El pueblo declarado Bien de Interés Cultural que llaman "las Dolomitas gallegas": una joya de tejados de pizarra en un paraíso natural
La aldea de Seceda, en el corazón de la Serra do Courel (Lugo), conserva su arquitectura tradicional casi intacta desde el siglo XIX

Un pueblo capaz de transportarte a esta imagen, en los Dolomitas. / Istock
Mientras el litoral gallego vive su temporada alta de sombrillas y toallas, hay un rincón del interior de Lugo que empieza a llenarse por motivos completamente distintos: caminantes, fotógrafos y curiosos que buscan un paisaje capaz de rivalizar, en nombre y en imponencia, con los Alpes italianos. Se trata de Seceda, una aldea diminuta encajada en la Serra do Courel que comparte apellido con uno de los picos más fotografiados de las Dolomitas, y que desde hace unos años se ha ganado a pulso el sobrenombre de "las Dolomitas gallegas".

Vista panorámica del paisaje de la Serra de Courel / Istock
La coincidencia del nombre es solo el anzuelo. Lo que sostiene la comparación es lo que uno encuentra al llegar: un puñado de casas de piedra con tejados de pizarra dispuestas en calles empinadas, tal y como se levantaron en la primera mitad del siglo XIX, sin apenas alteraciones desde entonces. Oficialmente San Silvestre de Seceda, esta parroquia del municipio de Folgoso do Courel fue declarada Bien de Interés Cultural en 1997, un reconocimiento que blindó su fisonomía justo cuando el despoblamiento amenazaba con borrarla del mapa.

Adriana Fernández
De ruta del mineral a Bien de Interés Cultural
Antes de convertirse en destino de senderistas, Seceda fue una encrucijada de trabajo. Durante décadas, sus calles vieron pasar los carros cargados de mineral que descendían hacia la ferrería de A Lousadela, a orillas del río Lóuzara, convirtiendo a la parroquia en una de las más activas de todo O Courel. El origen del asentamiento, sin embargo, se remonta más atrás: se atribuye a los antiguos pobladores del Castro de A Torre, un poblado fortificado habitado entre los siglos II y IV de nuestra era que hoy puede visitarse a poca distancia del núcleo.

Estructura tradicional de piedra Albariza cerca de Seceda en la Serra do Courel / Istock
El aislamiento que siglos después empujó a buena parte de sus vecinos hacia las ciudades tuvo, paradójicamente, un efecto conservador: al dejar de construirse vivienda nueva, el conjunto quedó congelado en el aspecto que tenía hace casi dos siglos. Esa autenticidad accidental es la que llevó a la Xunta de Galicia a proteger Seceda como Bien de Interés Cultural, con la categoría de lugar de interés etnográfico, reconociendo el excelente estado de conservación de su arquitectura popular. Desde entonces, la aldea ha sido objeto de un proceso de restauración que ha recuperado fachadas, cubiertas, escaleras y calles sin traicionar el trazado original.

San Silvestre de Seceda / Wikicommons
Presidiendo el conjunto desde un altozano se levanta la iglesia de San Silvestre, del siglo XVIII, que conserva imágenes del santo titular, de San Blas y de Santiago Peregrino, un detalle que conecta a esta aldea de montaña con las rutas jacobeas que atraviesan la provincia de Lugo. Su presencia, discreta pero firme, corona un pueblo que parece haberse detenido en el tiempo mucho antes de que nadie pensara en compararlo con los Alpes.
Un balcón natural sobre la Serra do Courel
Lo que rodea a Seceda pesa tanto como lo que hay dentro de ella. La aldea se asienta en plena Serra do Courel, una de las sierras gallegas de mayor valor botánico, integrada en la Reserva de la Biosfera Ribeira Sacra e Serras do Oribio e Courel. Aquí crece la Devesa da Rogueira, uno de los bosques mejor conservados de toda Galicia, con rutas de senderismo señalizadas que permiten adentrarse en un ecosistema de robles y acebos centenarios. A pocos kilómetros, el Pozo das Mulas ofrece un remanso sobre el curso del río Lor, y el municipio esconde además la Sima de Aradelas, en Campelo, la cavidad más profunda de toda Galicia.

Serra do Courel / Istock
Llegar hasta aquí exige asumir carretera de montaña, pero no complicación excesiva. Desde Lugo o desde Ourense, el acceso natural es la LU-651, que atraviesa el municipio de Folgoso do Courel de norte a sur. Desde la propia capital municipal, Folgoso, se toma la carretera en dirección a Seoane y, cerca del kilómetro 30, se gira en el desvío señalizado hacia Sobredo/Seceda. El trayecto final se hace ya casi en solitario, con la sierra cerrándose a ambos lados.
Para reponer fuerzas después de callejear entre corredores de piedra, la referencia gastronómica de la zona es el restaurante Anduriña, en Seoane do Courel, con más de veinte años sirviendo cocina tradicional gallega: cocido, cordero asado, pollo guisado y tarta de castañas, que resumen bien el recetario de montaña de O Courel. El local dispone también de opciones para celíacos, un detalle de hospitalidad poco frecuente en establecimientos tan alejados de los circuitos habituales.

Seceda en la Serra de O Courel. / Wikicommons
Quien recorra estas calles en verano encontrará algo que las postales de las auténticas Dolomitas no ofrecen: silencio, temperaturas suaves y la sensación de haber descubierto un lugar que nadie más ha señalado todavía en el mapa. Es precisamente esa combinación —patrimonio protegido, naturaleza intacta y ausencia casi total de masificación— la que explica por qué Seceda ha empezado a circular entre quienes buscan alternativas al turismo de costa.
Seceda no necesita parecerse a nada para justificar el viaje. Lo hace por derecho propio: por sus corredores de piedra que unen tejados de pizarra, por un castro que la precede en más de mil quinientos años y por una sierra que la protege tanto como ella protege su memoria.
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