El pueblo medieval a los pies de los Pirineos que esconde la catedral más pequeña de España: una joya románica del siglo X con un precioso claustro
Apenas llega a los 50 habitantes, pero es uno de los Pueblos más Bonitos de España.

El pueblo medieval que esconde una de las catedrales con más encanto de España. Posiblemente esta es la mejor carta de presentación para definir un lugar perdido a los pies de los Pirineos y la mejor excusa para hacer una escapada de invierno hasta allí.

Está en la comarca de La Ribagorza, en la provincia de Huesca, uno de los destinos más privilegiados cuando llega el frío y un manto de nieve blanca lo cubre todo a su paso. Ahí, bajo las cumbres más altas de los Pirineos se encuentra Roda de Isábena, uno de los secretos mejor guardados de Aragón.
Un pueblo medieval de cuento
El sello medieval de este lugar, considerado uno de los Pueblos más Bonitos de España, es inconfundible: callejuelas intrincadas en un casco urbano abigarrado, con portadas, pasadizos y murallas defensivas que, nada más poner un pie en el interior, te llevan de viaje hasta otra época en la que este lugar brillaba con luz propia (y no nos referimos a la iluminación de Navidad).

La Edad Media fue la edad dorada de Roda de Isábena, la minúscula localidad que pertenece al antiguo condado de Ribagorza, uno de los que dieron origen a la corona de Aragón. Pero hay más, porque en el siglo X Roda de Isábena, que hoy apenas llega a los 50 habitantes, fue capital del condado y sede episcopal, lo que dio lugar al levantamiento de una catedral en su territorio.
En realidad son dos: la primera fue levantada en el año 956 y saqueada solo unos años después por los musulmanes que conquistaron la península. Después, una vez que la ciudad fue recuperada por los cristianos, se levantó la segunda catedral, ya en el siglo XI, con un marcado estilo románico lombardo.

La catedral más pequeña de España
Lo curioso de este monasterio es que se trata de la catedral más antigua de Aragón, y la más pequeña de España. Se trata de la Catedral de San Vicente Mártir, un edificio que conserva todavía algunos de los vestigios más importantes de su rico pasado, como su claustro, austero y de pequeñas dimensiones pero que “resulta un lugar encantador para el paseo”, como apuntan desde Turismo de Aragón.

Y no es lo único. El antiguo refectorio de la catedral (hoy convertido en el restaurante de un alojamiento turístico) y el palacio del Prior, del siglo XVI, también se mantienen en pie. Y en los alrededores, castillos y puentes medievales, además de pequeñas ermitas románicas y monasterios.

Todo ello rodeado de una naturaleza desbordante. La mejor excusa para ir pensando en hacer una escapada hasta este rincón privilegiado junto a los Pirineos.
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