El pueblo entero de Zamora que se vendió por el precio de un piso: 44 viviendas, una iglesia, un antiguo cuartel de la Guardia Civil y dos piscinas
Detrás de aquella venta había mucho más que un precio llamativo: un antiguo poblado levantado junto a una presa en uno de los paisajes más espectaculares del oeste peninsular.

La sorprendente historia del pueblo que se vendió por el precio de un piso / Wikimedia Commons / Balles2601
Un pueblo entero por el precio de un piso parecía una broma cuando salto la noticia en 2022. Pero Salto de Castro existía de verdad. En plena provincia de Zamora, muy cerca de la frontera con Portugal, salía al mercado un antiguo poblado con 44 viviendas, una iglesia, un antiguo cuartel de la Guardia Civil, un bar y dos piscinas por unos 260.000 euros, una cantidad similar a la que cuesta un piso en muchas ciudades españolas.
Durante semanas, periódicos y televisiones de medio mundo hablaron de aquella venta insólita. Sin embargo, el verdadero interés de Salto de Castro no estaba en la cifra que aparecía en los titulares. Lo llamativo era descubrir por qué aquel pueblo había llegado a construirse en un lugar tan aislado y había acabado quedándose sin vecinos.

Una de las provincias que más secretos esconde: por su belleza, por sus rincones mágicos y por ser la sede de algunos de los parajes más bellos de España. /
Un pueblo construido para levantar una presa
Salto de Castro nació a mediados del siglo XX, cuando la construcción de grandes infraestructuras hidroeléctricas obligaba a desplazar durante años a centenares de trabajadores. En lugar de levantar campamentos provisionales, las compañías eléctricas optaban por crear auténticos pueblos donde pudieran instalarse los empleados junto a sus familias.
Así ocurrió en este rincón de Zamora. Poco a poco fueron apareciendo las viviendas, la iglesia, el cuartel de la Guardia Civil, el bar y los espacios destinados al ocio. En verano, las piscinas se llenaban de niños mientras los trabajadores terminaban la jornada en la central. El pueblo tenía todo lo necesario para funcionar por su cuenta en un territorio donde los núcleos habitados quedaban muy lejos.

Capilla de Salto de Castro / Wikimedia Commons / Ramajero
La actividad se mantuvo durante décadas, pero el avance tecnológico cambió por completo la situación, ya que las centrales necesitaron cada vez menos personal permanente y muchas familias fueron marchándose. Las persianas empezaron a bajar una tras otra hasta que Salto de Castro terminó prácticamente vacío. Y aunque quedase abandonado, es fácil imaginar cómo era la vida allí, pues casi todos los edificios siguen en pie y parece que la gente acabase de irse.
De un pueblo olvidado a un fenómeno internacional
La noticia de la venta dio la vuelta al mundo por una razón muy sencilla: pocas veces aparece la oportunidad de comprar un pueblo entero. El precio inicial de unos 260.000 euros despertó el interés de compradores de distintos países porque, a día de hoy, por esa cantidad se puede comprar como mucho un piso de tamaño medio en algunas ciudades de nuestro país.
Finalmente, el poblado fue adquirido por 310.000 euros a principios de 2025 por un empresario estadounidense con la intención de impulsar un proyecto turístico que permitiera recuperar parte de las viviendas y devolver actividad a un lugar que llevaba años sin vecinos. Junto a su esposa, fueron las primeras personas en empadronarse en la localidad en los últimos 20 años.
Pese a la compra, el futuro de Salto de Castro todavía está por escribirse, ya que una rehabilitación de estas dimensiones exige mucho tiempo e inversión. Eso sí, la operación consiguió algo que parecía imposible unos años antes: poner de nuevo este pequeño rincón de Zamora en el mapa.
Uno de los paisajes más espectaculares de Zamora

El poblado se encuentra dentro del entorno de los Arribes del Duero / Wikimedia Commons / Antramir
Cuando Salto de Castro salió al mercado, muchos descubrieron por primera vez dónde estaba situado. El poblado se encuentra dentro del entorno de los Arribes del Duero, donde el río ha excavado profundos cañones que marcan la frontera entre España y Portugal. Las carreteras que llegan hasta aquí atraviesan un paisaje de dehesas, barrancos y miradores desde los que el Duero aparece cientos de metros más abajo. Probablemente no sea el escenario que imaginas cuando piensas en Castilla y León, y es por eso que es aún más sorprendente.
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