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El refugio de Najwa Nimri (54 años) es un vagón de tren de los años 40 en un pueblo del sur de Ávila: "Por dentro es como un salón de los años 20 y el jardín, lleno de bambú, parece Miami"

Hay una parte de Ávila donde crece la chirimoya en enero y un vagón de tren de los años 40 hace de casa. La actriz más hermética del cine español lo lleva guardando en secreto desde hace casi una década.

El refugio de Najwa Nimri es nada más y nada menos que un vagón de tren perdido en Ávila.

El refugio de Najwa Nimri es nada más y nada menos que un vagón de tren perdido en Ávila. / Istock

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Najwa Nimri ha pasado media vida construyendo personajes que no dan explicaciones. Zulema Zahir no las daba en Vis a vis, Alicia Sierra tampoco en La casa de papel, y en Respira, la serie de Netflix que estrenó su segunda temporada en 2025, sigue eligiendo papeles que se resisten a ser descifrados del todo. Hace unos meses se sentó en La Revuelta y soltó, con esa media sonrisa que nunca se sabe si es broma o confesión, que había perdido unos doce millones y medio de euros. Lo dijo como quien habla del tiempo. Nadie en el plató supo si reír o tomar nota.

Su casa vagón está en Ávila, pero la cantante no ha declarado el sitio concreto para preservar su intimidad.

Su casa vagón está en Ávila, pero la cantante no ha declarado el sitio concreto para preservar su intimidad. / Istock / Miguel Angel Redondo Galvan

Esa misma mujer que convierte cada aparición pública en un ejercicio de misterio guarda, desde hace años, un secreto mucho menos ruidoso: su refugio real no es una casa con jardín en Madrid ni un apartamento de actriz consagrada. Es un vagón de tren de los años 40, de los que hacían el trayecto entre París y Lisboa, plantado sobre un terreno en el sur de la provincia de Ávila. Alrededor, en vez de la Castilla fría y amurallada que todo el mundo imagina cuando piensa en esta provincia, hay bambú creciendo como si estuviera en otro continente y un microclima que hace que enero aquí no se parezca en nada al enero de la capital de provincia.

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Adriana Fernández

El vagón como objeto y como filosofía

Un vagón no es una casa. Eso es lo primero que hay que entender de la elección de Najwa Nimri. Una casa se construye pensando en habitaciones, en metros cuadrados, en la lógica de lo doméstico. Un vagón viene con su propia historia ya escrita: décadas recorriendo Europa, pasajeros que subieron en una estación y bajaron en otra, un pasado que no se puede comprar ni fingir. Ella lo describió así en una entrevista para la revista AD: "Mi refugio está en Ávila, es un vagón de tren de los 40 que hacía el recorrido París-Lisboa. Por dentro es como un salón de fumadores de los años 20 y el jardín, lleno de bambú, parece Miami." Y añadió una intención que dice más de ella que cualquier titular de prensa: quería reformar la cocina siguiendo el estilo del arquitecto John Lautner.

¿Imaginas una casa en el interior de un vagón de tren?

¿Imaginas una casa en el interior de un vagón de tren? / Istock

El nombre no es casual. Lautner fue el discípulo de Frank Lloyd Wright que llevó la arquitectura orgánica a su versión más extrema en California: la Chemosphere colgada sobre una ladera de Los Ángeles, la Elrod House en Palm Springs con su techo de hormigón abierto al desierto, la Sheats-Goldstein Residence excavada en la roca. Son casas que parecen haber crecido del terreno en vez de haber sido construidas sobre él. Que una actriz conocida por su hermetismo sueñe con llevar ese lenguaje futurista a la cocina de un vagón de los años 40 rodeado de bambú dice algo muy concreto sobre su idea del refugio: no es un lugar para desaparecer, es un lugar para seguir inventando. No se sabe, a día de hoy, si esa reforma llegó a ejecutarse.

El Valle del Tiétar como destino

La provincia de Ávila tiene una reputación bien ganada de frío castellano, murallas y meseta. Nadie espera que en su extremo sur, en la cara que mira hacia el Tiétar y da la espalda a la Sierra de Gredos, exista lo que algunos llaman la Riviera avileña: un valle donde los inviernos son suaves, los veranos se templan por la altitud y los cultivos de aguacate, cítricos y chirimoya conviven con los almendros y los olivos. Es la misma provincia, pero es otra provincia. Ese contraste -la nieve en las cumbres del Almanzor visible desde una carretera bordeada de frutales tropicales- es probablemente el mayor secreto geográfico de Castilla y León.

Arenas de San Pedro es uno de los lugares que, sí o sí, debes visitar en Ávila.

Arenas de San Pedro es uno de los lugares que, sí o sí, debes visitar en Ávila. / Istock

Arenas de San Pedro es la puerta de entrada natural. Tiene el Castillo de la Triste Condesa, del siglo XV, donde estuvo recluida la viuda del condestable Álvaro de Luna, y el Palacio de Don Luis de Borbón, del XVIII. A las afueras, la Cueva del Águila esconde estalactitas de hasta siete metros que se visitan con guía. Desde ahí, la carretera sube hacia Mombeltrán, uno de esos pueblos amurallados que parecen decorado de rodaje: su castillo medieval, de los Señores de Mombeltrán y más tarde de los obispos de Ávila, se conserva en un estado que sorprende incluso a quien ya ha visto muchos castillos españoles.

Otro imprescindible: el río Tietar.

Otro imprescindible: el río Tietar. / Istock

El río Tiétar añade la parte de agua fría y de verano: las Chorreras de Ramacastañas, El Raso y Guijo de Santa Bárbara ofrecen pozas que los madrileños que conocen la zona guardan casi como secreto de familia. Y en el límite mismo con Madrid, en El Tiemblo, esperan los Toros de Guisando: cuatro esculturas de granito de origen celtibérico, del siglo II antes de Cristo, declaradas Bien de Interés Cultural. En 1468 se firmó allí el tratado que designó a Isabel, la futura Reina Católica, sucesora de su hermano Enrique IV. Un aperitivo histórico antes de entrar en el valle propiamente dicho.

Todo lo que necesitas saber para viajar a esta región de Ávila

  • Cómo llegar: en coche desde Madrid, alrededor de una hora y media por la A-5 y la N-502, o por la A-6 y la C-501. No hay transporte público directo a los pueblos del interior del valle, así que el coche es prácticamente obligatorio.
  • Qué ver: Arenas de San Pedro con su castillo y su cueva, las pozas del Tiétar en Ramacastañas y El Raso, Mombeltrán amurallado, los Toros de Guisando como parada histórica de camino desde Madrid.
  • Gastronomía: chivo serrano, judías del Barco de Ávila, truchas del Tiétar y miel de Gredos son los productos que definen la mesa de la zona; conviene confirmar sobre el terreno los establecimientos concretos donde probarlos.
  • Mejor época: primavera y otoño para el paisaje, julio para disfrutar de las pozas con agua todavía fría, evitando agosto, cuando la masificación cambia el carácter tranquilo del valle.

Quien planea reformar la cocina de un vagón de tren al estilo de un arquitecto futurista de California no está huyendo del mundo. Está construyendo otro, a su manera, en el sitio menos esperado del mapa.