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El pueblo situado en el mayor mar de olivos del mundo: millones de árboles, almazaras centenarias y una tradición aceitera que define todo el paisaje

Con un casco antiguo declarado Conjunto Histórico-Artístico, los habitantes de este pueblo conviven con más olivos que personas.

El pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico que vive rodeado de olivos

El pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico que vive rodeado de olivos / Istock

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Como la gran mayoría de países que se encuentran alrededor de las orillas del mar Mediterráneo, España es país de olivas y aceite. De hecho, en las últimas décadas se ha convertido en el mayor exportador de aceite de oliva de todo el mundo, con más de 1,4 millones de toneladas exportadas a más de 170 países. Una de las pruebas indiscutibles que justifican las enormes cantidades de aceite producidas en nuestras tierras son los infinitos campos de olivos que cubren gran parte del territorio, los cuales crean una de las estampas más característicamente españolas y mediterráneas que podemos imaginar.

España es el principal productor y exportador mundial de aceite de oliva

España es el principal productor y exportador mundial de aceite de oliva / Istock / erdemeksi

Uno de los mares de olivos más grandes del mundo lo encontramos envolviendo el pueblo jienense de Martos, conocido habitualmente como la “Cuna del olivar”. El pueblo está considerado como el primer productor mundial de aceite de oliva, contando incluso con su propia variedad de aceituna, la marteña, cuyo aceite es más estable y resistente a la oxidación, y el cual se caracteriza por un perfil frutado, con notas de tomate, hierba y almendra.

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Rodeado por un mar de olivos

Situado a menos de 30 kilómetros al oeste de la ciudad de Jaén, el pueblo de Martos cuenta con una población algo inferior a los 24.500 habitantes, los cuales conviven con un entorno repleto de olivos, la gran mayoría de ellos centenarios (algunos tiene incluso más de 500 años). Y es que Martos está considerado como el mayor productor de aceite de oliva que hay en todo el mundo, lo que lo convierte en una de las experiencias tanto históricas como culturales y gastronómicas más interesantes que podemos vivir en el sur de la península.

Por los alrededores del pueblo existen varias visitas que permiten explorar y descubrir los secretos de los extensos campos de olivos que envuelven la localidad, como los Olivos Singulares de la Candonga o la Estaca Grande. Pero la más destacada de estas visitas es la de los Olivos Centenarios, la cual recorre los cultivos de olivar marteño en busca de los ejemplares con una edad superior a los 200 años; algunos de ellos tienen, incluso, más de 500 años.

Uno de los olivos centenarios de Martos

Uno de los olivos centenarios de Martos / Alifates

Representativa también de la importancia que tiene la producción de aceite para la localidad, cada inicio de diciembre el pueblo celebra la Fiesta de la Aceituna, la cual marca el inicio de la campaña de recolección de la aceituna y homenajea el trabajo de sus agricultores. Durante los 4 días que duran las festividades, las actividades son prácticamente incontables, con exposiciones y conciertos, degustaciones del hoyo aceitunero (pan, aceite y bacalao, la comida típica aceitunera), o la carrera popular del aceite.

Un pueblo con mucha historia

En las llanuras del valle del Guadalquivir, el casco antiguo de Martos fue declarado Bien de Interés Cultural dentro de la categoría de Conjunto Histórico-Artístico desde el año 2003. A parte de por la producción de su preciado oro líquido, el pueblo es especialmente conocido por el Castillo de la Peña de Martos, un impresionante castillo de la Orden de Calatrava construido en el siglo XIII sobre lo que anteriormente había sido una fortaleza de origen árabe y construida en el siglo IX. A su vez, la fortaleza musulmana reutilizaba la situación y defensas de una fortificación ibero-romana anterior. Además de ofrecer una visita que rezuma historia por todos lados, la Peña de Martos ofrece unas panorámicas inigualables del entorno.

En el sí del pueblo destaca por encima de todo la Fortaleza Baja o Castillo de la Villa, una antigua alcazaba del siglo XIII rodeada por las murallas del pueblo y atravesada por innumerables pasadizos y torres. Muy cerca de este se erige la Real Iglesia Parroquial de Santa Marta, la más antigua de los templos cristianos que se encuentran en Martos, construida tras la conquista cristiana en el siglo XIII y dedicada a Santa Marta, patrona del pueblo.

Una panorámica del pueblo

Una panorámica del pueblo / Istock / Marcos Revert Alcantara

La gastronomía del pueblo

Si hay algo que uno debe hacer sí o sí cuando visita el pueblo, eso es pararse en alguno de sus muchos restaurantes para degustar la excelente cocina que producen los fogones del pueblo. Fiel reflejo de la riqueza agrícola y cultural de los campos jienenses, aquí el aceite de oliva virgen extra sirve como hilo conductor de cada plato. Destacan elaboraciones tradicionales, hechas con productos de proximidad y recetas trasmitidas de generación en generación, como los andrajos, los cuales combinan sencillez y un sabor intenso.

En definitiva, Martos es uno de estos lugares donde la vida parece tomarse un respiro para mostrarnos la belleza de la tierra, un lugar donde la tradición sigue presente en todos los aspectos del día a día.