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El "pueblo de los tres ríos" de Cataluña perfecto para un fin de semana en octubre: senderos, puentes, un casco histórico de piedra y un volcán de 400 millones de años

Situado en el corazón del Ripollès, este municipio de 1.800 habitantes recoge un patrimonio medieval impresionante, y una privilegiada ubicación natural en el Parque Natural de las Capçaleres del Ter i del Freser.

Este pueblo se esconde entre las montañas del Pirineo catalán.

Este pueblo se esconde entre las montañas del Pirineo catalán. / Wikicommons / Teogomez Teo Gómez

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Desde tiempos inmemoriales los ríos han sido la fuente de vida y razón de crecimiento de la civilización. Asentamientos enteros como los núcleos romanos o el Antiguo Egipto se valían de las facilidades que ofrece una fuente de agua constante para regar, beber, lavar, nutrir, transportar y cazar tanto como las necesidades del pueblo demandasen, siempre frente a una fuente aparentemente insaciable.

Ribes de Fresser

Ribes de Fresser / Istock / Carlos Soler Martinez (KarSol Photo)

En algunas ciudades, como Sevilla, la llegada del río ha sido un proceso evolutivo en el que a veces, necesariamente entraba la mano del hombre. En otras como Córdoba la suerte venía dada y el desarrollo era fruto inevitable. Y luego están los afortunados, como este pueblo de Girona marcado por la confluencia de tres ríos: el Freser, el Rigard y el Segadell, que dividen y abrazan el casco urbano en un entramado de puentes de piedra, miradores panorámicos y senderos de alta montaña. Es Ribes de Freser, y su visita, una escapada imperdible.

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Adriana Fernández

Historia y desarrollo del pueblo

Capital histórica de la Vall de Ribes, situada a 912 metros de altitud en el corazón del Ripollès, este pueblo de unos 1.800 habitantes se integra dentro del Parque Natural de las Capçaleres del Ter i del Freser, dato que explica el paso de varias rutas fluviales: un paso natural entre las montañas del Pirineo y las comarcas del interior catalán.

Los primeros asentamientos de la región se remontan desde el Neolítico a la Edad de Bronce, probados en yacimientos como la Cova de les Encantades. Pese a que los romanos tomaron el relevo, no fue hasta la Edad Media cuando se consolida el pueblo, en el marco de la Repoblación del Ripollès.

Parque natural de las Cabeceras del Ter y del Freser

Parque natural de las Cabeceras del Ter y del Freser / Wikicommons / Pere López

La primera mención al pueblo se debe, precisamente, al nombre de uno de sus grandes hitos: el Castillo de San Pedro -Castell de Sant Pere-, construido sobre la cima del promontorio geológico del Granòfiro en pro de controlar el valle. A los pies de este castillo, el que fue feudo continuó creciendo, primero como parte del Condado de Besalú y más tarde el Condado de Barcelona, y a su paso, la arquitectura iba creciendo a su alrededor.

Castell de Ribes de Freser

Castell de Ribes de Freser / Wikicommons / Jordiipa

Paradas indispensables: qué ver

Desde las alturas, la fortaleza controla el valle y los que fueron súbditos y habitantes. Erguida desde el siglo X, y documentada por primera vez en el año 958, pertenece al románico defensivo de alta montaña. Fue la sede de los señores de la Vall de Ribes, y controlaba el paso hacia el Conflent y la Cerdaña.

Leyendas y curiosidades

Según la tradición popular, los subterráneos del castillo conectaban directamente con el cauce del río Segadell mediante pasadizos secretos para escapar en caso de sitio.

Siguiendo con la arquitectura de la época, la Iglesia Parroquial de Santa María, del siglo XI y origen románico, combina un estilo neorrománico regionalista con restos románicos originales. El templo fue destruido casi por completo en el siglo XX, durante la Guerra Civil española, y reconstruido tras el conflicto, conservando solo parte de su estructura original.

Iglesia Parroquial de Santa María, Ribes de Freser

Iglesia Parroquial de Santa María, Ribes de Freser / Istock / Carlos Soler Martinez (KarSol Photo)

El pueblo se conoce caminando su trazado medieval, y no hay más que avanzar un par de pasos para disfrutar de la arquitectura popular pirenaica de piedra volcánica, pizarra y hierro forjado que lo describe. Crecido a la sombra de la industria textil de finales del siglo XIX y el auge del termalismo, a lo largo del paseo, el Pont de Cerdanya (siglo XIX) y varios puentes de piedra medievales y de arco de medio punto cruzan las confluencias de los ríos, en una visita mágica que baila sobre las aguas.

Propiedades curativas

La tradición oral atribuye a las aguas de la confluencia propiedades curativas y reconstituyentes, lo que impulsó en el siglo XIX la apertura de balnearios y embotelladoras de agua mineral, como la histórica Agua de Ribes.

Pero si buscas una vista impresionante, el Tren Cremallera de Vall de Núria se lleva la palma. Tiene 95 años de antigüedad y es uno de los dos que operan en Cataluña, diseñado para superar los 1.000 metros de desnivel entre Ribes de Freser y el Valle de Núria sin necesidad de carreteras.

Tren Cremallera de Vall de Núria

Tren Cremallera de Vall de Núria / Vall de Ribes

Declarado Patrimonio Industrial de Cataluña, es el único medio de transporte para llegar al Santuario de la Virgen de Núria.

Planifica tu escapada

Sábado por la mañana: Disfruta del casco histórico, pasea por la confluencia del Freser, Rigard y Segadell, cruza los puentes de piedra y visita el Castillo de San Pedro.

Sábado por la tarde: Prepara una ruta de senderismo ligera hasta el Granòfiro y la Font de la Margarida, y con el broche con una cata de embutidos y quesos de la comarca.

Domingo: Embarcate en el Tren Cremallera en la estación de Ribes-Vila para ascender hasta el Valle de Núria a través del desfiladero de las Roques de Totlomón, y disfruta de unas vistas impresionantes.

El último punto indispensable de la ruta es la Fuente de la Margarida y Paraje del Granòfiro. Geológicamente formado hace más de 400 millones de años, la fuente de esta chimenea volcánica al descubierto fue acondicionada a finales del siglo XIX, declarada Patrimonio Geológico y Espacio de Interés Geológico de Cataluña. En tiempos fue punto de encuentro tradicional de la sociedad burguesa catalana para “tomar las aguas” en época del termalismo.