Rodeado de murallas medievales y en un impresionante entorno natural: es el pueblo más bonito del mundo y está en Huesca
Considerado por la Organización Mundial del Turismo uno de los mejores pueblos turísticos del mundo, este desconocido pueblecito de Huesca lo tiene todo.

Allá donde se encuentran los ríos Ara y Cinca, en un entorno de valles verdes y rodeado de bucólicos bosques y escarpadas montañas, se encuentra un tesoro oculto.
No hablamos de un destino masificado ni de un rincón que suela ocupar titulares. Más bien, Aínsa es una gema oculta en el interior peninsular que ha sido calificada por medios de comunicación internacionales como "el pueblo más bonito de España". Es más, nada menos que la ONU ha elegido únicamente dos pueblos en España (Aínsa y Mura) para recibir el calificativo de Mejores Pueblos del Mundo.
Su casco histórico acumula construcciones declaradas Bien de Interés Cultural, sus edificaciones medievales están sorprendentemente bien conservadas y su entorno es pura magia para los amantes de la naturaleza y el senderismo. ¿Quién da más?

El nacimento de Aínsa
Su origen se remonta al siglo VIII. Fue entonces cuando, en plena reconquista, los cristianos y los musulmanes se enfrentaron en el Sobrarbe. Un día, el rey García Giménez divisó una gran cruz de fuego que se alzaba sobre una encina. Guiado por esa aparición, el monarca logró que su ejército saliera victorioso. Con esta hazaña, se unificó el mapa de Huesca bajo una misma corona.
El milagro, que se rememora el primer domingo de septiembre de los años pares en la fiesta de La Morisma, estuvo sucedido de un periodo de crecimiento y gran esplendor. El momento de mayor riqueza de Aínsa fue del siglo XIII al XV, época de la que datan buena parte de su casco histórico. Después, ya entrado el XVII, decayó.
En el siglo XX se puso en marcha un trabajo de restauración que concluyó con la declaración de la villa medieval como Conjunto Histórico Artístico en el año 1965.

Qué ver en Aínsa
El lugar donde más fácil es respirar el pueblo es su Plaza Mayor, un enclave salpicado de soportales y maravillosamente conservado donde se produce una suerte de viaje en el tiempo. Al oeste se alza el Castillo de Aínsa, un conjunto declarado Bien de Interés Cultural donde se celebra cada año el Festival Internacional de Música que lleva su nombre, y en cuya torre del homenaje se encuentra el Ecomuseo de la Fauna Pirenaica.
Otro edificio Bien de Interés Cultural es la Parroquia de Santa María, un fantástico ejemplar de arquitectura románico aragonesa sobrarbense que cuenta con un claustro que mezcla con gran belleza el románico y el gótico.
Por último, la visita al pueblo no está completa sin ir a ver la Cruz Cubierta de Aínsa, un templete que señala el lugar donde hizo su aparición la cruz de fuego.

La naturaleza en Aínsa
El complemento perfecto de la delicada arquitectura en el interior se encuentra más allá de las murallas medievales que lo rodean. Aínsa es puerta de entrada a los Parques Nacionales de Ordesa y Monte Perdido, lo que le ha valido el título de Capital del Turismo Rural.
Desde aquí parten numerosas rutas de senderismo, aunque la más popular es la que une Aínsa con la villa cercana de Boltaña, un recorrido de alrededor de 10 kilómetros que cruza el río Ara y atraviesa bosque y sierrra.
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