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El pueblo pesquero detenido en la Edad Media perfecto para ver el eclipse solar: una joya medieval de origen romano frente al Mediterráneo, con un patrimonio de la Unesco y gastronomía rica y barata

Un impresionante patrimonio histórico, un entorno natural salpicado de calas bonitas y está al lado de Reus y Salou… lo raro es que siga siendo un destino poco masificado en verano.

El pueblo medieval de Tarragona que no conoces y que lo tiene todo para este verano

El pueblo medieval de Tarragona que no conoces y que lo tiene todo para este verano / Istock

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Nos vamos hasta la Costa Daurada, en Tarragona, para descubrir una joya medieval que parece haberse detenido en el tiempo hace años. Tiene un casco histórico excelentemente conservado, está rodeado por kilómetros de playa de arena fina y, a pesar de todo, ha conseguido mantenerse al margen de las masificaciones turísticas. Tanto, que está considerado como uno de los últimos paraísos de tranquilidad. Es Altafulla.

El encanto de la costa Daurada.

El encanto de la costa Daurada. / Istock

Por su ubicación, Altafulla es un pueblo ideal para ver el Eclipse de Sol del 12 de agosto, porque se encuentra situado dentro de la franja de totalidad. Además, cuenta con una ventaja frente a otras localidades: en su caso, destaca por contar con vistas despejadas sobre el Mediterráneo, y eso es un plus.  

La única muralla romana íntegra del mundo está en España y es Patrimonio de la Humanidad: tiene 10 puertas de acceso y un paseo peatonal de 2 kilómetros

Sara Fernández García

El encanto de los pueblos pesqueros

Altafulla, pueblo del que seguro no habías escuchado hablar hasta ahora, es un encantador pueblo pesquero situado, como te decíamos, en la provincia de Tarragona y muy cerca de Reus o Salou. Y su origen hay que buscarlo a mediados del siglo XI, en plena época medieval. Por aquel entonces, la población estaba asentada en un promontorio que parece descender hasta el mar Mediterráneo. 

Un pueblo medieval levantado, literalmente, a la orilla del mar.

Un pueblo medieval levantado, literalmente, a la orilla del mar. / Istock

Hoy, no hay duda de que es uno de los pueblos más hermosos a este lado de la costa y uno de los mejor conservados de la región. Y no, no es una forma de hablar. Su legado histórico y arquitectónico nos lleva directas hasta la época del imperio, y el mejor ejemplo está en la Villa Romana dels Munts, una de las villas aristocráticas mejor conservadas de la Hispania romana. Por eso está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

Estaba a unos 12 kilómetros de Tarraco y se construyó con unas dimensiones y un lujo excepcional con el firme propósito de ser una casa destinada al ocio y al tiempo libre de las élites. Además, se levantó en un lugar que incluso hoy en día sigue siendo idílico: la ladera de una colina cercana a la playa, perfectamente comunicado con la ciudad, junto al río Gaiá y con vistas de excepción del mar. Qué buen ojo tuvieron los romanos.

Amurallada con y castillo medieval.

Amurallada con y castillo medieval. / Istock

Una villa medieval y amurallada con mucho encanto

Es uno de los pueblos amurallados más bonitos de la costa. Y su núcleo medieval conserva la magia del pasado lleno de historia. Es la Vila Closa, el centro histórico que todavía hoy conserva tramos significativos de la Muralla de Altafulla, construida en el siglo XIV y remodelada durante los siglos XVII y XVIII. En su interior, callejuelas empedradas, fachadas señoriales y vestigios de las antiguas murallas aguardan ser descubiertos en un bonito paseo. No es de extrañar que todo el conjunto sea Bien de Interés Cultural. 

El centro histórico está declarado Bien de Interés Cultural

El centro histórico está declarado Bien de Interés Cultural / Istock

El edificio más destacado, desde el punto de vista monumental, es el castillo de Altafulla. Una fortaleza medieval levantada en el siglo XI que todavía hoy resulta imponente. Sin embargo, hay otro lugar que se lleva todas las miradas, y es el barrio Marítimo, el lugar donde se encontraban las antiguas casas de pescadores y sus almacenes de aparejos frente al mar. 

Se construyeron durante el siglo XVIII, perfectamente alineadas frente a la línea de playa. Los comerciantes comenzaron a usarlas también para almacenar los productos que se destinaban a las colonias hasta que a principios del siglo XX surge el barrio de Les Botigues, cuando aquellos almacenes antiguos se transformaron en viviendas y comenzaron a usarse como residencias de veraneo. El encanto, a pesar de todo, sigue intacto, y su paseo marítimo, es hermoso. 

Esencia marinera también a la hora de comer

En Altafulla es conocida su cocina marinera, con platos como el arroz negro, el suquet de pescado y productos locales como los calçots con salsa romesco. Y lo mejor de todo es que no se trata de un destino prohibitivo, sino que el precio medio de los restaurantes tradicionales sigue siendo asequible: entre 10 y 20 euros. ¿Qué más se puede pedir?