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El pueblo gallego con el secreto de la tortilla más famosa del mundo: antigua capital del Reino y Conjunto Histórico-Artístico, dicen que sus platos son "oro líquido para el paladar"

Difícil elegir entre sus iglesias del siglo XIV y sus espectaculares tortillas: este rincón medieval del norte ha traspasado fronteras con sus encantos.

El pueblo medieval de Galicia que fue declarado Conjunto Histórico-Artístico y que tiene la receta más peculiar del plato tradicional de tortilla de patata

El pueblo medieval de Galicia que fue declarado Conjunto Histórico-Artístico y que tiene la receta más peculiar del plato tradicional de tortilla de patata / Istock / Lux Blue

Existe un lugar privilegiado en el mapa gallego que permite revivir aquellos días en la Baja Edad Media: calles empedradas, soportales de piedra, balcones de hiello, antiguas puertas de muralla y un paisaje que parece salido de un decorado del siglo XIV. Situada a apenas 17 kilómetros de A Coruña, esta ciudad resulta tan accesible como sugerente: en menos de media hora, ya sea en coche o en tren, el viajero puede pasar del ajetreo urbano a un escenario de historia.

Encaramada sobre una colina que se adentra como una lengua de tierra entre los ríos Mandeo y Mendo, el casco histórico de esta ciudad ha sido reconocido como Conjunto Histórico-Artístico, puesto que conserva una densidad patrimonial que sorprende incluso a quienes creen conocer bien Galicia. Aquí no solo vienen amantes de la historia ni apasionados de la época medieval; los propios vecinos de la zona redescubren este lugar como si fuera único.

El pueblo donde mejor se come de Galicia es todavía un desconocido: marisco, hórreos frente al mar y un litoral salpicado de leyendas

Adriana Fernández

Los orígenes de Betanzos se remontan a tiempos remotos: fue durante la época romana cuando quedó documentada como Flavium Brigantium. Sin embargo, su configuración actual comenzó en el siglo XIII, cuando Alfonso IX decidió trasladar la población al emplazamiento que hoy ocupa, sobre el antiguo castro de Untia, buscando una mejor defensa frente a incursiones vikingas. A partir de entonces, la villa fue creciendo bajo la influencia de linajes poderosos como la familia Andrade, cuyo legado aún se percibe en el carácter gótico de muchos de sus edificios.

Betanzos desde el río Mondeo

Betanzos desde el río Mondeo / Istock / Sergi Formoso

El patrimonio medieval de la 'Ciudad de los Caballeros'

Entre sus legados, sobresale la iglesia de San Francisco, uno de los ejemplos más notables del gótico mendicante en Galicia. En su interior se encuentra el sepulcro del propio Andrade, sostenido por las figuras de un oso y un jabalí, se convierte en una de las piezas más singulares de la escultura funeraria medieval en España. A este templo se suman Santa María do Azogue y la iglesia de Santiago. Entre los vestigios más antiguos destacan los restos de la muralla medieval, de la que aún se conservan puertas como la de Ponte Vella o la del Cristo, accesos que durante siglos fueron la entrada a la ciudad.

La Iglesia de San Francisco de Betanzos

La Iglesia de San Francisco de Betanzos / Istock / percds

Aun así, Betanzos no vive únicamente de su pasado medieval. A finales del siglo XIX, los hermanos García Naveira impulsaron uno de los espacios más insólitos de Galicia: el Parque del Pasatiempo, un jardín enciclopédico que anticipó la idea de parque temático y que aún hoy conserva su aire excéntrico. Mientras tanto, sus alrededores ofrecen acceso a paisajes protegidos como la Reserva de la Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo o el cercano Parque Natural de As Fragas do Eume.

Qué será lo que tiene la tortilla de Betanzos: su seña de identidad

Hay un motivo por el que Betanzos ha cruzado fronteras: su tortilla. La versión local es inconfundible, ligera, dorada por fuera y casi líquida en su interior. Elaborada con pocos ingredientes (patata gallega, huevos camperos, aceite de oliva y sal) se cocina con precisión para lograr ese equilibrio delicado que la ha convertido en un referente gastronómico en todo el mundo. Probarla en alguna de sus tabernas es casi un ritual imprescindible.

La teoría más aceptada sobre su origen lleva hasta Angelita Rivera, propietaria del restaurante La Casilla. Ella empezó a servirla alrededor del 1910. La receta, heredada de su madre y su abuela, se popularizó con una rapidez inesperada que a día de hoy conserva su tradición. Publicaciones como Le Monde han llegado a dedicar reportajes a este maravilloso plato.