¿Sabes en qué lugar de Asturias se unen el mar, el río y las montañas?

Un paseo por Ribadesella, la villa del oriente de Asturias famosa por el descenso de las piraguas

Noelia Ferreiro
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Raro es el día en que el Sella, el río que toma su última curva en Ribadesella, antes de volcarse en el mar, no amanece salpicado de canoas en distintos puntos de su trayecto. Raro es el día en que no se ven piragüistas ejercitando sus brazos, ya sea en los días más fríos y con una lluvia torrencial.

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Ribadesella es Ribadesella precisamente por esta imagen. Se entiende. El piragüismo, que nació en 1930 como una mera actividad recreativa, hoy da lugar en esta villa a una de las competiciones más importantes del planeta desarrolladas en el curso de un río. Por eso la estampa de sus deportistas marcarán para siempre a este lugar.  

Regreso triunfal

El Descenso del Sella (o Les Piragües en asturiano) se celebra el primer sábado de agosto y consiste en una carrera de canoas entre Arriondas y Ribadesella, a lo largo de unos 20 kilómetros repletos de rápidos, curvas y cambios de nivel. Hasta aquí la parte deportiva. Porque también es una auténtica fiesta, declarada de Interés Turístico Internacional, con gran celebración popular, música en vivo, barras en plena calle y muchísima animación.

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Este año ocurre un hecho importante: es la vuelta de la fiesta por todo lo alto, tras el parón que supuso la pandemia en las dos últimas ediciones. El evento quedó truncado y se llevó la emoción de los festejos.

Bonitas vistas

Con mucha ansiedad y expectativa se aguarda su regreso en verano en esta bella localidad, encajada entre Llanes y Caravia y agraciada con el privilegio de ser el punto en el que confluyen el mar, el río y las montañas. El Cantábrico enfurecido, el río de las canoas y los escarpados Picos de Europa que recortan el horizonte.

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Una estampa que resulta particularmente hermosa desde lo alto del monte Corberu, a los pies de la Ermita de la Guía, donde el pueblo parece pequeñito. Hay que descender después para emprender paseos a pie de calle y comprobar que es, sin embargo, grande en muchas sorpresas.

Paseos aristocráticos

Si el tiempo apremia, se puede pasear por sus playas, a pie de mar. La de la Atalaya, a la que se accede desde el casco urbano, y la de Santa Marina, el alma de la ciudad. Pero si no, se pueden emprender bonitas caminatas a lo largo y ancho del casco urbano.

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Una de ellas es el Paseo de la Grúa, donde encontramos lo que se ha dado en llamar Ruta Histórica, una suerte de museo al aire libre que, con los dibujos del gran humorista gráfico Antonio Mingote y el guion del escritor local, Toni Silva, retrata los momentos cruciales del concejo. Este simpático relato, inaugurado en el año 2007, está compuesto por seis grandes murales de cerámica en tonos azules y sepia.

Casonas deslumbrantes

Otro paseo es el que lleva por nombre Princesa Letizia en honor a la hoy reina, que pasó en este pueblo los veranos de su infancia. Aquí sale al paso la impresionante sucesión de palacetes del siglo XIX, que son la herencia de cuando el Cantábrico era el balneario de la aristocracia

Entre todos, nos quedamos con Villa Rosario, la máxima expresión de la arquitectura indiana: torres asimétricas, tejados de tejas vitrificadas con forma de escamas y una fachada tan azul como ese mar al que se asoma.

Construido en 1914 por Antonio Quesada, un almacenista de tabaco que había hecho fortuna en Cuba, hoy no sólo es el hotel más elegante de Ribadesella sino que también alberga uno de los restaurantes mas solicitados del momento: Ayalga, proyectado por el chef Marcos Granda y poseedor de una Estrella Michelin.