El pueblo medieval rojo que cambia de color en verano: así es la escapada más increíble para un fin de semana
Ni las guerras ni el abandono han podido con este pequeño pueblo medieval, que esconde entre sus pequeñas casas rojas algún que otro secreto maravilloso que merece la pena descubrir.

Hay un tipo de escapadas que están poniéndose cada vez más de moda en estos últimos años: las escapadas medievales. Este tipo de viajes engloba una gran cantidad de atractivos turísticos para muchas personas, que entre una escapada de fin de semana a la playa o a un pequeño pueblo medieval, acaban decantándose por la segunda opción.
Y con nuestro protagonista de hoy no es para menos, ya que entre bosques, viñedos y ríos, se encuentra un pequeño pueblo medieval que destaca no solo por su perfecta conservación, sino por su característico color rojo, que atrae la mirada de cualquier persona. Este pueblo es un regalo que te hace viajar a otros tiempos, donde la vida marchaba a otro ritmo y las cosas eran diferentes.

El pueblo rojo francés, una escapada perfecta de fin de semana
Situado en el sudoeste francés, encontramos este pueblo rojo, emplazado en la comarca de Nueva Aquitania. Su ciudad más cercana es Brive-la-Gaillarde, a unos 20 kilómetros de distancia, lo que aumenta aún más la sensación de haber viajado a otro tiempo una vez llegues al pueblo. Su nombre en español podría traducirse literalmente como: la colonia roja, y no es casualidad. Sus casas, construidas con torreones medievales, tienen un característico color rojo que se intensifica en los meses de invierno debido a la humedad y la lluvia, y que en verano, al secarse, adquiere un tono rosado pálido.

En Francia encontramos este lugar como Collonges-la-Rouge, un pueblo pintoresco francés de apenas 400 habitantes, pero que puede llegar a recibir hasta 70.000 visitantes al año. Su historia se entrelaza entre la religión, la economía y la guerra. Pero vamos por partes.

Orígenes de la colonia roja: religión, la economía y guerra
Sus orígenes se remontan al siglo VIII, cuando se estableció en el pueblo el priorato de Saint-Pierre. Esto fue el inicio de la villa roja. Se empezó a formar un pequeño núcleo de viviendas debido a la situación de la tierra: por ella pasaban rutas comerciales importantes, las tierras resultaban fértiles y la abadía construida por los benedictinos aportaba seguridad al pueblo. Por aquí pasaban rutas secundarias del Camino de Santiago, lo que aportaba comercio, y poco a poco Collonges-la-Rouge empezó a prosperar.

Se comenzó entonces con la ampliación del pueblo. La zona estaba dominada principalmente por la arenisca ferruginosa, de un color rojo intenso, y fue utilizada para cada edificación de la villa, como podemos observar dándonos un paseo por ella. La más importante y la que dio inicio a la colonia: la iglesia de Saint-Pierre, una maravilla difícil de describir que no hace justicia en fotos y que debe verse en persona.

Entrando ya en la época de los siglos XVI, podremos darnos cuenta de una característica común en muchas de las casas. A pesar de ser de una o dos plantas, vemos que se componen de multitud de torres, algo que no era una función estética, sino un símbolo de riqueza. Cuantas más torres, más nobleza habitaba en el pueblo. Es así como se comienza a conocer al pueblo, como la villa de las torres, aunque el sustantivo que se le pegó para siempre fue el del pueblo rojo.

La Revolución Francesa y las sucesivas guerras deterioraron el pueblo, que perdió gran valor cultural e histórico durante unos años, viéndose completamente abandonado. Pero en la época de los 90 el pueblo resurgió de sus cenizas y, gracias a un nuevo enfoque en la actividad turística, podemos disfrutar de uno de los pueblos más bonitos de toda Francia.

Cómo llegar hasta Collonges-la-Rouge
Pequeñas tiendas, cafés, restaurantes y hoteles. Este lugar debe descubrirse caminando con calma por sus preciosas calles. La arena roja de los ladrillos contrasta con los árboles y enredaderas de color verde puro, y el cielo azul, otorgándole a la villa de Collonges-la-Rouge un aspecto de película.

Para llegar hasta aquí, lo más sencillo será coger un avión de vuelo directo que nos lleve hasta Toulouse. Allí se puede alquilar un coche para dirigirnos directamente al pueblo. Una vez en el pueblo, las posibilidades de hotel son bastante variadas: desde hostales hasta casas de campo, todo rodeado de un ambiente medieval único. No dejes escapar la oportunidad de pasar un fin de semana único en un pequeño pueblo francés al más puro estilo medieval.
Síguele la pista
Lo último
