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El puente colgante más antiguo del mundo que sigue transportando pasajeros está en España: Patrimonio de la Humanidad y una obra maestra de la ingeniería del siglo XIX

Está considerado una de las más destacadas obras de arquitectura del hierro de la revolución industrial.

El puente colgante declarado Patrimonio de la Humanidad que marcó la Revolución Industrial

El puente colgante declarado Patrimonio de la Humanidad que marcó la Revolución Industrial / Istock / juan maria asensio garcia

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Una de las estructuras arquitectónicas que mejor nos sirve para poder apreciar los avances tecnológicos que ha habido a lo largo de la historia de la humanidad, los puentes es una de estas maravillas de la construcción que, a medida que pasa el tiempo, no deja de sorprendernos. Estos avances nos han dado puentes tan emblemáticos como el Golden Gate en San Francisco, el Ponte Vecchio en Florencia, o el que nos ocupa hoy, el Puente Bizkaia, entre los municipios de Portugalete y Guecho.

El emblemático Golden Gate de San Francisco

El emblemático Golden Gate de San Francisco / Rockwell branding agency

Conocido también con los nombres de “Puente Colgante” o “Puente de Portugalete”, el Puente Bizkaia es una de las mayores obras de ingeniería que la Revolución Industrial dejó en el norte de la península. Su construcción cumplía con un objetivo muy claro: unir los dos márgenes de la desembocadura del río Nervión sin entorpecer la navegación de las embarcaciones que entraban y salían de la ría de Bilbao. El puente fue inaugurado a finales del siglo XIX, convirtiéndose en el primer puente transbordador construido de estructura metálica en todo el mundo, algo de lo que los habitantes del pueblo se muestran extremadamente orgullosos.

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Adriana Fernández

Un puente que no toca el suelo

Diseñado por Don Alberto Palacio Elissague, conocido por su participación en la construcción del Palacio de Cristal en el Parque del Retiro en Madrid, el Puente Bizkaia es una de las mayores insígneas de la ciudad de Bilbao y sus alrededores. Oficialmente inaugurado el 28 de julio de 1893 tras tres años de construcción, desde sus inicios el puente ha despertado pasiones y admiraciones en todos aquellos que lo han visto y cruzado; y es que no es algo muy habitual el poder atravesar un puente que supuso un antes y un después en la ingeniería internacional.

El Puente Bizkaia desde la parte superior

El Puente Bizkaia desde la parte superior / Istock / Wirestock

Tan importante fue la aparición del puente en el mundo que desde el primer momento fue considerado como el arco del triunfo de la naciente civilización industrial de la época. De hecho, en el año 2006, la UNESCO añadió el puente a la lista de Patrimonio de la Humanidad, argumentando la excelente combinación de la técnica tradicional de construcción metálica que se llevaba haciendo todo el siglo XIX, con el uso innovador de cables de acero ligeros de torsión alternada; por esto se considera el Puente Bizkaia una de las reaslizaciones más notables de la Revolución Industrial.

Su impresionante estructura de color rojo, que alcanza los 160 metros de largo y 61 de alto y que podría recordar a la del icóncio Golden Gate, es tan solo uno de los muchos elementos que hacen que contemplar el Puente Bizkaia sea una experiencia tan especial y magica. Lo que convierte realmente el puente en toda una aventura es subirse a él y cruzar el río.

El Puente Bizkaia y el transbordador

El Puente Bizkaia y el transbordador / Istock / JackF

Una experiencia única

La manera más habitual de conocer el puente es a través del transbordador de la zona baja, que cuando se pone en marxa parece volar por encima de las aguas del río Nervión. Pero si quieres vivir una experiencia todavía más especial, lo que hay que hacer es tomar el escensor y visitar la parte superior del puente. No apto para aquellos que sufran de vértigo, ofrece unas panorámicas espectaculares del entorno, con los pueblos de Portugalete y Guecho, y al fondo la ciudad de Bilbao.

La visita por los alrededores

Evidentemente, si vas al Puente Bizkaia no puedes marcharte sin antes visitar los pueblos que une. Ambos de una belleza de lo más especial y con un ambiente muy animado, sus callejuelas y cascos históricos transmiten a la perfección la atmósfera vizcaína de la zona. Imprescindible es también la visita a la ciudad de Bilbao, río Nervión arriba. Allí podrás degustar algunos de los mejores pintxos de todo el País Vasco, además de visitar el icónico Museo Guggenheim.