Las raíces de Javier Bardem (57 años) están en una ciudad atlántica con 3 kilómetros de arena: "Mi vibración interna es esta"
Javier Bardem nació en Las Palmas de Gran Canaria y se fue antes de poder recordarlo. Este verano vuelve al archipiélago — aunque sea a otra isla — con la película más aclamada de su última etapa. La ciudad atlántica donde empezó todo lleva ahí, esperando, desde 1969.

El refugio de Javier Bardem es una preciosa ciudad Atlántica de las Islas Canarias. / Istock
La historia empieza con una maleta y una decepción. A mediados de los años sesenta, Pilar Bardem llegó a Las Palmas de Gran Canaria con la perspectiva de un trabajo que, al poco de llegar, demostró ser bastante menos de lo prometido. La familia se quedó el tiempo justo para que, el 1 de marzo de 1969, naciera Javier Ángel Encinas Bardem. Después vinieron las dificultades, y después la partida. Javier tenía alrededor de un año cuando su madre recogió y se marchó a Madrid. Gran Canaria quedó como un origen que no llegó a ser infancia.

Javier Bardem nació en Gran Canaria. / Istock
El archipiélago, sin embargo, tiene una manera particular de cobrar deudas pendientes. Este verano llega a las pantallas españolas El ser querido, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen que Bardem presentó en Cannes el 16 de mayo en competición por la Palme d'Or, y que llega a los cines el 26 de agosto. El rodaje fue en Fuerteventura — en los municipios de Pájara y La Oliva — y Bardem interpreta a Esteban Martínez, un director de cine que regresa a la vida de su hija después de años de distancia. La crítica internacional ha sido rotunda desde Cannes. El regreso al archipiélago era, también, simbólico. Mientras se preparaba la película, en una conversación con James Rhodes en la Cadena SER, Bardem explicaba con qué se queda cuando puede elegir: "Aquí están mis amigos, está mi familia, está mi raíz, está mi idioma, está mi país. Mi vibración interna es esta." Sobre Estados Unidos, donde pasó años de carrera, era más lacónico: "No pertenezco a ella. Con todos mis respetos y toda la gratitud de las cosas que me han podido dar... Es otro tipo de cultura." No es una declaración específica sobre Las Palmas, sino sobre algo que Las Palmas contiene.

Sara Fernández García
Una ciudad sin invierno
Las Canteras no es una playa de resort ni una playa de temporada. Está al final de un paseo, a tres manzanas del centro, con sus casi tres kilómetros de arena dorada extendidos delante de una ciudad que lleva décadas mirándola como si fuera el jardín de casa. Lo que la hace excepcional no es el tamaño sino La Barra: el arrecife natural de basalto que corre paralelo a la orilla y rompe el oleaje antes de que llegue a la arena. El resultado es una lámina de agua calmada, casi de piscina, que permite el baño incluso en días de viento norte. En pleno invierno.

Catedral en Las Palmas de Gran Canaria. / Istock
Eso es lo que convierte a Las Palmas en una anomalía entre las capitales españolas. Entre 18 y 24 grados todo el año, sin el calor extremo del verano peninsular ni el frío que cierra las terrazas de octubre a marzo. Los canarios lo llaman la eterna primavera y, como los mejores tópicos, tiene la ventaja de ser verdad. La ciudad tiene cerca de 380.000 habitantes y el paseo de Las Canteras funciona como su sala de estar: chiringuitos que alargan la tarde, familias que salen a caminar después de cenar, turistas centroeuropeos que llevan décadas descubriéndola antes que los peninsulares. En los últimos años ha aparecido en los radares del trabajo remoto — su clima, su conectividad y sus precios la han puesto entre las opciones más atractivas de Europa para quien trabaja con un ordenador y quiere vivir bien sin pagar precios de capital. No es exactamente un secreto, pero tampoco ha llegado a colapsar.

