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Las raíces de Unai Simón (29 años) están en un pueblo de apenas un centenar de habitantes de Zamora: "Las vacaciones siempre las ha pasado aquí"

En San Marcial del Vino, una pedanía zamorana de poco más de cien vecinos, viven los abuelos paternos de Unai Simón. Allí pasó el portero todos los veranos de su infancia, y mientras él defiende la portería de España en el Mundial, el pueblo entero estará pendiente de la tele.

Un paseo por el pequeño pueblo que guarda las raíces de Unai Simón.

Un paseo por el pequeño pueblo que guarda las raíces de Unai Simón. / Istock

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Hay porteros que paran penaltis y hay porteros que, además, se llevan un país entero detrás cuando lo hacen. Unai Simón (Murguía, Álava, 11 de junio de 1997) es de los segundos. Este verano disputa su segundo Mundial consecutivo como portero titular de España, después de haberse impuesto en la pugna por la titularidad a David Raya y Joan García. Campeón de la Eurocopa de 2024, ganador del Trofeo Zamora al mejor portero de LaLiga esa misma temporada y de la Copa del Rey con el Athletic Club, su nombre lleva años pegado a las noches grandes de la selección española. Lo curioso es que ese apellido, Simón, no es vasco del todo: tiene raíces a más de 300 kilómetros de Vitoria, en una localidad zamorana tan pequeña que muchos españoles ni sabrían situar en el mapa.

Iglesia de San Marcia del Vino, en Zamora.

Iglesia de San Marcia del Vino, en Zamora. / Roinpa | Wikicommons

El vínculo no es de cartón piedra ni de esos que se inventan para una entrevista. El padre de Unai, Daniel Simón, es natural de San Marcial del Vino y tuvo que marcharse de joven cuando, como guardia civil, fue destinado al País Vasco. Pero la familia nunca cortó el cordón con el pueblo, y el niño que con los años se convertiría en el portero titular de España pasó allí buena parte de sus veranos de infancia y adolescencia, jugando al fútbol en la plaza con los chavales del lugar. Hoy, con España metida de lleno en el Mundial, en San Marcial seguro que hay alguna tele encendida con más nervios que en cualquier otro sitio.

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Los abuelos, la casa de la plaza y los veranos de la infancia

En San Marcial viven Carmen y Juan, los abuelos paternos de Unai, en una casa pegada a la plaza del pueblo. No son personajes secundarios de esta historia: cuando la Real Federación Española de Fútbol preparó el vídeo para anunciar la convocatoria de la Eurocopa de 2024, narrado por Rafa Nadal, ahí estaban ellos, representando ese lado de la vida del portero que no sale en las ruedas de prensa. "Las vacaciones siempre las ha pasado aquí", dicen los vecinos, y en San Marcial nadie lo discute.

Casa de San Marcial del Vino.

Casa de San Marcial del Vino. / Roinpa | Wikicommons

El viajero que llegue hasta aquí no encontrará monumentos ni carteles turísticos. Encontrará un pueblo pequeño, de calles tranquilas, en el que la vida sigue su ritmo de siempre. Y, si tiene suerte y pregunta a quien corresponda, encontrará también quien recuerde al chaval que cada verano aparecía por allí con su padre y se pasaba las tardes dando patadas a un balón. Según los registros parroquiales de la diócesis de Zamora, San Marcial cuenta con 123 habitantes, una cifra que, redondeada, encaja con eso de "un centenar" que tantas veces se repite cuando se habla del pueblo.

Daniel Simón sigue volviendo. El padre de Unai visita habitualmente la localidad zamorana para pasar tiempo con sus padres y practicar ciclismo, una de sus aficiones, y no es raro verlo recorrer las carreteras que rodean la Tierra del Vino con el casco puesto, como un vecino más que vuelve a casa.

El frontón donde empezó todo y un bar que ya es casi un museo

Antes de los guantes, hubo un balón y una plaza. Durante sus veranos de infancia, Unai jugaba al fútbol con sus amigos en la plaza del pueblo, y fue ahí, en el frontón, donde empezó a probarse en la portería mucho antes de imaginar que algún día detendría penaltis con la selección. De hecho, jugó como portero de fútbol en San Marcial del Vino antes de que nadie en el pueblo supiera lo que vendría después.

Esa historia no ha pasado desapercibida. En el centro del pueblo, el Bar El Cruce se ha convertido en una pequeña capilla particular dedicada al portero. Su decoración está prácticamente volcada en Unai Simón, con camisetas y recuerdos que su propietario, Javier Martín, conserva como quien guarda algo de la familia. Entre esos recuerdos hay una camiseta del Athletic Club que el propio Unai cedió a su vecino, un gesto que en un pueblo de poco más de un centenar de personas se cuenta de generación en generación. Cada partido del Mundial, lo más probable es que en este bar se viva como si jugara uno de los suyos. Porque, en realidad, juega uno de los suyos.

San Marcial del Vino forma parte del municipio de El Perdigón, en la comarca de la Tierra del Vino, en la zona meridional de la provincia de Zamora. Desde aquí, Zamora capital queda a un cuarto de hora escaso, lo justo para combinar la visita al pueblo con una mañana de paseo por la ciudad del románico. Alrededor, el paisaje es el típico del sur del Duero: campos de cereal que se extienden hasta donde alcanza la vista, viñedos salpicados y esa luz castellana que cambia de color según la hora del día.

Lo que se come por aquí: del bar del pueblo a la mesa zamorana

Si hay una zona de España donde la cocina de cuchara y el vino van de la mano, es esta. La Tierra del Vino de Zamora es, como su nombre indica, territorio de viñedos, y en San Marcial y sus alrededores los vinos amparados por la DO Tierra del Vino de Zamora —elaborados sobre todo con tempranillo, garnacha y verdejo— acompañan una gastronomía sin artificios, pensada para el frío del invierno y para reponer fuerzas después de trabajar el campo.

Bar El Cruce, en San Marcial del Vino.

Bar El Cruce, en San Marcial del Vino. / D.R.

En el Bar El Cruce, además de la decoración futbolera, se puede tomar algo mientras se charla con los vecinos, que estos días de Mundial seguro que tienen pocas ganas de hablar de otra cosa. Para quien busque una comida más completa, lo más sensato es acercarse a Zamora capital, donde la cocina tradicional zamorana se sirve sin complicaciones: el arroz a la zamorana, con su mezcla de carnes de cerdo; el bacalao a la zamorana, guisado con pimientos; o los dos y pingada, ese desayuno contundente de huevos fritos con torreznos que en la provincia se toma como quien no quiere la cosa. Y, para acompañar cualquiera de estos platos, el queso Zamorano DOP, elaborado con leche de oveja churra, es una parada obligada.

No hace falta venir buscando un restaurante con estrellas. San Marcial del Vino no ofrece eso, y tampoco lo necesita. Lo que ofrece es algo más difícil de encontrar: el lugar exacto donde, sin que nadie lo planeara, empezó a forjarse uno de los porteros más importantes del fútbol español. Y un bar donde, mientras dure el Mundial, seguro que el televisor está más alto que nunca.