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El pueblo perfecto para un fin de semana en octubre donde se fabrican "las galletas más antiguas de España": una joya románica, un monasterio del siglo X y la cuna del pianista Isaac Albéniz

Camprodon se presenta como un enclave histórico con el sello de Bien Cultural de Interés Nacional, donde la arquitectura románica convive con una tradición culinaria centenaria.

Este pueblo tiene una de las fábricas de galletas más famosas y antiguas de España.

Este pueblo tiene una de las fábricas de galletas más famosas y antiguas de España. / Istock

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Otoño es sin duda la época perfecta para una escapada de fin de semana en la que aprovechar los últimos retazos de entretiempo, y eso, los viajeros, lo saben. Los destinos más visitados y populares en otoño suelen destacar por sus paisajes de tonos rojizos y dorados, un clima templado y, generalmente dadas las fechas, menor masificación turística.

En el plano internacional, destacan, por supuesto, Japón, con Tokio, Kioto y sus espectaculares paisajes momijigari; Canadá, Estados Unidos, Edimburgo y las Highlands y parajes como Alsacia, con pueblos encantadores como Colmar. En el nacional, la espectacular Selva de Irati, en Navarra; el Parque Nacional de Ordesa y Monteperdido, en Huesca; o ciudades andaluzas como Sevilla, aprovechando el fin del calor extremo.

Puente Nuevo (Camprodon), río Ter

Puente Nuevo (Camprodon), río Ter / Istock

Pero la fama tiene dos caras, y si bien es claro indicativo del que sin duda será un buen acierto, también es la oportunidad perfecta para salir de los destinos turistificados y descubrir pueblos, como Camprodón, donde la belleza se mide por metro cuadrado.

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Adriana Fernández

En la comarca del Ripollès, en Girona, ubicado en pleno Pirineo catalán entre los ríos Ter y Ritort, este pueblo de montaña brilla por tres razones: una tradición de galletas centenarias, histórica arquitectura románica medieval, y el pianista más importante de la historia de la música de España.

Exterior del Monasterio de Sant Pere de Camprodon en noviembre con hojas de otoño

Exterior del Monasterio de Sant Pere de Camprodon en noviembre con hojas de otoño / Istock

Un paseo por Camprodón: qué ver

Antes de sumergirse en sus calles, los títulos ya preceden al nombre, declarado Conjunto Histórico-Artístico, y con un patrimonio protegido como Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN).

Al acceder desde la carretera principal de Ripoll (C-38), el primer gran punto de interés se sitúa en los accesos de la entrada sur de la villa, con la Antigua Fábrica de Galletas Birba, fundada en 1893.

Antigua Fábrica de Galletas Birba

Antigua Fábrica de Galletas Birba / © 2026 Ajuntament de Camprodon

De arquitectura industrial de finales del siglo XIX, esta marca y fábrica de galletas que hoy continúa produciendo su receta artesanal de manera ininterrumpida desde sus inicios, convirtiéndola en una de las más antiguas en activo de España. El olor es inconfundible: almendra y mantequilla, trabajadas con harinas locales que daban servicio a las primeras familias acomodadas que veraneaban en el pueblo.

La curiosidad

Las icónicas cajas metálicas ilustradas con la vista del Pont Nou se convirtieron en un símbolo del diseño industrial catalán del siglo XX.

La visita continúa por la Avinguda Maristany hasta la entrada del núcleo urbano, modernista y noucentrista, y con una histórica tradición de turismo de salud y montaña siendo, dicen, un destino prescripto por médicos y profesionales para respirar aire puro y beber agua de sus fuentes. Por eso a finales del siglo XIX, políticos, médicos y empresarios de la alta burguesía barcelonesa erigieron allí sus mansiones estivales, destacando palacetes como Can Roig.

Paseo Maristany, Camprodón

Paseo Maristany, Camprodón / © 2026 Ajuntament de Camprodon

El Pont Nou de Camprodon espera imponente como la imagen por excelencia del pueblo, y elevado sobre el río Ter en tres semicírculos perfectos, marca el acceso a la antigua villa amurallada. Sus orígenes son del siglo XII, pese a que fue reconstruido en dos ocasiones en los siglos XII y XIV, su estilo arquitectónico predominantemente románico, con gótico civil, y su razón de ser salva el antiguo paso hacia el valle del pueblo homónimo, fronterizo con Francia.

El Museo Isaac Albéniz

A medio camino hasta llegar al monumento más importante del pueblo, espera la segunda parada: el museo que recuerda la vida del pianista Isaac Albéniz, considerado uno de los genios de la historia de la música en España. Este se ubica en el centro del casco antiguo en las inmediaciones de la casa natal del compositor.

La colección expone documentos manuscritos, epistolarios, objetos personales y muebles de la familia Albéniz.

Patrimonio y arquitectura religiosa

La Zona Alta, la monástica, recoge la afición religiosa del pueblo, con edificios como la Iglesia de Santa María, levantada a partir del siglo XIV en un gótico tardío que bebe de modificaciones barrocas y neoclásicas, y construida con el propósito de prestar culto a los feligreses del pueblo, separando la vida parroquial ordinaria de la clausura monástica que se esconde entre muros al frente de esta pequeña iglesia.

Enfrentada, al otro lado, la Iglesia del Monasterio de Sant Pere de Camprodon, vigila impertérrito sobre la villa, monumento originario a partir del cual se fundó el municipio.

Monasterio de Sant Pere de Camprodón

Monasterio de Sant Pere de Camprodón / Istock

Fundado en el año 948 por el conde Guifré II de Besalú, su iglesia románica se consagró en 1169, y sus muros se deben al hacer de una abadía benedictina clave en la comarca del Ripollès. El estilo es románico catalán y el título Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN), pero ante todo, su magia es la historia que el pueblo debe a su piedra.