La playa de las Canteras es uno de los lugares más privilegiados de Gran Canaria. / Istock / Oleksandr Prykhodko
El puerto es la otra cara de una ciudad que siempre ha mirado en dos direcciones. Las Palmas lleva siglos siendo escala en las rutas atlánticas — su posición entre Europa, África y América la convirtió en cruce de caminos, y eso se nota todavía en la mezcla de caras y de idiomas que llena el mercado de Vegueta cualquier mañana de sábado.
El barrio que llegó primero
Antes de que Las Canteras fuera un destino, antes de que existiera el paseo marítimo, estaba Vegueta. El casco histórico ocupa el extremo sur de la ciudad, separado del ensanche por un barranco que durante siglos marcó el límite entre lo fundado y lo que aún no existía. Sus calles empedradas y sus casas con balcones de madera tallada llevan quinientos años contando la misma historia: que esto fue el primer asentamiento europeo permanente en las islas, fundado en 1478, y que por aquí pasó todo lo que importó en el Atlántico durante los siglos siguientes.
La Catedral de Santa Ana preside la plaza que lleva su nombre desde 1497, aunque su construcción se extendió — con las interrupciones que caracterizan a los proyectos ambiciosos — durante más de cuatro siglos. La fachada neoclásica que da a la plaza es del XIX; el interior conserva el gótico-canario de los primeros constructores. Enfrente, el Museo Casa de Colón ocupa el edificio donde Cristóbal Colón se alojó antes de partir en su tercer viaje al Nuevo Mundo, en 1502. No en el primero ni en el segundo: en el tercero. Un hombre que ya sabía exactamente a dónde iba y que aun así eligió pasar por aquí antes de cruzar el océano.

Vista de pájaro de las Palmas de Gran Canaria. / Istock
Unos metros más allá, en la calle Cano, nació en 1843 Benito Pérez Galdós. El museo en su casa natal es uno de los mejores museos literarios de España — no por dimensiones, sino por cómo consigue hacer tangible la relación de un escritor con el lugar del que salió joven para no volver. Galdós se marchó a los diecinueve años y sin embargo Las Palmas vive en sus novelas de una manera que solo entiende quien ha caminado por estas calles. Hay algo en este barrio que marca a las personas con el sello del sitio aunque no se queden. Bardem llevaría el dato bien.
Desde Vegueta se sube hacia Triana, el ensanche histórico, con sus comercios de toda la vida y el teatro Pérez Galdós de fachada modernista. Más al norte, ya sobre el arrecife de Las Canteras, el Auditorio Alfredo Kraus cierra el recorrido con una postal que es imposible hacer mal: el edificio de Óscar Tusquets — inaugurado en 1997 — con el océano de fondo y el sol cayendo en dirección a Tenerife.

Playa de las Canteras, Gran Canaria / Istock
Qué ver, qué comer y a donde ir en Las Palmas
Las Palmas tiene vuelos directos desde Madrid — aproximadamente dos horas y media —, Barcelona, Sevilla, Valencia y otras ciudades españolas con frecuencia diaria. El aeropuerto de Gran Canaria está a unos 25 kilómetros del centro; el taxi o la guagua interurbana son las opciones habituales, y desde Las Canteras se llega caminando a casi todo lo que importa.

Anfi del Mar, en Las Palmas de Gran Canaria. / Istock / Cristian Balate 07415384981
La cocina canaria es uno de esos casos en los que la tradición popular ha sobrevivido porque nunca dejó de tener sentido. Las papas arrugadas — variedades locales cocidas en agua con abundante sal hasta que la piel se frunce — se sirven con mojo rojo o verde: el rojo lleva pimentón y pimiento; el verde se hace con cilantro o perejil, más fresco y más sorprendente la primera vez. Son el acompañamiento universal y la razón por la que volver. La ropa vieja canaria no tiene nada que ver con la cubana: es un guiso de garbanzos, carne y verduras de los que llenan el plato y no piden postre. Aunque el postre de Las Palmas tiene nombre propio — bienmesabe, almendras molidas con miel, yema y limón — y justifica por sí solo el paseo por cualquier pastelería del entorno de Vegueta. Los restaurantes de Vegueta y el paseo de Las Canteras concentran la oferta más interesante, desde los bares sin pretensiones donde desayuna el barrio hasta los que en los últimos años han empezado a poner en valor el producto canario con criterio.
Para alojarse, Las Canteras tiene la ventaja de dejarte en el corazón de todo sin alejarte del océano. Vegueta es la opción para quien prefiere el silencio del casco histórico por la noche y el mercado nada más levantarse. Las dos alternativas tienen sentido; depende de si quieres despertarte con olas o con campanario. Javier Bardem lleva décadas despertándose en Valdelagua, en la sierra norte de Madrid, muy lejos de las dos. Pero algo del Atlántico sigue resonando, y este agosto hay una película rodada en Canarias para recordarlo.
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