Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Solo un puñado de personas a la semana puede entrar en la "Capilla Sixtina del arte rupestre": el acceso es a lista cerrada y dura apenas unos minutos

El peculiar sistema de acceso a la Cueva de Altamira garantiza la conservación de sus impresionantes bisontes, ciervas y caballos policromados.

Es una de las expresiones artísticas más impresionantes de la historia, y está en España.

Es una de las expresiones artísticas más impresionantes de la historia, y está en España. / Istock

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Treinta y siete minutos en la eternidad del arte. Pocos lugares describen tan bien esta sensación como la Cueva de Altamira, en Cantabria, un reducto de la historia que abarca entre 15.000 y 36.000 años y recoge algunas de las expresiones artísticas más antiguas de la humanidad.

El mirador frente al mar de Cantabria que te enamorará: es uno de los lugares más bonitos del mundo

Adriana Fernández

Cerrada durante doce años debido al deterioro provocado por el CO₂, la humedad y los microorganismos introducidos por el turismo masivo, su régimen de protección actual permite el acceso único de 5 personas a la semana, unas 252 al año, para cruzar el umbral de la cavidad original.

Bisones rojos de la cueva de Altamira

Bisones rojos de la cueva de Altamira / Istock

Acceso por sorteo

El acceso es un golpe de lista. Los cinco afortunados se eligen mediante selección de una lista ya cerrada, en la que, por el momento, no se admiten nuevas solicitudes, un estricto protocolo que busca preservar y exponer en la menor medida posible los restos del yacimiento. Según explica el propio museo, esta lista bebe de una anterior ya existente en el ao 2002 y, tras la pandemia, la Comisión Permanente del Patronato de Altamira tomó la decisión de reactivar la mencionada lista, ratificada por el Pleno del Patronato en enero de 2023.

La experiencia dura exactamente 37 minutos bajo un control científico milimétrico: los elegidos deben vestir monos desechables, gorros, mascarillas y un calzado especial proporcionado por el museo para no alterar el ecosistema subterráneo.

El norte de España cuenta con varias cuevas con hallazgos de arte rupestre en su interior.

El norte de España cuenta con varias cuevas con hallazgos de arte rupestre en su interior. / Istock

Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y Bien de Interés Cultural (BIC) —lo que ostenta la máxima categoría de protección jurídica del patrimonio histórico español—, la cueva recoge restos de diferentes periodos desde el Paleolítico Superior, principalmente el Magdaleniense y el Solutrense. Pero su fama y renombre se deben a la Gran Sala de los Polícromos, bautizada por los expertos como la "Capilla Sixtina del Arte Rupestre" por su densidad, tamaño y majestuosidad.

Gran ciervo en la pintura rupestre de Altamira.

Gran ciervo en la pintura rupestre de Altamira. / Istock

EL DATO 

En una iniciativa comunitaria, el Patronato cede un acceso directo a la cueva original, libre de sorteo, a los jóvenes empadronados en Santillana del Mar en el año en que alcanzan la mayoría de edad. 

Con 18 metros de largo y 9 de ancho, una de las características más sorprendentes de la sala es la utilización de del relieve natural de la roca para crear volumen es en las figuras, dándoles un aspecto tridimensional para marcar la musculatura y realismo de los cuerpos de bisontes, ciervas y caballos.

Bisonte negro de Altamira.

Bisonte negro de Altamira. / Istock

Asimismo, los artistas paleolíticos se valían de carbón vegetal y óxido de hierro para delinear los contornos negros de sus figuras y los tonos rojizos y amarillentos, aplicados con los dedos, con caña soplada, o pinceles confeccionados con pelo de animal.

La historia de la cueva

El hallazgo de la cueva se remonta a 1868, cuando un aparcero asturiano llamado Modesto Cubillas trataba de encontrar a su perro atrapado entre la roca. Impresionado por el descubrimiento, se lo hizo saber a un erudito local, estudioso de paleontología y noble, Marcelino Sanz de Sautuola, quien comenzó sus trabajos de investigación en la entrada de la cueva tratando de encontrar restos como sílex o similares. Fue en una de sus incursiones cuando su hija, de apenas ocho años, se adentró para descubrir a su padre el que hoy sigue siendo uno de los mayores hallazgos de la historia, gritando: “¡Mira, papá! ¡Bueyes!”, frente a las imágenes policromadas.

Bisones en la Cueva de Altamira

Bisones en la Cueva de Altamira / Istock

Pero no fue hasta 1902 que estas se darían por buenas, negadas por la comunidad científica y acusada como fraude. Sautuola moriría antes de ver su descubrimiento alabado, pero fue gracias a otros de índole similar que estos fueron aceptados como lo que son: un milagro de la historia.

Santillana del Mar, la villa de las tres mentiras

A solo 2 kilómetros de la cueva, el centro histórico de Santillana del Mar refleja una de las joyas medievales de la Península Ibérica.

Santillana del Mar, Cantabria

Santillana del Mar, Cantabria / Istock

De calles empedradas y casonas señoriales, balcones de maderaescudos heráldicos, Santillana es un auténtico viaje en el tiempo, desde la Colegiata de Santa Juliana, el monumento románico más importante de Cantabria de los siglos XII-XIII, con su impresionante claustro medieval, capiteles tallados y motivos vegetales; hasta la arquitectura Civil que la rodea, destacando la Torre del Merino y la Torre de Don Borja, de carácter gótico, así como los palacios barrocos de los Velarde y los Valdivieso.

Madera y ventanas de vidrio en Santillana del Mar

Madera y ventanas de vidrio en Santillana del Mar / Istock / ARQUITECTURA_FACHADAS

CURIOSIDAD HISTÓRICA 

Se la conoce popularmente como "la villa de las tres mentiras", porque ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. 

La visita sacia, pero abre apetito, por lo que en tu paso con Cantabria no olvides probar sus clásicos: el queso y los dulces locales, como la leche con bizcocho; los platos de cuchara: cocido montañés con matanza de la zona; los mariscos y pescados del Cantábrico, como rabas, anchoas y pescados de roca; y los sobaos y quesadas, postres icónicos de Cantabria hechos de mantequilla.