El puente barroco más importante del mundo está en Madrid: tiene más de 300 años y detalles que lo hacen único
Según los expertos, “es toda una declaración de amor al trabajo bien hecho y a la forma”.

Hubo un tiempo en Madrid en el que los coches pasaban por el parque de El Retiro, echando humo desde el corazón del pulmón verde más importante del centro de la ciudad. En esa misma época, también circulaban por debajo del puente más bonito que hay en Madrid y que, según los expertos, es “el ejemplar barroco más importante del mundo”.
Hoy la realidad es otra bien distinta. Igual que El Retiro ganó la batalla al tráfico, recuperando su protagonismo (y su oxígeno), el puente vuelve a ver pasar agua por debajo de su estructura, razón de ser de la mayoría de este tipo de pasarelas.
Así es desde que el río Manzanares volvió a salir a flote, enviando los coches y su humo bajo tierra a su paso por Madrid Río, la gran arteria verde que surgió al reurbanizar la ribera del río y renaturalizar su cauce a comienzos de los 2000.

El famoso barrio de Madrid donde se encuentra este importante puente
Al tiempo que se daba forma a uno de los nuevos atractivos de la ciudad, un gran parque lineal que hoy es referente a nivel cultural y social, se devolvía el protagonismo a las joyas históricas y arquitectónicas que salpican todo el cauce. Y una de ellas es ese puente que conecta el distrito de Arganzuela con el de Carabanchel a la altura de la calle Toledo.
Se trata del puente de Toledo, una obra de ingeniería levantada en 1732 por Pedro de Ribera, el arquitecto más famoso de Madrid (con permiso de Churriguera). Suya es esta “manifestación tan relevante de estilo artístico”, como la define el autor de ‘De puentes por España’ (editorial GeoPlaneta), Carlos Polimón Olabarrieta, para referirse al cuidado y al mimo en los detalles con los que fue levantado.

Por qué es tan especial este puente de Madrid
Está formado por nueve arcos de medio punto conectados por tímpanos (los muros que quedan en medio de cada arco) en los que sobresalen medios cilindros, uno a cada lado. Y ahora “tenemos la suerte de poder observarlo como nunca antes y apreciar detalles que pudieron pasarse por alto o no valorarse en su justa medida”. Según este experto, desde la pasarela es desde donde mejor se contempla el prisma triangular que forma el pilar en la parte inferior o tajamar, la que en el pasado servía para ‘cortar’ (y frenar) el torrente de agua y dividirlo para que no chocara de lleno con el puente.
Lo interesante de esta forma no es la pirámide en sí misma, sino la manera en la que está hecha: “Si nos acercamos, veremos como cada uno de los sillares ha sido tallado para que no haya discontinuidad en la unión. Y este es el trabajo de amor por la forma más sorprendente que puede encontrarse en una obra así”.

Una maravilla escondida que vuelve a ver la luz
“Si ahora retiramos la vista de la pila que observamos y miramos la siguiente más cercana, podremos ver cómo todas esas uniones definen perfectamente la curva teórica de intersección. Una maravilla de piedra”, apunta Polimón. “Lo mismo sucede con los encuentros entre el cuerpo cilíndrico y los arranques de cada arco. Un trabajo que causa admiración, escondido por los avatares del puente durante una gran parte de su vida, que ahora podemos apreciar con comodidad”.

Si a eso le añadimos que todo el puente es “una explosión inusual del Barroco en una estructura: las fuentes, los templetes a San Isidro y Santa María de la Cabeza, las torrecillas de la entrada al puente, los remates de los pretiles y las gárgolas sobre cada arco (muy deterioradas en la actualidad)”, no hay que perder la oportunidad de verlo de cerca.
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