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Las raíces del único Nobel de Medicina español del siglo XIX están en un pueblo de 30 habitantes: "Un humilde lugar, enclavado por singular capricho geográfico"

Para llegar desde aquí hasta el resto de Navarra hace falta cruzar antes casi doce kilómetros de tierra aragonesa. Ese accidente geográfico dio al mundo la doctrina de la neurona.

Este pueblo de Navarra es el que vió crecer a uno de los científicos más importantes del mundo.

Este pueblo de Navarra es el que vió crecer a uno de los científicos más importantes del mundo. / Turismo de Navarra

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Hay un municipio navarro donde, para pisar suelo navarro, primero hay que atravesar casi doce kilómetros de comarca aragonesa. No es una curiosidad administrativa menor: es la naturaleza real de un enclave de 27,55 kilómetros cuadrados, encaramado a 841 metros sobre la Sierra Selva, completamente rodeado por la comarca zaragozana de las Cinco Villas. Ni un solo metro de su término roza la comunidad foral a la que pertenece desde hace ocho siglos.

Casa Museo de Ramón y Cajal

Casa Museo de Ramón y Cajal / Turismo de Navarra

En una casa modesta de su calle Mayor nació, el 1 de mayo de 1852, un niño que se marcharía de allí apenas dos años después y que jamás volvería a vivir en el pueblo. Medio siglo más tarde, ese niño recogería en Estocolmo el primer Nobel científico de la historia de España, por describir cómo se conectan entre sí las neuronas del cerebro humano. Hoy, ese municipio-isla apenas suma 29 vecinos según el último padrón, pero su nombre sigue circulando en cualquier facultad donde se estudie el sistema nervioso. Ese lugar se llama Petilla de Aragón.

El pueblo de Navarra que parece sacado de una película Disney

Redacción Viajar

Una deuda que Aragón nunca saldó

El origen de esta anomalía territorial se remonta a 1209, cuando el rey aragonés Pedro II pidió prestados 20.000 maravedíes a su vecino Sancho VII "el Fuerte" de Navarra. Como aval entregó el castillo de Petilla junto a otras fortalezas fronterizas, con un plazo de veinte años para devolver el préstamo. Pedro II murió en la batalla de Muret en 1213 sin haber pagado un solo maravedí, y su hijo Jaime I "el Conquistador", ocupado en conquistar Mallorca y Valencia, tampoco encontró el momento de saldar la deuda familiar. Cuando venció el plazo, Navarra ejecutó la garantía sin contemplaciones: en 1232 Jaime I reconoció oficialmente que Petilla, su castillo y el paraje vecino de Los Bastanes pasaban a soberanía navarra. Ahí siguen, ocho siglos después.

Ayuntamiento de Petilla de Aragón.

Ayuntamiento de Petilla de Aragón. / Turismo de Navarra

La fortaleza que motivó el litigio llegó a tener una guarnición de 31 hombres de a pie en 1362, y en 1383 el rey Carlos II de Navarra elevó la localidad a la categoría de villa. Poco quedó de aquel esplendor tras la guerra de Sucesión española: a comienzos del siglo XVIII, con Petilla del lado borbónico, las tropas contrarias arrasaron parte de su caserío y quemaron buena parte del archivo municipal. Con los siglos, el castillo perdió su función y se fue desmoronando sobre la peña que domina el pueblo, conocida como La Torreta; hoy apenas quedan unos surcos tallados en la roca a tres metros de altura.

El otro relato, el demográfico, no necesita batallas para resultar contundente: Petilla llegó a censar 662 habitantes en 1860 y todavía superaba los 400 cuando Cajal ganó el Nobel en 1906. El padrón actual marca 29 personas (INE 2025), la cifra más baja de su historia documentada.

Vista de Petilla de Aragón.

Vista de Petilla de Aragón. / Turismo de Navarra.

Tres pueblos, un mismo hallazgo

La casa donde nació Cajal, en plena calle Mayor, es hoy un pequeño museo con una exposición permanente instalada en la misma habitación donde vino al mundo: reproducciones de sus diplomas, condecoraciones y objetos personales acompañan paneles que explican cómo un niño que abandonó el pueblo a los dos años acabó revolucionando la neurociencia. A pocos metros, la iglesia de San Millán, de origen gótico y levantada en torno al siglo XIII, es el otro edificio que sobrevive de aquel pasado disputado entre dos reinos.

