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Esta Reserva de la Biosfera andaluza esconde una flor única en el mundo: el Parque Nacional que le da nombre tiene 20 rutas para recorrerlo

Entre juncales y arroyos de alta montaña, a más de 1.400 metros, crecen los últimos 24.000 ejemplares de una flor amarilla que solo existe en tres sierras del sureste andaluz. El Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada guarda, además, más de 20 senderos señalizados entre pinares, robledales y encinares centenarios.

Una flor que crece en uno de los Parques Naturales más impresionantes de España.

Una flor que crece en uno de los Parques Naturales más impresionantes de España. / Istock

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Hay una flor que florece cada primavera en apenas cuatro puntos del mundo, y ninguno de ellos está fuera de España. No se vende en floristerías, no se cultiva en jardines, y quien intente arrancarla de su hábitat está poniendo en riesgo a una de las poblaciones vegetales más reducidas de toda la península. Sobrevive en praderas encharcadas, entre juncos y manantiales, a una altitud donde la nieve tarda semanas en derretirse.

Vista panorámica de Sierra Nevada.

Vista panorámica de Sierra Nevada. / Istock

Su reparto es tan limitado que cabría en un mapa del tamaño de una servilleta: tres sierras béticas, tres poblaciones aisladas, unos 24.000 individuos en total. Y sin embargo, el territorio que la acoge es uno de los más extensos y visitados de Andalucía: 85.883 hectáreas repartidas entre Granada y Almería, con el techo de la península asomando por encima de los 3.400 metros. Ahí, entre bosques centenarios que nada tienen que ver con el hábitat de la flor, se despliega una red de senderos que rara vez se cruza en el mismo relato con el pequeño narciso amarillo que la naturaleza decidió esconder en sus praderas más altas. Ese cruce, el de la flor amenazada y los bosques que la rodean, es el que hoy te contamos.

El Parque Nacional de España que es un paraíso para el senderismo: está declarado Patrimonio Mundial y tiene rutas a más de 3.300 metros de altura

Adriana Fernández

Una flor que cabe en tres sierras y en ninguna más

El Narcissus nevadensis, conocido como narciso de Sierra Nevada, es una planta bulbosa perenne de entre 15 y 30 centímetros, con flores amarillas o amarillo pálido y una corona algo más intensa, entre una y cuatro por tallo. Pertenece a la familia Amaryllidaceae y florece entre marzo y mayo, según la altitud y la sierra concreta.

Narcissus nevadensis en Sierra Nevada.

Narcissus nevadensis en Sierra Nevada. / Istock

Conviene desmontar aquí una idea extendida: no es una flor de bosque ni crece entre pinos y encinas. Su hábitat real son las zonas húmedas y encharcadas de alta montaña, entre 1.400 y 2.300 metros, sobre praderas de juncos y herbazales, junto a arroyos y manantiales que no se secan ni en pleno verano. Es un ecosistema completamente distinto al de los bosques del parque, y separarlos ayuda a entender por qué esta planta ha sobrevivido en un puñado de enclaves tan concretos.

Narcissus nevadensis de Sierra Nevada.

Narcissus nevadensis de Sierra Nevada. / Istock

Tampoco es exclusiva de Sierra Nevada, aunque a menudo se simplifique así. La especie se reparte entre tres sierras de las Cordilleras Béticas: Sierra Nevada, Sierra de Baza y Sierra de los Filabres, esta última en Almería. Es endemismo bético, es decir que no crece en ningún otro punto del planeta fuera de estas tres sierras. Entre las cuatro poblaciones conocidas suma en torno a 24.000 ejemplares, una cifra que parece alta hasta que se compara con la superficie total en la que vive: apenas unas hectáreas de pradera húmeda, cada vez más escasas.

Campos de manantial y montañas nevadas de la Sierra Nevada

Campos de manantial y montañas nevadas de la Sierra Nevada / Istock / Josianne Toubeix

La especie figura en peligro en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía y en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas. Sus principales amenazas son la reducción de los hábitats húmedos de alta montaña, la recolección incontrolada por su atractivo ornamental y los cambios en el régimen hídrico que sostiene sus praderas. Existe, además, una tercera subespecie, el Narcissus nevadensis , exclusiva de la Sierra de Villafuerte, en Moratalla (Murcia), con apenas un centenar de ejemplares y catalogada en peligro crítico: una población completamente aparte, mucho más reducida y amenazada que la bética, que conviene no mezclar con la de Sierra Nevada. Para frenar el declive, el parque mantiene un banco de semillas propio, coordinado con el Banco de Germoplasma Vegetal Andaluz, y un plan de recuperación que trabaja en el reforzamiento de las poblaciones existentes.

Los Cahorros, Sierra Nevada.

Los Cahorros, Sierra Nevada. / Istock

Bosques centenarios y más de 20 rutas para recorrerlos

Sierra Nevada es la única montaña mediterránea española que reúne todos los pisos bioclimáticos, del termomediterráneo al crioromediterráneo, y esa variación se nota en cada tramo de sus senderos. En las cotas bajas y medias se extienden encinares, robledales de roble melojo, castañares y pinares; más arriba, el paisaje cambia a matorral de alta montaña, piornales y enebros rastreros; junto a los cursos de agua aparecen alisedas y bosques de ribera que sirven de frontera natural con las praderas húmedas donde crece el narciso.

Aquí encontrarás algunos de los bosques más frondosos de España.

Aquí encontrarás algunos de los bosques más frondosos de España. / Istock

El parque suma más de 20 senderos señalizados repartidos entre la vertiente granadina y la almeriense. El de Hoya de la Mora hasta los Lagunillos de la Virgen, de 12,6 kilómetros, es uno de los más transitados. En Monachil, un tramo del sendero del Sulayr atraviesa pinares, encinares y un robledal poco conocido incluso entre quienes visitan la sierra habitualmente. La Dehesa de San Juan conserva uno de los robledales mejor cuidados del parque nacional, mientras que la Dehesa del Camarate está considerada uno de los bosques mixtos mejor conservados de toda Andalucía, con una otoñada que atrae cada año a fotógrafos y senderistas. Desde Lanjarón, otro trazado sube hasta el bosque de Tello, resultado de repoblaciones forestales antiguas que hoy forman una masa arbórea consolidada. A estos se suman rutas como Monterreal, La Cebadilla, la Vereda de la Estrella, los Prados de la Ragua o el Encinar de Abrucena. El centro de visitantes de El Dornajo funciona como punto de información y como salida natural de buena parte de estos itinerarios.