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El pueblo donde mejor se come de España está en Alicante: es el paraíso para los que buscan "manjares del campo y el mar" y es una villa juguetera

Un paraje rodeado de cultura, tradición y gastronomía exquisita lejos de las grandes urbes.

Los espectaculares bosques de encinas en el otoño de la comarca de l'Alcoià

Los espectaculares bosques de encinas en el otoño de la comarca de l'Alcoià / Istock

En España tenemos infinitud de maneras de referirnos a las cosas de toda la vida.  

Quién no ha tenido un “tira y afloja” o ha hecho las cosas “sin ton ni son”. Por eso el chef ibense Ricardo Moltó, que no da puntada sin hilo, no se dio por vencido al tener que poner freno a su antiguo “Restaurante Ricardo”, un proyecto familiar heredado que no iba a dar por perdido. 

El pueblo más bonito de Alicante está repleto de cuevas que con un museo al aire libre: ni Guadalest, ni Altea

Adriana Fernández

Gracias a su insistencia testaruda, el cocinero, que ya fue jefe de cocina de un sol en la Guía Repsol -el restaurante Monastrell-, vio nacer, una decada más tarde, su ansiado “Erre que Erre”, una propuesta gastronómica que este 2026 ha recibido una placa Michelin, y un Sol Repsol en la guía. 

ErrequeErre Restaurante

ErrequeErre Restaurante / Josep Perelló

Un restaurante escondido en el interior de Alicante

A los pies del monte Teixereta, entre los cerros de San Miguel y Santa Lucía, se enclava la ciudad de Ibi, municipio principal del valle alicantino de Foia de Castalla, en la comarca de l'Alcoià.  

Rodeada de los Parque Naturales del Carrascal de la Fuente Roja y la Sierra de Biscoi, esta localidad de interior a 27 kilómetros de Alicante es conocida por su industria esencialmente manufacturera, desde la historia juguetera hasta la artesanía heladera, pero si algo la hace inolvidable es su propuesta gastronómica. 

Ibi, Alicante

Ibi, Alicante / © Turismo Ibi

Con un menú degustación de alrededor de 70 euros, en Erre que Erre tendrás a un bocado manjares como la croqueta de “aladroc”, su ostra escalfada con granizado y caviar de cereza, o el “sagí”, manteca de cerdo aliñada con el aceite del pimiento de pericana e infusionado con tomillo y romero, una delicia irresistible que untar en el pan de pasas y nueces que acompaña al plato. 

Para los puristas de Moltó, el cocinero mantiene en carta su entrante estrella, original del Ricardo (como las sillas), la pericana de pimiento seco con aceite de oliva y bacalao desmigado; y para quienes buscan tradición, arraigo y respeto al producto, tranquilos, la gran mayoría de productos son locales y de temporada, de manera que siempre trabajan “con lo que les da el campo y el mar”

Erre que Erre, Ibi

Erre que Erre, Ibi / Josep Perelló

Qué hacer en Ibi: juguetes, reyes magos, moros y cristianos

Si algo define esta localidad es su diversidad de intereses, desde el Museo Valenciano del Juguete hasta el del Arcade Vintage, pasando por el Monumento del Centenario del Juguete, el más reciente de los tres, en honor a todos aquellos que hicieron realidad los sueños de quienes, después, los disfrutaron. 

Monument dels Geladors

Monument dels Geladors / © Turismo Ibi

En esta línea, no puedes perderte el Monumento de los Reyes Magos, el primero y único de Europa debido a la relación directa entre estos y la industria local ibicense. 

Recorre los cerros que delimitan esta curiosa localidad hasta la Ermita de Sta. Lucía, con restos del siglo X; la Ermita de San Miguel, lugar de romería y original del siglo XVIII; y la propia de San Pascual, bautizada por el paraje en que se encuentra. 

Los participantes de la batalla de harina de Ibi se sientan a la mesa para negociar el final

Los participantes de la batalla de harina de Ibi se sientan a la mesa para negociar el final / Istock / gustavomunoz

Y si quieres vivir una auténtica batalla, guarda el mes de septiembre, donde pasados nueve días desde el primer miércoles del mes, celebran las fiestas de Moros y Cristianos, vistiendo la ciudad y a sus habitantes como auténticos protagonistas, en una recreación al aire libre de la reconquista cristiana del pueblo, previa llegada de la conquista mora; o espera al Día de los Inocentes, donde vecinos y visitantes se enzarzan en una guerra de harina y huevos podridos hasta llegar a consenso.