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El pueblo español que enamoró a Sorolla y que dejó escrito en una carta a su mujer: "Este es el sitio que soñé siempre, mar y montaña, pero ¡qué mar!", y ese lugar sigue teniendo el agua más pintada de España

El pintor Joaquín Sorolla, de origen valenciano, se enamoró de la costa, el agua transparente y las gentes de este pueblo alicantino.

El pueblo que enamoró a Sorolla es el que está más al este de la Península Ibérica

El pueblo que enamoró a Sorolla es el que está más al este de la Península Ibérica / Istock

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"Esto tiene lo que yo deseo y más, y si tú vieras lo que yo tengo delante de mi casita, no encontrarías palabras para enaltecerlo, yo enmudezco de la emoción que aún me domina", comenzaba escribiendo el pintor Joaquín Sorolla en una carta que envió a su mujer Clotilde en octubre de 1896. Llevaba muy poco tiempo instalado en Jávea, Alicante, pero ya había quedado anonadado con lo poco que había visto. Fue buscando inspiración, y vaya si la encontró.

Tiene una de las costas más bonitas de España-

Tiene una de las costas más bonitas de España- / Istock / Angel Lozano

Originario de Valencia, el artista afirmó que ellos, los valencianos, "no podemos tener idea justa de esta grandiosa naturaleza". Jávea es un auténtico paraíso, un lugar de contrastes, como él mismo definió: "Este es el sitio que soñé siempre, mar y montaña, pero ¡qué mar!". Era la primera vez que se quedaba unos días allí y, en una semana, realizó cinco pinturas con temática de paisaje y estudios para sus paneles. Aquello le producía "el mismo efecto que si viviera dentro del mar".

El pueblo más bonito de Alicante está repleto de cuevas que con un museo al aire libre: ni Guadalest, ni Altea

Adriana Fernández

El litoral que enamoró a Sorolla

Después volvería en 1898, en 1900, en 1905 y en 1919, pintando en total 136 obras y más de 200 dibujos, destacando sus famosos cuadros de nadadores y rocas. Sorolla era el maestro de la luz, la reflejaba como nadie, y en las aguas de las playas de Jávea encontró la gran inspiración que necesitaba. Los pintó en diferentes localizaciones, como el puerto, la Caleta del Racó, el cabo de San Antonio, la cala Tangó, la Grava, el Montañar, el Arenal o el Portitxol.

El paseo marítimo de Jávea

El paseo marítimo de Jávea / Istock / Marc Venema

Del cabo de San Antonio escribió que "es otra maravilla, un monumento de color rojizo enorme inmenso, y un color en las aguas de una limpieza y un verde brillante, puro, una esmeralda colosal, y enfadado creo sea el acabose". Es normal que así lo sintiera, pues es uno de los lugares más impresionantes de la ciudad. Es el punto más al este de la Península Ibérica, con una extensión de unas 110 hectáreas y acantilados que se elevan más de 150 metros sobre el mar.

El cabo de San Antonio en Jávea

El cabo de San Antonio en Jávea / Istock / TONO BALAGUER

A sus pies está la Reserva Marina de San Antonio, así como otras microrreservas de flora. Además, se encuentra al final del Parque Natural del Montgó, con una microrreserva vegetal en su acantilado norte y otra en el Islote de la Mona, a los pies del cabo. Este pequeño islote ocupa menos de 700 metros cuadrados y solo alcanza los 15 metros de altura, sin embargo, es uno de los refugios con mayor densidad de especies raras y endémicas de toda la red de microrreservas.

El casco antiguo de Jávea

Son muchos los rincones que destacan en Jávea, tanto costeros como de interior. Del casco antiguo, Sorolla señaló la iglesia gótica de San Bartolomé, para él "mejor que la Catedral" y "digna de estudiarse". Su torre campanario, erigido entre los siglos XIV y XVI, fue diseñada a modo de vigía contra los piratas. En sus propias palabras, "el pueblo recuerda, con mejor color, cosas de Toledo, y tiene un conjunto del aspecto de estar viviendo en pleno siglo XVII".

La iglesia gótica de San Bartolomé en Jávea

La iglesia gótica de San Bartolomé en Jávea / Istock / Susana del Pozo

El casco histórico de Jávea es efectivamente como viajar al Medievo, paseando entre las murallas que funcionaron como defensa ante los ataques piratas y grandes edificios históricos de gran valor arquitectónico. Todo entre calles adoquinadas con casitas blancas, palacetes y monumentos seculares. Además del mercado de abastos y el Ayuntamiento del siglo XVIII, edificado sobre un antiguo cementerio medieval. Un casco antiguo que realmente sorprende.

Casitas blancas del casco histórico de Jávea

Casitas blancas del casco histórico de Jávea / Istock / TONO BALAGUER

El lugar donde se alojó en aquella primera visita fue en la zona del puerto, en lugar de en el propio pueblo, donde antiguamente había una serie de casas viejas de pescadores y un muelle. Aunque no se sabe a ciencia cierta, posiblemente estuvo en una casa sobre un talud entre la calle de Pescadores y la de La Caleta, desde cuya ventana contemplaba la bahía de Jávea, el cabo de San Martín y el de San Antonio. Unas vistas de las que es imposible no quedar prendado.