El pueblo de España que parece sacado de una película: tiene castillo, puente medieval y un centro histórico precioso
Es desconocido para muchos, pero la belleza de este pueblo aragonés habla por sí sola.

No todo lo que vemos en las películas es ficticio. Según dicen, todo lo que un ser humano es capaz de imaginar ya lo ha visto antes en algún sitio. Así que es perfectamente normal que haya lugares repartidos por el mundo que nos hagan sentir como en una película. Muchos pueblos españoles de origen medieval tienen esta esencia cinematográfica que los convierten en destinos únicos.
En Aragón, concretamente en la comarca turolense de Matarraña, nos encontramos con un pueblo medieval que verdaderamente parece haber sido escenario de un cuento o una película de caballeros y princesas, nobles y mendigos. Las calles de Valderrobres, tras el Puente de Piedra, recuerdan todavía aquella época oscura que dejó vestigios tan atractivos como los que vemos hoy.
Una puerta de entrada impresionante
No más de 2.500 almas habitan este precioso lugar flanqueado por un gran puente medieval que ofrece una panorámica espectacular de las viviendas de piedra y madera que parecen flotar sobre el río Matarraña. El puente, también de piedra, conduce hasta el Portal de San Roque, a través del cual se accede al pueblo propiamente dicho y a todo su entramado de callejuelas, casas y monumentos.

La bienvenida ya es majestuosa, pero su encanto aumenta más aún cuando alcanzamos a contemplar la puerta de cerca. Su fachada almenada da testimonio de un pasado en el que Valderrobres quedaba protegido por una muralla ante posibles invasores. A sus lados, además, se erigen dos leones que fueron extraídos del castillo obispal y que hacen las veces de guardianes del pueblo.

Desde el siglo XIV, después de que se estableciera que la jurisdicción de Valderrobres pertenecía a la institución eclesiástica, los obispos de Zaragoza utilizaron este destino como residencia vacacional. Por lo que los leones, además de servir como protectores, también eran una manera de dejar claro que aquel era territorio episcopal desde que se finalizó la Reconquista en el siglo XII.
El centro histórico tras el puente
Después de atravesar el portal, nos topamos con un casco antiguo como pocos. La Casa Consistorial, en la pequeña Plaza de España, rompe con los esquemas, pues se construyó en el siglo XV, en la época de mayor auge del poblado. Las callejuelas van apareciendo ante nuestros ojos, estrechas y sinuosas, siempre empedradas y coronadas por preciosas y antiguas viviendas.

Entre ellas hallamos El Palau, un edificio del siglo XV que sirvió para recaudar impuestos y como hospital y que hoy es un centro cultural. Algo más adelante se alza el Torreón de Valentinent, reconvertido en casa; y al otro lado el Portal de Bergós, un vestigio de cómo era la entrada a la Valderrobres en sus orígenes como villa. Aunque lo que más destaca son otros monumentos.

La iglesia de Santa María la Mayor y el castillo de Valderrobres se muestran en una suerte de conjunto monumental absolutamente impresionante. Sus dimensiones son magníficas en todos los sentidos. La iglesia cuenta con una característica muy peculiar: es un templo con una sola nave, un tipo de construcción común en el norte de Europa pero no en la España de aquella época.

Finalmente encontramos el castillo-palacio del siglo XII, donde pasaban largas temporadas los obispos zaragozanos. Es posible visitar su interior y conocer partes como la Sala de los Leones, la Sala de las Cortes o la Cámara Dorada, desde donde se observan las mejores vistas del pueblo. Como colofón, en su entorno está la Acrópolis del Matarraña, un yacimiento de lo más curioso.
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