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Las raíces de Zahara (42 años) es la ciudad con más monumentos por metro cuadrado de España: lleva sus sonidos "tatuados en el cerebro"

Zahara reinventa su repertorio en la gira "Zaharave: El Glitch", pero el sonido que de verdad la define no ha cambiado desde la infancia: el de las procesiones de su Úbeda natal.

Las raíces de Zahara están en una ciudad renacentista declarada Patrimonio de la Humanidad.

Las raíces de Zahara están en una ciudad renacentista declarada Patrimonio de la Humanidad. / Istock

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Zahara cerró en febrero de 2026 la gira de "Lento ternura" con un concierto que fue, más que una despedida, un repaso invertido a toda su carrera: de lo más reciente a lo más antiguo, hasta llegar a "Soy de un pueblo pequeño", que la artista dedicó esa noche a sus propios padres, presentes en la sala. Apenas unos meses después, Zahara ya está de gira con un espectáculo completamente distinto: "Zaharave: El Glitch", su apuesta más electrónica hasta la fecha, con la que recorre plazas de toros, festivales y salas de toda España este 2026, y en la que ha estrenado en directo "MARIMACHO", el nuevo himno de su etapa techno.

Sus raíces están en uno de los lugares más fascinantes de Andalucía.

Sus raíces están en uno de los lugares más fascinantes de Andalucía. / Istock

Pero por mucho que cambie el envoltorio —del pop más delicado a la pista de baile—, hay un sonido que Zahara no ha dejado nunca de llevar consigo, y que no tiene nada que ver con sintetizadores ni con cajas de ritmos. Es el de los metales de las bandas de cornetas y tambores que acompañan la Semana Santa de Úbeda (Jaén), la ciudad renacentista declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003 junto con la vecina Baeza, donde nació María Zahara Gordillo Campos el 10 de septiembre de 1983. Ese sonido, dijo la artista en una entrevista a efeeme.com, forma parte de lo que tiene "en mi cerebro tatuado desde" siempre.

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El sonido que no cambia con las giras

Da igual si el escenario es una plaza de toros con luces estroboscópicas o una iglesia con velas: el origen sonoro de Zahara sigue siendo el mismo, y ella misma lo ha verbalizado sin necesidad de metáforas. Las bandas de cornetas y tambores que recorren el casco histórico de Úbeda durante la Semana Santa dejaron una huella tan física como cualquier disco que grabaría después, y esa huella reaparece, año tras año, en "Soy de un pueblo pequeño", la canción que Zahara reserva para los momentos más personales de sus conciertos —como demostró al dedicarla a sus padres en el cierre de la gira de "Lento ternura".

Zahara estudió primaria en el Colegio Público Sebastián de Córdoba y música en el Conservatorio de Úbeda, antes de construir una carrera que pasaría por discos como "Santa" (2015), "Astronauta" (2018) o "PUTA" (2021) —este último, centrado en los abusos dentro de la industria musical, uno de los trabajos más determinantes de la música española reciente—. Ninguno de esos discos nació en Úbeda, y quizá por eso su ciudad natal funciona en su repertorio como un contrapunto: no el lugar al que ha llegado, sino el que nunca ha dejado de sonar de fondo.

Plaza Vázquez de Molina en Úbeda

Plaza Vázquez de Molina en Úbeda / Istock / Flavio Vallenari

Vandelvira, la Sinagoga oculta y cómo recorrer la ciudad

El patrimonio que envuelve esa infancia sonora lleva la firma de Andrés de Vandelvira, el arquitecto responsable de buena parte del perfil renacentista de Úbeda. La Plaza Vázquez de Molina concentra lo mejor de su obra: la Sacra Capilla del Salvador, de fachada plateresca, y el Palacio de las Cadenas, hoy sede del Ayuntamiento, que conviene no confundir con el cercano Palacio del Deán Ortega —hoy convertido en Parador de Turismo—, también de Vandelvira pero de trazado y función distintos. Fue precisamente ese conjunto el que la UNESCO reconoció en 2003 junto con Baeza.

Edificio sede del ayuntamiento de Úbeda

Edificio sede del ayuntamiento de Úbeda / Istock

Menos visible, pero igual de determinante, es la Sinagoga del Agua: un templo judío del siglo XIV —la datación se apoya en los primeros estudios arqueológicos, sin que exista aún un consenso cerrado— que permaneció oculto durante siglos tras los muros de una vivienda particular. Conserva su galería de mujeres y su baño ritual o mikveh, y ofrece una capa de la ciudad muy distinta de la piedra dorada de la plaza mayor.

Plaza de Andalucía en Úbeda

Plaza de Andalucía en Úbeda / Istock / Flavio Vallenari

Recorrer Úbeda no exige planificación compleja: la ciudad está bien comunicada por carretera con Madrid, Granada y Córdoba, y su casco histórico se camina de punta a punta en una mañana, dejando tiempo para el Paseo de las Murallas, con vistas sobre el valle del Guadalquivir. Para comer donde late el pulso local, los ochíos —pan con aceite, pimentón y matalahúva, relleno de morcilla, lomo en orza o pipirrana— tienen en la Taberna El Santo-La Casa del Ochío, en pleno centro histórico, una de sus referencias más constantes. Los andrajos, el guiso de tortas de harina con bacalao y hierbabuena, aparecen en varias tabernas del casco antiguo como plato de cuchara para después del paseo.

Entre plaza de toros y sintetizadores, entre "Lento ternura" y "El Glitch", Zahara sigue describiendo su vínculo con Úbeda con la misma frase, sin necesidad de actualizarla: hay sonidos que no se aprenden ni se olvidan, simplemente se quedan tatuados.