El pueblo medieval más bonito de España tiene una iglesia del siglo IX y un mirador con el nombre de un famoso escritor
Este pueblo de la Costa Brava de Girona es uno de los secretos mejor guardados de Cataluña.

Pueblos medievales en España hay cientos, si no miles, pero cuando se habla de los mejores conservados siempre suelen salir a la palestra los mismos nombres: Pedraza en Segovia, con una única puerta de entrada y salida; Albarracín en Teruel, que se considera también uno de los más bonitos; e incluso Urueña en Valladolid, con una muralla que se conserva prácticamente intacta.
Pero hoy vamos a explorar un lugar diferente que no suele aparecer en los artículos de revistas de viajes como esta. Viajamos hasta el Baix Empordà para adentrarnos en una pequeña villa medieval de Girona con poco más de 2.500 habitantes: Pals. El periodista y escritor Josep Pla, que dedicó buena parte de su vida a describir las bondades de su tierra, también escribió sobre esta joya.
"Pals no merece una visita, sino cien visitas, porque su ubicación ofrece la posibilidad de ver uno de los paisajes más bellos e inolvidables del país". Durante la posguerra halló allí una suerte de refugio a modo de exilio interior y a todas las personas que acudían a visitarle las llevaba al mismo sitio, al mirador del barrio del Pedrò. Con el tiempo, los vecinos le honraron poniéndole su nombre.
Un paseo por la villa medieval más bonita de Girona
Lo que más le enamoró fue que era una tierra de contrastes: el mar con las islas Medes, las montañas del Montgrí, los alcornoques y los pinos, los contrafuertes de las Gavarres. No hay rincón que dejara indiferente a Pla en su momento y tampoco lo hace ahora a los viajeros que lo visitan. Es un pueblo tranquilo, donde tan solo un paseo por sus calles empedradas es suficiente para caer rendido a sus pies.

Pals está formada por tres núcleos urbanos: la villa medieval, los Masos de Pals y Pals Playa. La visita comienza por la parte medieval, concretamente en Ca Pruna, una casa cuya construcción data de los siglos XV o XVI y que actualmente funciona como Casa de Cultura, tras haber sido restaurada en varias ocasiones. Continuamos por la calle de la Creu para llegar a la Plaza Mayor.

Ante nuestros ojos aparece un arco gótico que da la bienvenida al recinto amurallado. Allí se suceden varias sepulturas medievales que están talladas en la tierra y se encuentra la torre de las Horas, de 15 metros de altura y erigida entre los siglos XI y XII. Esta torre es lo único que se conserva del antiguo castillo que, por desgracia, se demolió en el siglo XV. Con sus restos se reconstruyó la iglesia de Sant Pere, que encuentra su verdadero origen en el siglo IX.

Por el camino también nos topamos con la torre d'en Ramonet. Y es que la muralla de los siglos XII y XIV aún mantienen en pie sus cuatro torres. Después llegamos al mirador de Josep Pla, desde donde, como él mismo decía, se contemplan unas vistas espectaculares. A un lado se ve el Montgrí con la Serra del Cadí detrás y al otro la llanura ampurdanesa con el Mediterráneo como telón de fondo.

Playas y gastronomía, dos placeres unidos
Este preciado y precioso patrimonio histórico se une a una costa y una gastronomía envidiables. No se trata de un pueblo pesquero -el principal comercio de la zona se hacía con cereales-, sino que hay dos playas que se encuentran dentro de su término municipal: Platja Grande y Platja del Grau. Es por eso que se encuentran a cinco kilómetros desde el pueblo.

Realmente merecen la pena, pues están plagadas de calas paradisíacas al final de la Costa Brava. En ambas se pueden practicar deportes acuáticos como surf, kayak o snorkel, ya que sus olas responden al efecto de la Tramontana. Tienen además una zona de dunas y especies protegidas por donde no se puede pasear. Desde aquí pueden explorarse otras playas como la del Racó, que ya forma parte de Begur.

Como se suele decir, el mar da hambre, y buenas noticias para todos porque estamos en un lugar con una gastronomía muy rica y variada. Lo más típico es el arroz de Pals, un cultivo que se remonta al siglo XV. A pesar de su reducido tamaño, cuenta con unos 40 restaurantes donde se come la mar de bien. Uno de los más conocidos es El Pedró, con platos tradicionales elaborados con productos locales.
También destaca Vicus Restaurant, considerado uno de los mejores de la zona, que aúna en su carta tradición y modernidad, con el arroz como especialidad de la casa. Así como Solimar, otro de los más recomendados, más enfocado en productos del mar. Por otro lado, entre los más asequibles están Tapizzati, Portal Restaurant o Rostisseria Can Padrès. Ahora sabemos por qué Josep Pla se enamoró tanto de esta preciosa villa.
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