El pueblo pesquero y medieval que todo el mundo debería visitar este verano: casas de colores, murallas centenarias y una de las villas más bonitas del País Vasco
Su casco histórico amurallado, el barrio marinero de fachadas coloridas y una ubicación privilegiada junto al Bidasoa convierten esta villa en uno de los destinos más atractivos del norte de España.

El pueblo pesquero y medieval que todo el mundo debería visitar este verano / Istock / t
Las fachadas de colores miran al puerto mientras las embarcaciones siguen entrando y saliendo como llevan haciéndolo desde hace siglos. Desde ahí, el olor a salitre del Cantábrico es solo la puerta de entrada a esta villa histórica situada a tan solo unos pasos de la frontera francesa (tiene incluso vistas directas a la ciudad vasco-francesa de Hendaya).

Hondarribia, País Vasco / Istock / MEDITERRANEAN
Hondarribia ha sobrevivido a siglos de historia con sus murallas medievales del siglo XIII, sus calles empedradas, sus balcones de madera y su identidad fronteriza que dan a este pintoresco lugar del País Vasco una combinación difícil de igualar. Pocas localidades reúnen como esta una identidad marinera y un legado medieval tan bien conservado en un espacio tan reducido.

Adriana Fernández
Entre murallas, palacios y un puerto que sigue marcando el ritmo de la villa
La historia de Hondarribia ha estado condicionada por su posición estratégica junto a la desembocadura del Bidasoa, que es lo único que la separa de Francia. Durante siglos fue un lugar clave para controlar la frontera entre los reinos de Castilla y Francia, lo que explica la construcción de sus murallas y el aspecto que a día de hoy sigue teniendo el casco histórico.

Puerta de Santa María, Hondarribia / Istock
Una vez llegues, tras acceder por la Puerta de Santa María, te vas a encontrar dentro de un entramado de calles estrechas donde se levantan antiguos palacios, casas solariegas y edificios que reflejan la importancia que alcanzó la villa entre la Edad Media y la Edad Moderna. Entre todos ellos destaca el castillo de Carlos V, una fortaleza de origen medieval transformada posteriormente en residencia real y que ahora es un Parador.
Muy cerca se encuentra la iglesia de Santa María de la Asunción y del Manzano, cuya construcción comenzó en estilo gótico y, como se prolongó durante varios siglos, acabó incorporando elementos renacentistas y barrocos.

Hondarribia / Istock / 5
El alma marinera de Fuenterrabía, como se conoce a la localidad en castellano, se hace especialmente visible en el Barrio de La Marina, lleno de color y vitalidad. Este antiguo barrio de pescadores situado junto al puerto es un despliegue de fachadas y balcones pintados en tonos verdes, azules y rojos que acompañan a las terrazas llenas de flores y las antiguas casas de pescadores que hoy conviven con bares y restaurantes especializados en cocina vasca. Sin duda, un contraste frente a la sobriedad medieval de su casco histórico completamente amurallado y declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Barcos amarrados en Hondarribia / Istock / ra
Aunque el turismo ha ganado protagonismo durante las últimas décadas, su puerto sigue desarrollando su tradicional actividad pesquera sin perder ese vínculo histórico de la localidad con el Cantábrico.
Es un destino que puede recorrerse con calma en una jornada, pero que suele invitar a quedarse algo más. Si solo tienes un día, lo mejor que puedes hacer es recorrer el perímetro de las murallas, caminar por las calles del casco histórico (en la calle Mayor se encuentran algunos de los edificios más destacados), asomarte a la plaza de Armas donde está el Parador, pasear por el Barrio de la Marina y terminar el día contemplando el atardecer frente a la bahía de Txingudi con unos pintxos.
Aunque merece un viaje propio, Hondarribia es también una escapada perfecta desde San Sebastián, a tan solo 20 kilómetros al oeste. También debería formar parte de tu lista de paradas imprescindibles si estás planeando una ruta en coche por el País Vasco. Si vas sin coche, puedes completar la visita cruzando el Bidasoa hasta Hendaya mediante un servicio regular de embarcaciones que apenas dura unos minutos (se te va a hacer incluso corto para admirar con calma la bahía y las murallas de la ciudad).
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