Parece Grecia, pero está en Alicante y es el pueblo más bonito de la Comunidad Valenciana: estilo marinero, playas de aguas turquesa y arroces exquisitos
Casas encaladas, una iglesia de cúpulas azules y un litoral de aguas cristalinas convierten a este pueblo en uno de los más fotogénicos del Mediterráneo español.

Parece Grecia, pero está en Alicante y es el pueblo más bonito de la Comunidad Valenciana / Istock / t
No guardes la cámara cuando llegues a este destino, porque no vas a dejar de hacer fotos a cada rincón que encuentres. Con que recorras unos pocos metros del casco antiguo de Altea, entenderás de lo que hablamos: todo el pueblo parece salido de una postal, con sus fachadas blancas, puertas de colores, macetas repletas de buganvillas y el mar Mediterráneo que aparece constantemente al fondo de las calles.

Pueblo de Altea / Istock
Es casi inevitable comparar este rincón de la Costa Blanca con las islas griegas, pero Altea lleva siglos escribiendo una historia propia de tradición marinera, con un valioso patrimonio histórico y una gastronomía que convierte al arroz en uno de sus grandes protagonistas.

Adriana Fernández
Un pueblo blanco en lo alto de la bahía
La mejor manera de descubrir Altea es dejar el coche atrás y perderte por su casco histórico. Las calles ascienden entre viviendas encaladas, pequeñas plazas y miradores desde los que se contempla buena parte de la bahía. En la parte más elevada aparece la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, uno de los edificios más reconocibles de toda la Costa Blanca gracias a sus dos cúpulas cubiertas con tejas cerámicas azules y blancas. La iglesia fue construida a comienzos del siglo XX sobre el solar de un templo anterior y su silueta es sin duda el gran símbolo de la localidad. Seguro que has visto su imagen antes, porque atrae todos los objetivos.

Altea cuenta con un pintoresco casco histórico y con grandes vistas al Mediterráneo / Istock
Alrededor de la iglesia se concentran pequeñas galerías de arte, talleres artesanos, cafeterías y comercios. Todo en un ambiente de lo más tranquilo incluso durante los meses de temporada alta.
Eso sí, la tranquilidad no quita que no sea recomendable reservar mesa en el restaurante que tengas fichado, porque ahí es donde más puedes notar la popularidad del lugar. La cocina constituye otra de las razones por las que muchos viajeros regresan una y otra vez a Altea. Y, como ocurre en buena parte de la costa alicantina, el arroz ocupa un lugar central en la gastronomía local y es el que mejor representa la esencia del Mediterráneo. Las especialidades más habituales son el riquísimo arroz a banda, elaborado con caldo de pescado; el arroz del senyoret, donde todo el marisco llega limpio y preparado para comer; o diferentes versiones cocinadas con productos de temporada.
Playas de aguas transparentes
Aunque muchos llegan atraídos por la belleza del casco antiguo, el mar siempre gana y acaba ocupando también un papel protagonista. El litoral de Altea cuenta tanto con playas amplias de cantos rodados como con pequeñas calas donde el agua tiene esas tonalidades turquesas tan intensas gracias a la limpieza del fondo marino.

Altea, Alicante / Istock / TONO BALAGUER
La playa de la Roda es la más céntrica (es la que discurre junto al paseo marítimo), mientras que el entorno de la playa de Cap Negret es más amplio y está dominado por la característica Sierra de Bèrnia. Hacia el norte puedes descubrir otros rincones como la playa de l'Olla, conocida por sus aguas tranquilas y por albergar cada verano el espectáculo pirotécnico sobre el mar del Castell de l'Olla, uno de los eventos más singulares del calendario festivo valenciano que se celebra este año el 8 de agosto.
Muy cerca del centro encontrarás también el Parque Natural de la Serra Gelada, un espacio protegido que puede recorrerse a pie o en barco y que alberga algunos de los acantilados más elevados del litoral mediterráneo español.
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