El pueblo de España que es Monumento Nacional y que ha enamorado a los viajeros internacionales: "Los edificios cambian de color"

Albarracín, la joya medieval de Teruel donde las piedras cuentan historias y las fachadas se tiñen de tonos mágicos al caer el sol.

El pueblo que enamora a los extranjeros cuyas casas cambian de color
El pueblo que enamora a los extranjeros cuyas casas cambian de color / Istock

Aunque la mayoría de turistas que visitan nuestro país se dirigen o bien a las grandes urbes –los centros de Madrid y Barcelona ya hace tiempo que apenas escuchan hablar la lengua local– o bien al litoral levantino, hay viajeros internacionales que se aventuran a explorar los pueblos de interior de España. Y no se quedan precisamente indiferentes.

Muestra de ello es la cuenta de Instagram Trip Untraveled, cuya gestora ha señalado un municipio cuyas calles adoquinadas, fortaleza medieval y edificios que cambian de tonalidad dependiendo de la hora del día la ha fascinado.

Adriana Fernández

A solo 35 minutos de Teruel, Albarracín se alza sobre una ladera rocosa, rodeada por murallas y torres medievales. Llegar hasta aquí no es sencillo: no hay autobuses ni trenes, lo que la convierte en un tesoro aún más protegido frente al turismo masivo. Pasear por sus calles adoquinadas es sumergirse en un escenario medieval intacto, donde cada rincón recoge los vestigios de siglos de historia.

Uno de los arcos del juzgado ofrece vistas a la Catedral

Uno de los arcos del juzgado ofrece vistas a la Catedral

/ Istock / Marc Venema

El casco histórico de Albarracín

Declarado Monumento Nacional en 1961, galardonado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1996, y actualmente propuesto por la Unesco para ser Patrimonio de la Humanidad, Albarracín presume de un casco histórico cuyas casas irregulares están adornadas por balcones de madera y llamadores de forja en las puertas, todos de distinta forma y temática.

Sin aún habernos adentrado a descubrir los grandes edificios de Albarracín, ya hemos encontrado uno de sus encantos más singulares: la piedra de sus fachadas cambia de color con la luz del día, pasando del marrón al amanecer, a un rosado al caer la tarde y finalmente a un dorado cálido al atardecer. Entre todos estos tonos destaca un inmueble único: la conocida Casa Azul. Según la leyenda, esta vivienda era propiedad de un joven andaluz que llegó a Albarracín siguiendo a una joven de la que estaba enamorado. A pesar de tener a su amada, la añoranza de su tierra le llevó a pintar la fachada de añil sureño en recuerdo de Andalucía.

La calle Chorro de Albarracín es hogar de la Casa Azul

La calle Chorro de Albarracín es hogar de la Casa Azul

/ Istock / Santi Rodríguez

La historia de Albarracín

Los orígenes de Albarracín se remontan a la Edad de Hierro, cuando estuvo habitado por la tribu celta de los lobetanos. También conserva pinturas rupestres de épocas epipaleolíticas y neolíticas en el Parque Cultural. Más tarde, fue el clan bereber de los Banu Razin quien alcanzó el poder en la zona, dejando como legado la torre del Andador y el famoso Alcázar de Albarracín.

Ya en el siglo XIII, con la llegada de Pedro III de Aragón, la villa pasó definitivamente a manos cristianas. El Alcázar fue casi completamente modificado y habitado hasta su destrucción en el siglo XVIII. En las últimas décadas ha sido profundamente restaurado para habilitarlo como monumento.

El Alcázar de Albarracín mira la ciudad desde la cima de la ladera

El Alcázar de Albarracín mira la ciudad desde la cima de la ladera

/ Istock / Jose Calatrava Cano

Qué ver en Albarracín

Además del Alcázar de Albarracín, hay un buen puñado de edificios medievales y de la Edad Moderna repartidos por el municipio rosa. Empezando por la catedral del Salvador, levantada en el siglo XVI junto al castillo, se completa con el palacio episcopal, que conserva una portada barroca. En la plaza del Ayuntamiento destaca la Casa Consistorial del siglo XVI, con sus balcones de madera y un corredor corrido sobre el río.

Otro rincón amado por los locales se encuentra en el Portal de Molina: la Casa de la Julianeta, una construcción popular que se ha convertido en emblema del pueblo. Las murallas del siglo XIV, y la Torre de Doña Blanca completan el encanto de este lugar donde cada detalle parece pensado para ser contemplado con calma.

Senderismo en Albarracín

Más allá de sus calles, Albarracín invita a descubrir la Sierra del mismo nombre, un entorno natural perfecto para el senderismo. Desde sus rutas podrás seguir las huellas de la transhumancia milenaria; o perderte en un paisaje donde conviven bosques, cañones y barrancos. Muy cerca, en Orihuela, el santuario del Tremedal añade una nota espiritual a la experiencia.

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