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El pueblo templario con el último paso fluvial sin motor de España: casas colgantes y paisajes impresionantes en uno de los lugares más bonitos de España

Cada mañana, alguien sube el coche a una plataforma de madera y cruza un río entero sin más motor que la fuerza del agua, tal y como se hacía hace ocho siglos.

Un precioso pueblo de Cataluña que ya deberías conocer.

Un precioso pueblo de Cataluña que ya deberías conocer. / Istock

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Cada mañana, sin excepción salvo crecida o vendaval, un coche sube a una plataforma de madera sujeta con cables y cruza un río de más de cien metros de ancho sin que ningún motor lo empuje. Lo hace desde 1946, aunque el cruce como tal se remonta a 1153, cuando los templarios heredaron el derecho de paso junto con el castillo que domina la orilla.

El valle del río Ebro en Miravet

El valle del río Ebro en Miravet / Istock

El pueblo se llama Miravet y está en la Ribera d'Ebre, provincia de Tarragona. Apenas 703 habitantes repartidos en 32,3 kilómetros cuadrados de terreno escarpado que baja directo hasta el agua. El nombre viene del árabe "Murábit", herencia de la ocupación musulmana que precedió a la conquista cristiana y a los templarios que después convirtieron aquel enclave en sede de su provincia en Cataluña y Aragón.

El pueblo templario que conserva el último paso fluvial sin motor: casas colgantes y paisajes de cuento en uno de los lugares más bonitos de España

Adriana Fernández

El paso de barca: cruzar el Ebro como hace ochocientos años

Subir un coche a la plataforma no es tan simple como parece desde la orilla. Son dos llaüts, embarcaciones tradicionales bautizadas Isaac Peral y Narcís Monturiol, unidas por un tablado que aguanta un par de coches y alguna moto. El barquero suelta amarras, la corriente empuja contra los cables tendidos de una orilla a otra, y la barca avanza en diagonal hasta la otra ribera. Sin motor. Solo el agua y el ángulo que el barquero sabe darle a la embarcación, un oficio que se aprende mirando, no en ningún manual.

Un precioso pueblo de Cataluña que ya deberías conocer.

Un precioso pueblo de Cataluña que ya deberías conocer. / Istock

El origen del cruce está documentado desde la ocupación cristiana de 1153, aunque probablemente sea anterior. Los templarios, como nuevos señores del castillo, establecieron su funcionamiento como derecho feudal, y durante siglos los vecinos de Miravet, Rasquera y Ginestar pagaron un impuesto por usarlo. El llaüt original estaba a los pies del castillo, en la zona de Blores, hasta que la Batalla del Ebro lo bombardeó en 1938. Se reconstruyó en 1946, ya en su emplazamiento actual.

Hay que decirlo con matices, porque conviene no exagerar: Miravet no es el único punto del Ebro catalán donde esto sigue ocurriendo. La Ribera d'Ebre conserva otros dos pasos de barca, en Garcia y en Flix, ambos con llaüts tradicionales y ambos, hasta donde se ha podido confirmar, sin motor. Lo que distingue al de Miravet es que conecta el pueblo con la carretera C-12 de forma regular, los siete días de la semana, y con los métodos originales, sin que se haya introducido ninguna asistencia mecánica en su funcionamiento diario. El billete ronda los 3 euros por vehículo, algo menos por moto o a pie, aunque conviene confirmar la tarifa exacta antes de viajar porque estas cosas cambian de una temporada a otra.

Castillo de Miravet

Castillo de Miravet / Istock

El pueblo colgado sobre el río

Desde el embarcadero, el golpe de vista es el que ha hecho famoso a Miravet en cualquier búsqueda de imágenes: casas blancas trepando la ladera en escalones irregulares, el caserío apretándose contra la roca como si no quisiera caerse al río, y arriba de todo, coronándolo, el castillo. Las calles del casco antiguo siguen el trazado islámico original, estrechas y empedradas, subiendo y bajando sin ninguna lógica que no sea la del terreno.

Antigua iglesia en Miravet

Antigua iglesia en Miravet / Istock / Iakov Filimonov

El castillo merece parada aparte, aunque sin que se coma el resto del reportaje. Tiene origen andalusí, con restos del siglo XI, y fue reformado por los templarios tras la conquista de 1153. El recinto exterior mide unos 600 metros de perímetro; el interior, 290. Dentro se visitan el patio de armas, las caballerizas, el refectorio, el granero, la bodega y la iglesia románica de Sant Martí, del siglo XIII, con su nave única y su ábside semicircular. Está considerado uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar templaria de toda Europa. La entrada cuesta 7 euros, con reducida de 5, y el horario cambia según la época del año: de martes a sábado, de 10 a 17:30 en invierno y hasta las 19:00 en los meses de mayo a septiembre, mientras que domingos y festivos el horario se mantiene fijo, de 10 a 15 horas todo el año. Cierra los lunes no festivos y en Navidad y Reyes.

El pueblo de Miravet y su castillo templario en lo alto de la colina a orillas del río Ebro

El pueblo de Miravet y su castillo templario en lo alto de la colina a orillas del río Ebro / Istock

Oficios y calles vivas

Bajando del castillo hacia el barrio de los alfareros, el ambiente cambia. Ahí siguen trabajando el barro con técnicas que apenas han cambiado en generaciones, y de los talleres salen los cántaros de boca ancha y las tinajas de aceite que dieron fama a Miravet como pueblo cantarero. No es una reconstrucción para turistas: son familias que llevan el oficio en la sangre y que abren sus talleres a quien quiera acercarse a mirar.

Valle del río Ebro

Valle del río Ebro / Istock

La Iglesia Vieja, construida sobre una antigua mezquita, quedó dañada durante la Batalla del Ebro y hoy funciona como sala de exposiciones. En las fachadas de la calle de la Palla todavía se leen las cicatrices de aquella guerra, y en algún muro asoman placas que recuerdan las riadas de 1787 y 1907, cuando el Ebro decidió que el pueblo también le pertenecía a él. El antiguo molino de aceite y el astillero medieval completan el recorrido.

Alrededores y algo que llevarse a la boca

Quien tenga coche y no lo haya dejado en el paso de barca puede acercarse al poblado ibérico de Castellet de Banyoles, o hacer noche en Móra d'Ebre, más grande y con más servicios. Tivissa queda cerca también, y algo más lejos, a unos 12 kilómetros, Pinell de Brai guarda la Catedral del Vi, una bodega modernista que sorprende a quien no se la espera en un pueblo tan pequeño. Junto al meandro de Flix se extiende la Reserva Natural de Sebes, un espacio protegido que conviene visitar con respeto y sin necesidad de que nadie dé indicaciones exactas de acceso a sus rincones más sensibles.

En la mesa, Miravet tira de recetario de secano y de río a la vez: arroz caldoso, arrosejat, clotxa rellena de lo que haya, cocas saladas y algún guiso de caracoles que en según qué casa se sigue haciendo como lo hacía la abuela. El Rebost de l'Estel, en pleno pueblo, y Bar Amadeo, con terraza asomada al Ebro, siguen sirviendo mesas con normalidad y buenas críticas recientes, así que no hace falta reservar con semanas de antelación, aunque tampoco está de más llamar si se viaja en fin de semana.