Calle de Petilla de Aragón.

Calle de Petilla de Aragón. / Turismo de Navarra.

Pero lo que distingue a Petilla de otros pueblos con casas natales de gente ilustre son dos redes que casi ningún visitante conoce. La primera es científica y bastante reciente: en 2005, un grupo internacional de neurocientíficos se reunió en Petilla para acordar una nomenclatura común con la que clasificar las interneuronas de la corteza cerebral. El resultado, publicado en 2008 en Nature Reviews Neuroscience, se conoce hoy en cualquier laboratorio del mundo como "Petilla terminology" - un homenaje directo al lugar de nacimiento de Cajal que convirtió el nombre del pueblo en un término de uso corriente en la literatura científica internacional.

Ermita en Petilla de Aragón.

Ermita en Petilla de Aragón. / Turismo de Navarra

La segunda red es más sentimental: la de las "Villas de Nobel". Desde 2018, Petilla está hermanada con Luarca, la localidad asturiana donde nació Severo Ochoa, el otro español -aunque ya nacionalizado estadounidense cuando recogió el galardón en 1959- en ganar un Nobel científico. En marzo de 2023 se sumó a la red Corteno Golgi, en Lombardía, cuna de Camillo Golgi, el científico italiano con quien Cajal compartió el Nobel de 1906. Tres pueblos diminutos, tres apellidos que reconoce cualquier estudiante de biología, unidos por una hermandad que rara vez aparece en las guías. Y conviene matizarlo: Ochoa se nacionalizó estadounidense en 1956 y nunca recuperó el pasaporte español, ni siquiera tras la dictadura, así que Cajal sigue siendo, formalmente, el único Nobel de Medicina que España pudo llamar completamente suyo.

Foz de Lumbier, un cañón en Petilla de Aragón

Foz de Lumbier, un cañón en Petilla de Aragón / Turismo de Navarra

Monasterios, castillos y pochas: la comarca que rodea el enclave

A poca distancia se despliega una comarca donde el románico y el paisaje pirenaico comparten protagonismo. El Monasterio de San Salvador de Leyre, con su cripta del siglo XI y su Porta Speciosa esculpida en el XII, guarda el panteón de los primeros reyes de Navarra y sigue habitado por una comunidad de monjes benedictinos que cantan en gregoriano varias veces al día. Muy cerca, el Castillo de Javier conserva la torre del homenaje y la habitación donde nació, en 1506, san Francisco Javier, patrón de Navarra; su capilla y su museo reciben cada año a miles de peregrinos durante las javieradas de marzo.

Castillo de Javier.

Castillo de Javier. / Turismo de Navarra

Sangüesa, cabecera de la comarca, aporta el otro gran hito artístico de la zona: la portada de la iglesia de Santa María la Real, considerada una de las cumbres del románico español y declarada monumento nacional en el siglo XIX. Sus columnas esculpidas narran el Juicio Final con un detalle que sorprende a quien la visita por primera vez, y su interior conserva un retablo plateresco del siglo XVI y una custodia procesional gótica entre las más antiguas de España.

Paisaje en los alrededores de Petilla de Aragón.

Paisaje en los alrededores de Petilla de Aragón. / Turismo de Navarra

La gastronomía de la zona tiene nombre propio: las pochas de Sangüesa, esa alubia blanca tierna que se cocina con las verduras de la huerta navarra y que ha dado fama a la localidad mucho más allá de sus fronteras. El cordero al chilindrón, con pimientos y tomate, es el otro plato que domina las cartas de la comarca. Para probarlos, el Restaurante Ciudad de Sangüesa, en pleno centro de la localidad, mantiene la cocina tradicional navarra con raciones generosas y un menú diario que sigue siendo la opción más socorrida entre peregrinos del Camino de Santiago y visitantes de paso.

Cajal describió su pueblo natal en sus memorias como "un humilde lugar de Navarra, enclavado por singular capricho geográfico" en pleno territorio aragonés. Nunca volvió a vivir allí, pero jamás negó el origen: una villa diminuta que, sin proponérselo, dio a España su primer Nobel de ciencia y sigue defendiendo, con apenas 29 vecinos, la memoria de tres científicos que cambiaron para siempre la manera de entender el cuerpo humano.