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La región donde veranea la élite de Madrid tiene playa, montaña y una de las mejores gastronomías de España: aquí están algunas de las viviendas más cotizadas del norte

La tradición del veraneo en Santander, los pueblos marineros y la cercanía de los Picos de Europa mantienen vivo el atractivo de un destino que sigue figurando entre los más codiciados del Cantábrico.

Muchos eligen esta comunidad como refugio estival lejos del calor de Madrid

Muchos eligen esta comunidad como refugio estival lejos del calor de Madrid / Istock / 5

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Pocas regiones españolas reúnen tantos ingredientes en un territorio relativamente pequeño. En apenas una hora de viaje es posible pasar de una playa de arena dorada a un puerto pesquero centenario, recorrer un bosque atlántico y terminar el día contemplando las cumbres de los Picos de Europa. ¿Adivinas de qué región hablamos?

La región del norte que conquista cada verano a la élite de Madrid

La región del norte que conquista cada verano a la élite de Madrid / Istock / t

Está claro: ¡Cantabria! Lleva más de un siglo siendo uno de los destinos de veraneo favoritos de muchas familias madrileñas y algunas de sus zonas costeras concentran hoy algunas de las viviendas más cotizadas del norte de España. Pero no se ha puesto de moda recientemente. La relación entre Madrid y Cantabria comenzó a consolidarse a finales del siglo XIX y alcanzó su máximo esplendor cuando el rey Alfonso XIII convirtió el Palacio de la Magdalena en residencia estival de la familia real. Aquella decisión transformó Santander en uno de los grandes centros del veraneo español y atrajo a aristócratas, empresarios y alta burguesía, una tradición que (por supuesto, con matices) sigue muy presente.

La región donde veranea la clase media de España tiene las mejores playas vírgenes del país y chiringuitos donde comer una buena paella frente al mar: sus puestas de sol son infinitas

Sara Fernández García

Una tradición de verano que comenzó hace más de un siglo

La historia del veraneo elegante en Cantabria no puede entenderse sin Santander. La ciudad vivió una profunda transformación cuando la familia real empezó a instalarse cada verano en el Palacio de la Magdalena, construido entre 1909 y 1911 gracias a una suscripción popular promovida por el Ayuntamiento de Santander como regalo para Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Y, como ocurre cada vez que la realeza convierte a un destino en su favorito, la ciudad se convirtió en punto de encuentro de la aristocracia, la nobleza y buena parte de la alta sociedad española. En torno a las playas de El Sardinero comenzaron a levantarse hoteles, casinos, villas y residencias de verano que siguen formando la imagen actual de la ciudad.

Santander, un viaje a la Belle Époque

Santander, un viaje a la Belle Époque / Istock / 5

Con el paso de las décadas, cambiaron los nombres de quienes ocupaban aquellas casas, pero la costumbre de pasar el verano en Cantabria nunca desapareció y muchas familias madrileñas continúan regresando cada año a la comunidad, ya sea a Santander o a otros municipios de la costa.

Como era de esperar, ese interés también se refleja en el mercado inmobiliario. Las zonas más exclusivas de Santander, especialmente El Sardinero, Puerto Chico, Valdenoja o Cueto, concentran algunas de las viviendas más cotizadas del norte de España, con chalés que alcanzan precios superiores al millón de euros en las ubicaciones más privilegiadas.

A diferencia de otros grandes destinos de verano asociados al lujo, la imagen de Cantabria no gira alrededor de grandes puertos deportivos o urbanizaciones espectaculares. Aquí el lujo son antiguas villas frente al mar, elegantes paseos marítimos, hoteles históricos, clubes náuticos y residencias familiares que van pasando de generación en generación. Es un lujo mucho más discreto, pero que nada tiene que envidiar al de otros lugares más llamativos.

Playa, montaña y una gastronomía difícil de igualar

Vista aérea del acantilado de la ciudad de Santander

Vista aérea del acantilado de la ciudad de Santander / Istock / 5

Si la élite encontró en este punto de nuestra geografía su destino perfecto para pasar el verano, no era solo porque allí estuviese la realeza. La verdadera explicación del éxito de Cantabria está en su enorme diversidad, pues en pocas comunidades se puede desayunar frente al mar y, apenas una hora después, recorrer senderos entre hayedos o contemplar las grandes paredes calizas de los Picos de Europa.

Lo de sus playas merece una mención aparte: Somo, Langre, Oyambre o Liencres son solo algunas de ellas, pero en esta zona se pueden encontrar desde amplios arenales urbanos hasta espacios naturales prácticamente intactos. Muy cerca se encuentran algunos de los pueblos más conocidos del norte peninsular, como Comillas, Santillana del Mar, San Vicente de la Barquera o Castro Urdiales.

Bahía de la villa turística de San Vicente de la Barquera en Cantabri

Bahía de la villa turística de San Vicente de la Barquera en Cantabri / Istock / Ion Sadfi

A ello se suma una gastronomía que es de las más valoradas del país (eso no es posible ponerlo en duda). Se nos hace la boca agua pensando en las anchoas de Santoña, el bonito del norte, el marisco del Cantábrico, los sobaos pasiegos, la quesada o los quesos artesanos. ¿Qué más se puede pedir?