El pueblo medieval de España al que no ha llegado el turismo es espectacular: tiene un castillo del siglo XII, un paisaje marciano y solo 15 habitantes
Algunos de los pueblos más bonitos son también los más desconocidos, como pasa con esta joya oculta de Guadalajara.

La espectacularidad no está reñida con el tamaño y la cantidad de patrimonio que posee un lugar. Hay ciudades gigantescas que no resultan nada espectaculares y pueblos de tres habitantes que, ya sea por su belleza natural, por su historia legendaria o por su singularidad, dejan a cualquier visitante con la boca abierta. Es lo que sucede en el precioso pueblo de Guadalajara donde nos adentramos hoy.
Pelegrina cuenta con apenas 15 habitantes, pero eso no le impide coronarse como uno de los pueblos medievales más bonitos de su zona, y eso que está pegado a Sigüenza, otro de los destinos medievales más impresionantes de España. Pelegrina es un pueblo que, más allá del encanto de sus calles empedradas, se ubica en un entorno natural único que se ha postulado para ser Patrimonio de la Humanidad, el Parque Natural del Río Dulce.
Un mirador con nombre de famoso
Antes de adentrarse en el pueblo mismo, a dos kilómetros y medio, el viajero se topa con el Mirador de Félix Rodríguez de la Fuente, desde donde se contempla el punto desde el que el naturalista y divulgador ambientalista dedicaba horas a observar buitres leonados, águilas reales, halcones peregrinos, culebreras europeas y otras muchas aves rapaces, mamíferos y todo tipo de animales. Allí filmó además varios episodios de 'El Hombre y la Tierra'.

De este precioso entorno natural destaca también la cascada de Gollorío, que se encuentra en el barranco del mismo nombre. Es un salto de agua muy curioso, porque solo aparece en primavera y en otoño para alcanzar el río Dulce, y el resto del año está escondido. Asimismo, hay que mencionar la Hoz de Pelegrina, una ruta de diez kilómetros cuyas vistas de los barrancos y los buitres merecen la pena al final del duro camino.

Una iglesia, un castillo y mucho arte
Tras investigar la naturaleza que rodea Pelegrina, podemos adentrarnos en el núcleo poblacional donde en el siglo XIX vivían hasta 620 personas y ahora apenas quedan 15. Es un pueblo que se recorre rápido pero que se queda grabado por siempre en los corazones de los visitantes -lo dice una servidora que lo ha pateado varias veces-. Tiene tan solo dos monumentos importantes, la iglesia y el castillo, pero ambos de una historia y belleza abrumadoras.

El Castillo de Pelegrina data del siglo XII, de la misma época en la que aparecen los primeros documentos sobre el pueblo. Aunque se cree que podría haber existido antes como fortaleza árabe. No se mantuvo mucho tiempo como fortaleza, pues un par de siglos más tarde se convirtió en la residencia de verano de los obispos de Sigüenza. La Guerra de Sucesión y las invasiones napoleónicas lo dejaron en ruinas, como un segundo mirador sobre el pueblo y el barranco.

El segundo símbolo histórico es la iglesia de la Santísima Trinidad, que tiene una estética románica rural sencilla pero con un artesonado policromado mudéjar y un retablo en la capilla mayor del siglo XVI que merece la pena conocer. Aquí se exhiben las muestras de arte de los vecinos cada Semana Santa, que plasman sobre lienzos la belleza de la Hoz de Pelegrina. Una belleza de la que ya se enamoró Félix Rodríguez de la Fuente y que hoy sigue maravillando a cualquiera.
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