El pueblo medieval español desde el que puedes saltar a Francia: tiene un castillo de 1.000 años y preciosos balcones de colores
Una villa con mucho encanto a menos de 15 minutos en coche de Francia, y a solo unas brazadas a nado de sus costas.

Son cuatro las comunidades de España que limitan con la frontera francesa. Pero hay una en la que la línea que separa ambos países está borrosa, desdibujada, como contagiada por lo mejor de ambos mundos. Y el resultado es un destino de lo más singular.

Sucede en el País Vasco, concretamente en el norte de la provincia de Guipúzcoa. Y es que es ahí, donde el Bidasoa se funde con el mar Cantábrico, el lugar en el que se esconde una villa medieval de carácter singular catalogada como uno de los pueblos más bonitos de España. Y motivos no le faltan.
Su ambiente marinero le viene de una larga tradición de pescadores; su carácter fronterizo, culpa de los siete kilómetros que le separan de sus vecinos franceses; y su estética medieval, de siglos de historia, que se remontan hasta el año 1203, año de su fundación como villa en plena Edad Media.
Todo junto solo puede significar una cosa: que poner un pie en las calles adoquinadas y recorrer el casco histórico de este lugar es como hacer un gran viaje al pasado sin casi moverse del país. Del País Vasco, para ser precisos.

Uno de los pueblos más bonitos del País Vasco
A solo 20 kilómetros de San Sebastián se encuentra este paraíso singular de balcones floridos y arquitectura marinera típicamente vasca llamado Hondarribia (o Fuenterrabía). Sus poco más de 28 kilómetros cuadrados ocultan un centro histórico tan bello y tan bien conservado que está declarado Conjunto Histórico-Monumental.
Antiguamente estaba completamente rodeado por una muralla, la única muralla medieval de toda la provincia de Guipúzcoa (y de la que hoy se conservan solo algunos tramos y estructuras) y hoy el principal punto de acceso es la puerta de Santa María.

Desde ahí parte una ruta que lleva de paseo por la calle Mayor (o kale Nagusia), dominada por algunas de las casas más singulares de la ciudad. Desde el Ayuntamiento (del siglo XVIII), con su marcado estilo barroco, como el palacio Casadevante (levantado en el XVII); o la casa de Zuloaga (hoy es la biblioteca y archivo municipal) y la de Ladrón de Guevara, famosa por su ladrillo azul vitrificado. No hay otra igual.
Qué ver dentro del conjunto Histórico-Artístico de esta villa medieval
Aunque uno de los edificios más destacados es el castillo de Carlos V. Imponente en altura (llegó a tener seis plantas) y de gruesos muros (de hasta tres metros), su solidez monumental (y cuadrangular) domina la plaza de Armas, a orillas del Bidasoa.

Lo curioso de este castillo no es solo el hecho de haber sido levantado sobre los restos de una fortaleza medieval fechada en el 1190. Sino su vinculación a Francia, física e histórica: en sus aposentos se hospedaron los miembros de la familia real española en tiempos de la boda de la infanta María Teresa con el que sería el futuro rey de Francia, Luis XIV. La boda tuvo lugar en San Juan de Luz y supuso el fin de un conflicto histórico entre ambos países.
La villa marinera, parada imprescindible
El barrio de pescadores ofrece la cara más bohemia de la ciudad. Bares y restaurantes para disfrutar de la gastronomía de la zona, y la postal más típica de Hondarribia: la de las fachadas de llamativos colores tan característicos de las ciudades marineras. Se localizan en los alrededores de la calle San Pedro, dominada por singulares balcones (unos de madera, otros de hierro forjado), con aleros labrados y repletos de flores.
Y de nuevo, la playa. Muy cerca, a solo unos metros a pie, está el pequeño puerto pesquero y un paseo marítimo que conduce hasta la playa de Hondarribia, una extensión de unos 800 metros de arena y aguas tranquilas perfecta para disfrutar en familia. Y, si se quiere, dar el salto a Francia por Hendaya, la comuna francesa vecina de Hondarribia con la que guarda un parecido más que razonable y un singular estilo neo vasco. Imprescindible.
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