¿Reconoces estos lugares emblemáticos de España hace 200 años?

El paso del tiempo se percibe en las ciudades, repletas de lugares emblemáticos que son insignia de cada una de ellas.

Hace dos siglos los lugares más emblemáticos de España lucían tan diferentes que son difíciles de identificar
Hace dos siglos los lugares más emblemáticos de España lucían tan diferentes que son difíciles de identificar / Istock / bauhaus1000

Corrían tiempos difíciles en España -cosa que rara vez no ocurre-, la antigua monarquía absoluta fue sustituida por una parlamentaria y basada en la recién aprobada Constitución de 1808. El bienestar del pueblo comenzaba a tenerse en cuenta y aquello se reflejaba también en la conformación de las ciudades, que comenzaban a modernizarse a pasos agigantados de la mano de una industria mucho más avanzada y una población concienciada.

Aunque las guerras y alguna que otra revolución alteraron la tranquilidad de aquel país cambiante, donde aún reinaban el miedo y la escasez, se asentaron grandes premisas para conformar todo lo que hoy percibimos como normal. Urbes como Madrid o Barcelona ya apuntaban maneras de ser importantes centros neurálgicos españoles. Si paseáramos en el siglo XIX por esas calles que hoy nos conocemos al dedillo, probablemente no las reconoceríamos.

Plaza Mayor de Madrid

La capital lucía de una manera radicalmente distinta a la actual. De hecho, no era ni siquiera una ciudad, sino una villa con menos de 200.000 habitantes. A día de hoy alberga una de las plazas más populares del mundo, la Plaza Mayor, que antes contaba con árboles y una fuente en el centro. Su origen como tal se remonta al siglo XVI, cuando Felipe II idea una reforma que continúan sus sucesores Felipe III y Carlos II. El siglo XIX fue una época clave tanto para la ciudad como para la plaza.

La Plaza Mayor de Madrid en el siglo XIX

La Plaza Mayor de Madrid en el siglo XIX

/ Istock / KenWiedemann

Con el tiempo fueron cambiando sus usos, pasando por ser el centro de la Corte y Villa e incluso donde se celebraban actos religiosos y hasta ejecuciones públicas. En 1812 pasó a denominarse Plaza de la Constitución, más tarde Plaza Real para volver a ser Plaza Mayor y después Plaza de la República. Aunque los cambios de nombre han sido muchos, siempre se ha llamado popularmente Plaza Mayor. Fue también en el siglo XIX cuando Isabel II mandó trasladar la famosa estatua ecuestre desde la Casa de Campo, uno de sus mayores símbolos.

Puente Romano de Córdoba

Como su nombre indica, este puente sobre el río Guadalquivir fue erigido durante la ocupación romana. Une el barrio del Campo de la Verdad con el de la Catedral y durante 20 siglos fue el único que existía en Córdoba, hasta la construcción del puente de San Rafael a mediados del siglo XX. Actualmente, se conoce como puente Viejo, con una longitud de unos 331 metros y compuesto por 16 arcos -aunque originalmente fueron 17-. Su última remodelación fue en 2008.

El Puente Romano de Córdoba en el siglo XIX

El Puente Romano de Córdoba en el siglo XIX

/ Istock / Hein Nouwens

La Córdoba del siglo XIX era diferente de la actual, pero también de la romana. En aquella época tenía unos 40.000 habitantes que vivían de forma precaria, pero la entrada del nuevo siglo trajo consigo mejoras como la renovación del empedrado, las aceras, la recogida de basuras o el alumbrado público de gas. También surgieron industrias que enriquecieron la ciudad y la población que entonces habitaba aquellas calles dejó de ser rural para pasar a ser más urbanita y pudiente.

La Rambla de Barcelona

La Rambla barcelonesa es el paseo más conocido de la Ciudad Condal, que discurre entre la plaza de Cataluña y el puerto antiguo. Está siempre lleno de gente, día y noche, igual que lo estaba hace 200 años. En aquella época sufrió algunos cambios importantes, como la desamortización y sucesiva desaparición de conventos en 1835, las plantaciones de acacias en lugar de los olivos y la inauguración de la Fuente de Canaletas, además de la venta de flores que se hacía allí mismo.

Anticuario de la Rambla de Santa Mónica en el siglo XIX

Anticuario de la Rambla de Santa Mónica en el siglo XIX

/ Istock / ilbusca

Barcelona tenía fama de ser algo sangrienta hacia el 1800. Cargando aquella característica, pero tratando de dejarla de lado, se acabó convirtiendo en la ciudad que albergó la Revolución Industrial más marcada de España, desarrollando un sector textil fuerte que ha dejado rastro hasta nuestros días. Así como la urbe más representativa del Modernismo. Se inaugura también una etapa cultural bajo el nombre de la Renaixença, cuyo objetivo es renovar el catalán como lengua literaria. En definitiva, un cambio radical que conformó la Barcelona que conocemos hoy.

Ayuntamiento de Bilbao

Al contrario que los anteriores monumentos, esta casa consistorial era la misma en 1892 que en 2024. Sin embargo, se fundó en el año 1300 y se reconstruyó cuatro veces hasta llegar a esta, obra del arquitecto Joaquín Rucoba, que también diseñó otros edificios bilbaínos como el Teatro Arriaga y la Alhóndiga municipal. El ayuntamiento destaca por su decoración ecléctica, sobre todo su interior donde lo que sobresale es el Salón Árabe de José Soler, que presenta imitaciones de mármol, madera y marfil.

El Ayuntamiento de Bilbao en 1898

El Ayuntamiento de Bilbao en 1898

/ Istock / Grafissimo

Como todas las grandes ciudades, Bilbao vivió una época de desarrollo sin precedentes, basada en la explotación de las minas de hierro, el comercio, la actividad portuaria y los grandes astilleros. Fue cuando se impulsó el mayor proyecto urbanístico hasta el momento y se crearon edificios como el Banco de Bilbao y el de Bizkaia, la Bolsa, el Teatro Arriaga inspirado en la Ópera de París o el actual Ayuntamiento, que se erige como si no hubiera pasado el tiempo por él.

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