El pueblo de Valencia declarado como Maravilla Rural de España: en su centro histórico todavía se distinguen los barrios de las diferentes civilizaciones que lo han habitado

El pueblo donde las tres culturas se siguen sintiendo.

Un pueblo precioso con tres barrios y tres culturas que se ha convertido en Maravilla Rural.
Un pueblo precioso con tres barrios y tres culturas que se ha convertido en Maravilla Rural. / Istock

En el interior de la provincia de Valencia, lejos del rumor de nuestro querido Mediterráneo, Chelva conserva una extrañeza muy difícil de encontrar incluso en pueblos con más fama, pues su casco histórico permite leer la historia sin necesidad de guías ni interpretaciones forzadas. Si te pones a pasear, en apenas unos metros se reconocen con claridad los antiguos barrios musulmán, judío y cristiano, cada uno con su trazado, su lógica y sus particularidades; todos especiales y únicos. Esa convivencia fue una de las razones por las que Chelva fue reconocida como la segunda maravilla rural de España, un galardón que premia al conjunto y no lo hace porque sí. Y Chelva es el claro ejemplo de ello.

Adriana Fernández

Tres culturas, tres barrios, un mismo pueblo

El Barrio Andalusí conserva el entramado más antiguo con calles estrechas, pasadizos cubiertos y una estructura urbana heredada de época islámica. Muy cerca aparece el barrio judío, más ordenado, con viviendas que se adaptan al desnivel y una disposición distinta de los espacios comunes. El barrio cristiano, por su parte, abre las calles, amplía plazas y organiza el pueblo alrededor de los nuevos centros de poder religioso y administrativo. A nivel histórico y cultural, pasear y poder vivir esas tres culturas de forma tan visible, hace de Chelva un lugar único en el mundo.

Acueducto romano de Peña Cortada.

Acueducto romano de Peña Cortada.

/ Istock / Chris DoAl

Por otra parte, uno de los grandes valores de Chelva, aunque no lo creáis, está fuera del núcleo urbano, pero conectado directamente con su historia, os hablo de la Ruta del Agua. Este recorrido circular atraviesa acueductos, túneles, antiguos molinos y sistemas hidráulicos tradicionales que durante siglos aseguraron el abastecimiento del pueblo. El acueducto de Peña Cortada, de origen romano, es la pieza más conocida, pero el interés está en el conjunto y en cómo el agua fue el protagonista de la ciudad por mucho tiempo, organizándola y haciéndola suya.

Patrimonio que no se encierra en un museo

La gracia y el encanto de Chelva, en mi opinión, no radica su interés en un solo edificio, sino en la suma. La iglesia arciprestal de Nuestra Señora de los Ángeles, de origen gótico y ampliaciones posteriores, marca el eje cristiano del pueblo. El Palacio Vizcondal nos transporta a ese pasado más señorial. El hecho de que el patrimonio forme parte del día a día, del paso a paso, es tan especial que solo os puedo recomendar recorrerlo con calma y mirando muy atentamente.

Antigua fachada de la iglesia en Chelva, Valencia.

Antigua fachada de la iglesia en Chelva, Valencia.

/ Istock / Sonia Bonet

Un reconocimiento único

Ser reconocida como segunda maravilla rural de España no es solo un título llamativo, que también. Es el resultado de valorar un conjunto de elementos que definen la identidad y el modo de vida de un municipio; su patrimonio histórico, su entorno natural, la conservación de sus tradiciones y la forma en que todo ello convive con la vida cotidiana de sus habitantes. En el caso de Chelva, este reconocimiento se atribuyó por la preservación de aquello que ya existía. Efectivamente, por su trazado urbano, con barrios de origen andalusí, judío y cristiano; su relación directa con el agua, visible en fuentes, acequias y en el entorno natural cercano; y su historia como cruce de culturas han permanecido intactos con el paso del tiempo.

Casas blancas y azules en las calles del barrio musulmán de Benacacira en el precioso pueblo de Chelva en un día soleado, Valencia.

Casas blancas y azules en las calles del barrio musulmán de Benacacira en el precioso pueblo de Chelva en un día soleado, Valencia.

/ Istock / Jose Luis Alvarez Esteban

Lo interesante es que el galardón no alteró la esencia del pueblo. De hecho fue reconocida precisamente por mantenerse fiel a sí misma. Por todo ello, el título de segunda maravilla rural de España no solo destaca la belleza de Chelva, sino también su capacidad para proteger su patrimonio, su identidad y su forma de vida, demostrando que el valor de un pueblo no siempre está en lo que cambia, sino en lo que sabe conservar. Una lección que deberíamos aprender todos.

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