueado las ganas de escribir sigue esperando, tan salvaje y tan inesperada como entonces, a cada viajero que decide perderse en la Serranía.