El pueblo de Galicia donde el mar choca con los hórreos: una imagen icónica en un lugar declarado Conjunto Histórico-Artístico
El mar, la magia y las leyendas se unen en este pueblito costero que atrae cada año a miles de viajeros que salen totalmente embrujados por su belleza.

Cada vez más sonado entre los destinos preferidos para una escapada en pareja o en familia, este escondite a orillas de la ría de Pontevedra guarda historia, identidad y pureza. Este lugar que llama la atención de extranjeros, españoles e incluso los propios vecinos de otros pueblos cercanos. De lo que no cabe ninguna duda es de que este pueblo es la prueba que confirma que el norte esconde tesoros que merecen la pena visitar sin necesidad de cruzar océanos.

Perteneciente a la provincia de Pontevedra, una tierra moldeada por rías profundas, la mayor virtud de este enclave embrujado es haber sabido preservar su fisonomía tradicional. Basta con un paseo por sus callejuelas empedradas para comprender que el urbanismo aquí no responde a modas, sino a siglos de adaptación a la vida costera, al mar. Las casas de granito, con balcones de madera y macetas rebosantes de flores, forman una escena que muy pocos se quieren perder.
¿Te haces una idea? Sí, hablamos de Combarro, un escenario donde se cruzan mitos y cotidianidad, donde los hórreos dialogan con el mar y donde las meigas, reales o inventadas, parecen seguir protegiendo a los apenas 1.500 vecinos que custodian su encanto con mimo.

Un pueblo custodiado por los hórreos y las meigas
Combarro es uno de los pueblos más emblemáticos del norte, declarado Conjunto Histórico-Artístico por la singularidad de su casco antiguo. Su imagen más icónica es la de los hórreos alineados junto al mar, una estampa única donde estos graneros tradicionales parecen casi emerger del agua. Más de una treintena se concentran en apenas unos metros, convirtiéndose en una icónica escena, motivo que atrae a viajeros de cualquier parte.

La plaza da Chousa es otra de las delicias del recorrido por su casco histórico. No menos atractiva resulta la iglesia parroquial de San Roque, del siglo XVIII. Muy cerca, el Monasterio de Poio completa la visita. Pero no sin olvidarnos de lo que cuentan sus leyendas: la presencia de las meigas se siente en cada rincón. Los símbolos grabados en las puertas, las cruces de piedra que se alzan en las plazas y los amuletos colgados en ventanas recuerdan un pasado en el que superstición y fe convivían con sus vecinos.

¡Y hay más! La experiencia se completa en las tabernas que sirven pulpo á feira, mejillones recién recogidos y empanadas gallegas con vistas directas a la ría. Comer aquí es un encuentro con los cinco sentidos sentados a la mesa. En definitiva, a apenas quince minutos de Pontevedra, Combarro es un lugar de encuentro con la historia de un pequeño pueblo pesquero que todavía respira la magia de sus visitantes.
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