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Entramos en el pueblo donde se hace la mejor anchoa del mundo: una villa marinera de Cantabria rodeada por un Parque Nacional donde los sicilianos inventaron la conserva moderna

Este rincón cántabro conquista al viajero desde diversas perspectivas: el paladar con su cultura gastronómica, las vistas con su increíble naturaleza protegida y el corazón con su tradición marinera.

Este parque natural de España guarda la mejor anchoa del mundo: merece la pena visitarlo, al menos, una vez en la vida

Este parque natural de España guarda la mejor anchoa del mundo: merece la pena visitarlo, al menos, una vez en la vida / Istock

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La costa oriental de Cantabria reúne algunos de los paisajes más espectaculares del norte de España. En apenas un centenar de kilómetros se suceden puertos pesqueros, playas interminables, marismas protegidas y pueblos con siglos de historia. La villa marinera de la que vamos a hablar ha construido su relato mirando siempre hacia el Cantábrico: sus calles, su puerto y su gastronomía reflejan una tradición marinera que continúa muy viva a día de hoy y que convierte la visita en una inmersión cultural que merece la pena vivir.

Santoña (Cantabria)

Santoña (Cantabria) / Istock / MEDITERRANEAN

Una de las características más valoradas de Santoña es que puede descubrirse a través de su rico patrimonio. La iglesia de Santa María del Puerto, levantada entre los siglos XIII y XVII, es uno de los edificios más emblemáticos de la villa. De predominio gótico y con algunos elementos románicos, conserva un valioso retablo flamenco del siglo XV que figura entre los conjuntos artísticos más destacados de Cantabria. Muy cerca, las antiguas fortificaciones que protegían la entrada a la bahía recuerdan la importancia estratégica que tuvo este enclave durante siglos.

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Adriana Fernández

El puerto pesquero de Santoña (Cantabria)

El puerto pesquero de Santoña (Cantabria) / Istock / David Andres Gurierrez

Un pueblo cántabro que nace de la sal y la naturaleza

El puerto ha sido durante siglos el gran motor económico de la localidad. Todavía hoy mantiene una intensa actividad artesanal y se sitúa entre los más importantes de Cantabria por volumen de pesca desembarcada. Pasear por el muelle permite contemplar el ir y venir de las embarcaciones y entender por qué Santoña ha estado tan vinculada al mar desde sus orígenes. ¡Pero eso no es todo! El entorno natural es otro de los grandes atractivos del municipio.

Figuras históricas

No es casualidad que de aquí procedan figuras históricas como Juan de la Cosa, el célebre cartógrafo que participó en las expediciones de Cristóbal Colón y elaboró uno de los primeros mapas del continente americano.

Al otro lado del casco urbano, se alza el monte Buciero, un macizo cubierto de vegetación que protege la bahía y ofrece algunas de las rutas senderistas más espectaculares de la costa cántabra. Los caminos recorren antiguos fuertes militares, faros y acantilados con impresionantes. Muy cerca se encuentra también la playa de Berria, un extenso arenal de carácter salvaje que ha sido destacado incluso por la Guía Repsol como parte de una de las rutas tesoro del Cantábrico. Los más aventureros pueden descender hasta el espectacular Faro del Caballo tras superar su famosa escalinata.

Los acantilados de Santoña (Cantabria)

Los acantilados de Santoña (Cantabria) / Istock / Jordi Ruiz

Otro de los grandes tesoros del municipio es la Reserva Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, uno de los humedales más valiosos del norte de España. Este espacio protegido constituye un refugio fundamental para numerosas aves migratorias y puede recorrerse a través de itinerarios que permiten observar la riqueza de sus ecosistemas sin alterar su equilibrio.

Las marismas de Santoña, Victoria y Joyel en Cantabria

Las marismas de Santoña, Victoria y Joyel en Cantabria / Istock / JavierGil1000

Las anchoas de Santoña: una exquisitez mundial

La anchoa de Santoña es el gran emblema gastronómico de la costa cántabra y sigue elaborándose según métodos tradicionales introducidos por conserveros italianos a finales del siglo XIX. Numerosas conserveras elaboran artesanalmente este producto, convertido en uno de los grandes símbolos culinarios junto al bonito del norte y otros pescados de la zona. A ella se suman otros productos imprescindibles como los sobaos pasiegos, la quesada o los quesos con denominación de origen. Degustarlos en cualquiera de los restaurantes del puerto completa una visita en la que el mar está presente en cada detalle.

Un sueño hecho realidad.