Ni Cadaqués ni Tossa de Mar: el bonito pueblo de la Costa Brava es todavía un auténtico desconocido

Pintorescas casitas salpican este rincón oculto.

Te enemorarás de este ricón pesquero en cuanto llegues
Te enemorarás de este ricón pesquero en cuanto llegues / Istock / pkazmierczak

Uno de los destinos más populares, tanto por turistas extranjeros como por los propios españoles, es la Costa Brava. Localidades como Tossa de Mar o Lloret de Mar ocupan los primeros puestos en las guías turísticas y se masifican en temporada alta. Pero aún quedan sitios a los que no han llegado las olas de turistas tan frecuentes en la zona. Es difícil, pero aún hay localidades en la costa española en los que reina la tranquilidad.

Redacción Viajar

El nombre de Tamariu proviene de una especie de árbol muy abundante en la zona: el árbol tamarindo. No llega a los 300 habitantes, pero los residentes de este pueblito de Gerona se encargan cada día de mantener la esencia tradicional. Las casas blancas con tejados rojos son demostración de ello, forman una pintoresca imagen que ha sido fruto de visitas de turistas y de artistas que buscaban plasmar su naturaleza.

Su vida siempre ha girado en torno al mar. En su cala principal, antiguamente, se refugiaban los barcos pesqueros. Si lo visitas no encontrarás grandes cadenas hoteleras ni restaurantes lujosos, sino bares o tabernas familiares, donde aún llega cada mañana el pescado fresco. La magia de Tamariu está en su autenticidad, en esa sensación de intimidad y calma tan difícil de encontrar.

Pueblo pesquero de Tamariu

Pueblo pesquero de Tamariu

/ Istock / pkazmierczak

Explora sus rincones

Uno de los mayores tesoros de nuestro protagonista son sus calas. En algunas es posible practicar kayak o esnórquel gracias a empresas locales, que además ponen a disposición visitas guiadas para conocer los lugares más mágicos y recónditos.

La cala más conocida del pueblo es Aigua Xelida, las rocas que la rodean forman un pequeño anfiteatro natural; el agua es tan transparente que te verás rodeado de peces sin esfuerzo. Es sorprendente que, a pesar de su belleza, no suele estar tan concurrida como otras de la Costa Brava. Otra cala conocida es la Cala dels Lliris, el espacio es más reducido, ideal para pequeños grupos. La más salvaje es Cala Pedrosa, con piedras lisas en lugar de arena. Se puede llegar a pie a través del camí de ronda, las aguas turquesas rodeadas de rocas y entorno natural hacen de ella un lugar perfecto para desconectar.

Bahía de Aiga Xélida

Bahía de Aiga Xélida

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Hogar de antiguas civilizaciones

A solo media hora en coche, se encuentran las ruinas del poblado ibérico de Puig de Castellet. Este recinto fortificado está en una colina a unos 200 metros de altura. Este lugar tuvo una vida aproximada de 50 años durante el siglo III a.C; durante las Guerras Púnicas, cuando Roma y Cartago luchaban por el Mediterráneo occidental. El Puig de Castellet se construyó entre la primera y segunda de estas guerras, aproximadamente en el 250 a.C; tras la segunda guerra fue abandonado definitivamente. Durante estos años fue un enclave de vigilancia sobre el mar para asegurar la defensa de asentamientos cercanos, en concreto del gran poblado de Montbarbat.

Acaba por todo lo alto

Un imprescindible en tu visita a Tamariu es ver el atardecer, en especial desde lo alto. Se ve increíble desde cualquier punto del pueblo, pero lo más recomendado es subir al mirador y faro de Sant Sebastià. Desde aquí se ven unas vistas increíbles de toda la costa mientras el sol se esconde.

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