El pueblo escondido de Andalucía donde nacieron dos de los tres emperadores romanos de España: tiene el anfiteatro más grande del país, termas llenas de historia y la famosa Casa de los Pájaros
El imperio romano dejó tras de sí en la Península Ibérica construcciones y tradiciones que nunca se olvidarán.

Han sido muchas las civilizaciones que han pasado por la Península Ibérica hasta convertirse en lo que conocemos hoy. Desde los pueblos prerromanos como íberos, celtas o tartesios, hasta los musulmanes que crearon Al-Ándalus, pasando por los colonizadores mediterráneos como fenicios y cartagineses, los romanos o los visigodos.
Todas ellas dejaron una huella imborrable, más o menos visible con el paso de los años. Pero si hay un pueblo que debe destacarse por todo su legado es el romano -sin menospreciar al resto, por supuesto-. El imperio Romano se expandió desde el océano Atlántico hasta las orillas del mar Caspio y Rojo, y desde el desierto del Sáhara hasta las orillas de los ríos Rin y Danubio.
La cuna de los emperadores Trajano y Adriano
Entre medias de todo aquello, estaba Hispania, un territorio muy importante para ellos por su ubicación estratégica y riqueza en diversos sentidos. De hecho, aquí fue donde se fundó la primera ciudad fuera de la Península Itálica: la actual Santiponce, en Sevilla, conocida como Itálica. Y no fue solo eso, sino que se convirtió en el lugar de nacimiento de los emperadores Trajano y Adriano.

Este territorio estaba ocupado desde el siglo IV a.C. por los turdetanos. Cuando llegaron los romanos, pasó de urbe a municipio, después colonia y por último metrópoli, creciendo hasta el ocaso de la dinastía de los Ulpios y los Aelios. Además de aquellos emperadores, dos de los tres que nacieron en la antigua Hispania -el tercero era Teodosio I, nacido en Segovia-, también fue cuna de la mayoría de senadores de aquella época.
Itálica desde el teatro hasta la Casa de los Pájaros
El crecimiento de Itálica o Santiponce fue muy progresivo y eso permitió que se fueran levantando numerosas construcciones con el paso del tiempo. En tiempos de Augusto, por ejemplo, se erigió el teatro con capacidad para tres mil espectadores y el anfiteatro con uno de los mayores aforos de todo el Imperio. O ya en época de Adriano, cuando se llevó a cabo una importante expansión de la ciudad.

Varios edificios públicos, casas e infraestructuras acabaron colapsando, pero todavía se conserva una parte generosa en el yacimiento de Itálica que permite hacernos una idea de lo que un día fue. Se puede pasear por el trazado de sus calles, ver los cimientos de sus casas, algunos objetos, el anfiteatro, y más concretamente, la Casa de los Pájaros y la Casa del Planetario con sus mosaicos, las termas, el Edificio de la Exedra o el de Neptuno y el Traianeum.

La Casa de los Pájaros alberga uno de los mosaicos más singulares y espectaculares de la Hispania romana. Se trata de la representación más completa y variada de aves en el mundo romano, y data del siglo II d.C.. En él se pueden observar 33 representaciones de aves con motivos geométricos y vegetales. Incluye cisnes, palomas, aves rapaces, pájaros cantores, aves acuáticas... plasmados con una anatomía casi perfecta.
Santiponce más allá del yacimiento romano
Santiponce es hoy el símbolo de Roma en Hispania, aunque no muchos conocen su relavancia. El antiguo pueblo se ubicaba a orillas del Guadalquivir, pero cuando quedó sepultado por las riadas en el siglo XVII, los monjes del monasterio de San Isidoro del Campo les otorgaron unas tierras más altas y crearon lo que se conoce como nuevo Santiponce, sobre las ruinas de la ciudad romana Itálica.

Si bien el Conjunto Arqueológico de Itálica es el mayor atractivo del pueblo, también existen otros muchos, comenzando por el monasterio, que es el convento cisterciense más al sur de Europa y el primer monumento de la provincia de Sevilla en ser declarado Conjunto Histórico-Artístico. También deberían añadirse a la ruta el Museo Municipal Fernando Marmolejo y el Teatro Romano de Augusto.
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