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La región donde veranea la burguesía catalana desde hace un siglo: calas de pinos hasta el agua y pueblos de pescadores reconvertidos en refugios discretos

Uno de los tramos más bonitos de toda la Costa Brava, en el que se encuentran algunos de los pueblos costeros más bonitos de todo el litoral catalán.

La idílica zona de la Costa Brava donde veranea la burguesía catalana

La idílica zona de la Costa Brava donde veranea la burguesía catalana / Istock / georgeclerk

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Entre los catalanes existe una broma que decimos cada vez que vamos de viaje a algún lugar de playa donde, por más bonito que sea el paisaje, la Costa Brava siempre es mejor. Quienquiera que haya estado por allí alguna vez sabe que esto es bien cierto; extendiéndose entre los pueblos de Blanes y Portbou, el litoral de la provincia de Girona es uno de los más bonitos que podemos encontrar en todo el mundo, con sus playas y calas paradisíacas, acantilados cubiertos de pinos, pueblos marineros de casas blancas, y las postales tan bonitas que crean las barcas navegando por el mar. Algo que también tiene la Costa Brava es que, en la gran mayoría de sus pueblos y rincones, se respira un ambiente de lo más relajado y discreto, atrayendo desde hace décadas a muchas de las familias de la burguesía catalana.

La Costa Brava está llena de rincones paradisíacos

La Costa Brava está llena de rincones paradisíacos / Leyre

Aunque es a lo largo de todo el litoral de la Costa Brava que estas familias han encontrado un refugio discreto para pasar el verano, hay un tramo en concreto que realmente es perfecto, pues los pueblos tienen todavía esa esencia pescadora que tan bien define los pueblos de la zona, pero a su vez han sabido como mantenerse a la orden del día. Se trata del tramo de costa que se extiende entre Palafrugell y Begur, dos de los pueblos más bonitos y emblemáticos no solo de la Costa Brava, sino de todo el territorio catalán.

Ni Santillana del Mar, ni Aínsa: el pueblo medieval más bonito de España tiene un recinto amurallado, está declarado Conjunto Histórico-Artístico y sus vistas a la Costa Brava son preciosas

Adriana Fernández

El Empordà en estado puro

Hay una región dentro de la comarca del Baix Empordà conocida como l’Empordanet, una zona del interior conformada por pueblos medievales que aún conservan el encanto de sus raíces, y los cuales suponen auténticos oasis de tranquilidad tanto para los locales como para aquellos que veranean en ellos. Similar a esta zona, el trozo de costa que se extiende entre los pueblos costeros de Palafrugell y Begur, ambos con sus propias playas y barrios de pescadores en los que parece que nada malo pueda suceder jamás, es una de las zonas más espectaculares que hay en toda la Costa Brava.

Vista aérea del casco antiguo de Begur

Vista aérea del casco antiguo de Begur / Istock / Xantana

A pesar de ser famosos por ser villas marineras, los pueblos de Palafrugell y Begur, con una población de 24.500 y 5.000 habitantes, respectivamente, se sitúan un poco hacia el interior, a unos 5 kilómetros aproximadamente de la línea de la costa. Son en realidad sus núcleos de población costeros los que atraen todas las miradas; los pueblecitos de Calella de Palafrugell, Llafranc y Tamariu (pertenecientes al municipio de Palafrugell), y Fornells, Sa Tuna, Aiguafreda y Sa Riera (pertenecientes al municipio de Begur) son las verdaderas joyas de la corona.

Estos pueblos no solo son destinos de veraneo de muchísimos catalanes, sino que, desde hace décadas (cuando comenzó a prosperar la industria del corcho de la zona), es el lugar de preferencia de muchas de las familias de las clases altas y la burguesía catalana. Por eso, junto con las casas de arquitectura marinera tradicional, podemos encontrar cantidad de casas de aspecto lujoso y grandioso.

Calella de Palafrugell es uno de los núcleos de población de Palafrugell

Calella de Palafrugell es uno de los núcleos de población de Palafrugell / Istock / Eloi_Omella

¿Es posible morir de éxito?

Tal es el éxito que Palafrugell y Begur tienen como pueblos de veraneo que, durante la época estival, la cifra de habitantes en cada uno de ellos alcanza los 60.000 y 40.000 habitantes, respectivamente. Es por esto que, aunque de algún modo siguen manteniendo esa atmósfera idílica, la sobresaturación de visitantes puede llegar a ser incluso asfixiante, dificultando la posibilidad de dar un paseo por las callejuelas del pueblo y simplemente relajarse en cualquiera de sus playas.

Durante la época de verano, la población llega a multiplicarse por 10

Durante la época de verano, la población llega a multiplicarse por 10 / Istock / Damocean

Un recorrido por las magníficas playas

Si nos fijamos en el municipio de Palafrugell, son 4 las playas principales que se extienden en su tramo de litoral. Las playas del Port Bo y el Canadell, ambas en Calella, son las dos quizás más apreciadas por los veraneantes, cubiertas de fina arena dorada y con las casas de pescadores protegiéndolas. También dentro del término de Calella se encuentran las calas de Sant Roc, la Foradada y el Golfet, más apartadas del núcleo urbano y rodeadas de acantilados y pinos. Los pueblos de Llafranc y Tamariu cuentan con sus propias playas; extensos arenales perfectos para disfrutar de un buen día de sol y mar.

El pueblo de Tamariu crea un rincón lleno de belleza

El pueblo de Tamariu crea un rincón lleno de belleza / Istock / pkazmierczak

Pasando ya al municipio de Begur, también son 4 las playas más importantes. La más conocida de todas, y protagonista de millones de fotos, es la playa de Aiguablava, un enclave idílico, protegido de los vientos por los acantilados y lenguas de tierra que se adentran al mar, y con la curiosidad de que, en su fondo marino se puede ver la réplica de unas ánforas romanas que se encontraron allí hace años. Al lado de la playa de Aiguablava se extienden otras pequeñas calas – el Port d’Esclanyà, Fornells, la Cala Malaret y la Playa Fonda – de igual belleza. Los núcleos de Sa Tuna, Aiguafreda y Sa Riera, los pueblos pesqueros de Begur, albergan también playas de belleza maravillosa, con arenales bañados por las tranquilas aguas turquesa del Mediterráneo y aislados del mundo gracias a la barrera de pinos que las protege.

Vista de la bahía de Aiguablava, con Fornells, Malaret y la Fonda

Vista de la bahía de Aiguablava, con Fornells, Malaret y la Fonda / Istock / Pablo Sebastian Intelisano

Rincones secretos

Aunque a todos estos pueblos se puede llegar perfectamente en coche, una muy buena manera de recorrerlos es a través del emblemático Camino de Ronda que, bordeando los acantilados que colindan con el mar, conectan todos estos rincones tan mágicos, ofreciendo uno de los paseos más fantásticos de la zona. Pero la mejor manera para descubrir esta costa es en barca. Todas las playas de la zona cuentan, además de con pequeños puertos, con campos de boyas en los que los locales amarran sus barcas, con las cuales navegan costa arriba y abajo, adentrándose en las recónditas calas aisladas que también se encuentran excavadas entre los acantilados y que suponen un verdadero oasis de tranquilidad.