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El pueblo medieval ideal para recorrer a pie y comer “el mejor ternasco asado” de España: Conjunto Histórico-Artístico, un recinto amurallado con cinco portales de piedra e historia de frontera en el Maestrazgo turolense

El recinto amurallado, las huellas de las guerras carlistas y la literatura de Pío Baroja explican buena parte de la personalidad de esta villa del Maestrazgo.

El pueblo medieval ideal para recorrer a pie y comer “el mejor ternasco asado” de España

El pueblo medieval ideal para recorrer a pie y comer “el mejor ternasco asado” de España / Istock / t

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Cruzar el Portal de las Monjas es algo así como dar un salto de varios siglos sin salir de la misma acera. Al atravesar su arco de piedra te encontrarás con la calle Mayor, casonas solares y una muralla que todavía bordea buena parte del pueblo. Las celosías de barro y yeso de este portal son la postal más icónica de Mirambel, pero si echas a andar te vas a topar con otros cuatro accesos medievales intactos.

Mirambel es es todos los sentidos un verdader pueblo medieval

Mirambel es todo un pueblo medieval / Istock / KarSol

Pocos rincones de Aragón conservan un patrimonio así de bien integrado. De hecho, el mimo con el que se ha restaurado cada esquina le valió ser declarado Conjunto Histórico-Artístico y Medalla de Oro de Europa Nostra en los años 80, consolidándolo como una de las joyas de la red de los Pueblos Más Bonitos de España.

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Un paseo entre murallas y casas solariegas

En las sierras del Maestrazgo turolense, el recinto amurallado se levantó entre finales del siglo XIV y principios del XV para dar cobijo a una población en pleno crecimiento. De aquella época sobreviven sus cinco portales históricos: Valero, las Monjas, el Estudio, la Iglesia (o de la Fuente) y San Roque, varios de ellos conservando aún detalles defensivos que explican cómo se blindaba la villa en tiempos de contienda.

Puedes empezar el recorrido por el Portal de las Monjas, probablemente el acceso más reconocible de Mirambel, que está adosado al antiguo convento de las Agustinas y es reconocible por sus celosías altas. Luego, la calle Mayor vértebra el paseo. A lado y lado surgen las casonas de las familias nobles que hicieron fortuna en la Edad Moderna: los Aliaga, los Castellot, los Julianes o los Barceló, con sus imponentes portadas de piedra.

Puerta de Las Monjas, Mirambel.

Puerta de Las Monjas, Mirambel. / Istock / Josep Curto

Tras admirar las Casas Consistoriales y la iglesia de Santa Margarita, sal del trazado principal para apreciar la envergadura de la fortificación. En la parte donde el terreno cae hacia el río, la muralla está completa. Ahí se aprecia un detalle curioso: cómo las viviendas fueron adosándose y creciendo hincando sus cimientos directamente sobre la piedra defensiva.

Calles y rincones en Mirambel.

Calles y rincones en Mirambel. / Istock / Josep Curto

Una villa marcada por las guerras

La ubicación de Mirambel explica su obsesión por blindarse. Fue un punto clave de paso entre tierras aragonesas y levantinas, y la historia de frontera no terminó en la Edad Media. En el siglo XIX, el Maestrazgo se convirtió en uno de los bastiones más sangrientos de las Guerras Carlistas, un ambiente convulso que fascinó a Pío Baroja, quien recorrió la zona y retrató el ambiente de la localidad en sus relatos y novelas sobre el carlismo.

Torre de vigilancia medieval y murallas defensivas de Mirambel, Teruel

Torre de vigilancia medieval y murallas defensivas de Mirambel, Teruel / Istock / t

Ese ambiente detenido en el tiempo también ha seducido al cine. Ken Loach convirtió estas mismas calles en el plató principal de Tierra y libertad (1995). Si te interesa, hay una ruta señalizada que permite recorrer los rincones exactos donde el director británico rodó algunas de las escenas más memorables de la película.

Una ruta a pie para descubrir el Maestrazgo

Aunque el casco urbano se recorre en un par de horas, la visita pide a gritos estirarse hacia los alrededores. Una opción perfecta es la ruta circular de 8,5 kilómetros que arranca en el propio Portal de las Monjas. El sendero desciende hacia el río Cantavieja, cruza un puente medieval, pasa junto a un antiguo molino y regresa entre masías tradicionales y bancales.

El ternasco de Aragón es todo un emblema.

El ternasco de Aragón es todo un emblema. / Istock

Y, para cerrar la jornada, la gastronomía local manda. Estar en el Maestrazgo exige sentarse a la mesa a probar un buen asado de Ternasco de Aragón, la joya de la cocina turolense. En un pueblo de apenas unas manzanas de extensión, la historia medieval, las rutas de cine y los sabores de siempre quedan a apenas unos pasos de distancia, por lo que es una escapada perfecta para recorrer a pie.