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El pueblo de calles empedradas y casitas pintadas de cal blanca que es ideal para recorrer a pie en verano: rodeado de pequeñas calas, tiene uno de los paseos más bonitos e idílicos del Mediterráneo

Descubierto a principios del siglo XX, todavía hoy conserva el ambiente marinero y la esencia mediterránea que hacen de él un lugar único.

Cadaqués, un destino para veranear sin prisas a orillas del Mediterráno.

Cadaqués, un destino para veranear sin prisas a orillas del Mediterráno. / Istock

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Para quienes piensan que el verano está para descansar, desconectar y disfrutar, España cuenta con un sinfín de destinos que invitan como ningún otro a veranear sin prisas. Y uno de los más singulares lo hemos encontrado a orillas del Mediterráneo, en la siempre apetecible Costa Brava.

Un sueño de pueblo para veranear sin prisas.

Un sueño de pueblo para veranear sin prisas. / Istock / BB

La historia de Cadaqués es la de un pequeño pueblo de pescadores que, gracias a su aislamiento y a una luz excepcional, acabó convirtiéndose en uno de los grandes refugios artísticos del Mediterráneo. Para conocer sus orígenes hay que remontarse hasta principios del siglo XI, aunque hay testimonios que dicen que la zona estuvo habitada desde mucho antes, en tiempos de íberos y romanos. 

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Adriana Fernández

Eso explicaría el origen del propio nombre, que parece podría derivar de ‘Cap de Quers’, que literalmente significa ‘cabo de rocas’, en clarísima referencia al abrupto paisaje del entorno del propio Cabo de Creus. Cadaqués es su puerta de entrada.

Cadaqués es la puerta de entrada al accidentado Cabo de Creus.

Cadaqués es la puerta de entrada al accidentado Cabo de Creus. / Istock / Iulia Goncharova

Un destino de paz, tranquilidad y rica gastronomía

Y aunque hoy es un destino idílico, lo cierto es que hasta comienzos del siglo XX, Cadaqués seguía siendo un lugar remoto de la península. Todo apunta a que fue la mejora de la carretera que lleva hasta el pueblo desde Roses (hasta esa fecha, un trazado estrechísimo y lleno de curvas) permitió la llegada de los primeros veraneantes, principalmente familias burguesas de Barcelona, Girona y Figueres

Lo que buscaban aquellos primeros y privilegiados visitantes es lo mismo que hoy, más de un siglo después, sigue atrayendo a miles de visitantes cada verano: tranquilidad, paisaje, buena gastronomía y un pueblo prácticamente intacto.

Ha sabido mantenerse al margen de la masificación turística.

Ha sabido mantenerse al margen de la masificación turística. / Istock

El rincón favorito de la clase alta de la época

Puede que el veraneante más famoso fuera el singular Dalí. Su familia pasaba allí los veranos desde que él era niño y es evidente, conociendo su obra, que aquellos paisajes rocosos del Cap de Creus marcaron profundamente su imaginación. Fue a su vuelta de Estados Unidos, en 1948, cuando el pintor fijó su residencia oficial allí, donde vivió y trabajó durante décadas. La Casa-Museo de Salvador Dalí es el mejor testimonio de aquellos años y de su legado. 

La cuestión es que gracias a Dalí, Cadaqués pasó de ser un tranquilo pueblo marinero a convertirse en uno de los grandes centros culturales del Mediterráneo. Su sola presencia atrajo a otros artistas de la talla de Pablo Picasso, Joan Miró, Marcel Duchamp, Federico García Lorca, Truman Capote, Marc Chagall

El refugio favorito de Dalí.

El refugio favorito de Dalí. / Istock

Por qué Cadaqués sigue siendo hoy un sueño de verano

A diferencia de muchos destinos de la Costa Brava, Cadaqués escapó en gran medida de la urbanización masiva de los años sesenta. Su difícil acceso durante décadas y la protección del entorno del Cap de Creus evitaron la construcción de grandes hoteles y bloques de apartamentos.

Es por eso que el pueblo todavía mantiene sus casas encaladas frente al mar, un casco histórico de origen medieval que es perfecto para recorrer a pie. De hecho, sus estrechas calles empedradas, sus escalinatas y sus plazas invitan a caminar sin prisa entre casas blancas con puertas y ventanas azules, buganvillas y pequeños talleres de artistas.

Todavía mantiene sus casas encaladas frente al mar

Todavía mantiene sus casas encaladas frente al mar / Istock / AURELIEN ANTOINE

Además, todo queda cerca. Desde el puerto hasta la iglesia principal apenas hay unos minutos caminando, y eso significa que puedes ir de la playa a una galería de arte o un mirador sin necesidad de utilizar transporte.

El frente marítimo ofrece vistas de la bahía llena de pequeñas embarcaciones pesqueras y de recreo. Y es la puerta del Parque Natural del Cabo de Creus: desde el pueblo parten senderos hacia el parque, donde encontrarás calas de aguas transparentes, acantilados y paisajes rocosos únicos en el Mediterráneo. Sobran los motivos para que siga siendo uno de los pueblos más bonitos y con mayor personalidad de España.